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Europa avanza a dos velocidades en la electrificación alertan los fabricantes

La industria señala precios elevados, red de recarga insuficiente y producción de baterías desequilibrada

Coches eléctricos y sus baterías. ICMM - CSIC Comunicación / PhonlamaiPhoto

Málaga

Europa avanza en la electrificación del parque automovilístico, pero lo hace a dos velocidades y con problemas que los fabricantes describen como estructurales. La adopción de vehículos eléctricos en la Unión Europea ha alcanzado en 2025 el 17,4% de las nuevas matriculaciones, una cifra que ha puesto de relieve el crecimiento, pero también ha evidenciado diferencias entre países. En palabras del analista del sector Pepe Casado, “en 2025 la adopción de vehículos eléctricos se ha alcanzado en el 17,4% de nuevas matriculaciones. No obstante, ese crecimiento es heterogéneo. En el norte y en el centro de Europa han liderado en ventas y en infraestructuras, mientras que otros países del sur nos hemos quedado rezagados”.

Los fabricantes, a través de su informe sectorial, han identificado tres frenos principales. El primero es el precio relativo de los vehículos eléctricos frente a los de combustión. El segundo, la infraestructura de recarga, insuficiente en general y especialmente en áreas rurales. El tercero tiene que ver con la estructura productiva de la propia Unión Europea en baterías, que se ha mostrado desequilibrada y ha encarecido costes. Casado lo resume: “La expansión se ha visto frenada, básicamente, por los altos precios de los vehículos eléctricos frente a los de combustión, por una infraestructura de recarga insuficiente, especialmente en zonas rurales, y por una producción de baterías desequilibrada en la Unión Europea que ha encarecido los costes”.

Esta situación ha coincidido con un contexto global en el que Asia ha acelerado el desarrollo y se ha preparado para lanzar baterías con autonomías superiores a los 1.000 kilómetros. La comparación ha aumentado la presión sobre Europa para acompasar innovación, fabricación e infraestructura. Aun así, la industria ha señalado que no todo se ha reducido a la tecnología. La demanda depende, asegura, de señales claras y de reglas estables. Por eso, Casado insiste en el marco regulatorio: “Hay que mejorar los incentivos a la compra, ampliar la red de recarga y, sobre todo, establecer planes gubernamentales estables a largo plazo, que generen confianza en la industria y en los consumidores, porque ahora mismo la incertidumbre para todos es enorme”.

Las nuevas químicas -estado sólido y semisólidas- ofrecen a los fabricantes una vía para reducir costes y aumentar autonomía, pero su despliegue masivo no se ha materializado aún. La industria plantea que, sin una base de producción más equilibrada y sin una red de recarga más densa, la adopción ha seguido condicionada por el precio total de propiedad y por la operatividad diaria del vehículo.

Europa asume el reto de corregir sus cuellos de botella. Los fabricantes coinciden en que la transición requiere algo más que innovación: necesita certidumbre, inversión e infraestructura. Como ha concluido Casado, “el mercado ha seguido y va a seguir yendo a dos velocidades” si esos frenos no se han corregido con políticas estables y una ejecución coordinada entre países.

Ignacio San Martín

Periodista de Málaga especializado en tribunales...