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Kisco Copado: “El romancero es puro riesgo, pero es donde más vivo se siente el carnaval”

El autor e intérprete de El Tonto de Capirote reivindica la valentía de salir solo a la calle con el ingenio como única defensa.

Romancero Moronero El tonto de capirote. Kisko Copado

En el Carnaval hay comparsas, chirigotas, cuartetos y coros, pero existe una modalidad que prescinde de grupo, armonías y escenografía colectiva. Es el romancero: una persona sola frente al público, recitando en octosílabos rimados, sosteniendo el ritmo y la atención sin más apoyo que su ingenio. Ahí es donde se mueve, desde hace años, Kisco Copado.

Kisco Copado

El autor de El Tonto del Capirote reconoce que el primer año impone. “Estaba acostumbrado a salir en comparsa, casi siempre en la fila de atrás”, explica. Sin embargo, tras animar al público a acercarse y sentir su calor, quedó “enganchado” a una modalidad que define como pura adrenalina carnavalesca. Tanto, que este año ha rechazado propuestas para volver a agrupaciones: su sitio está en la calle.

Improvisar o caer

En el romancero no hay red. Si un chiste no funciona, no hay compañero que lo levante. “Hay que improvisar”, asegura Copado. De hecho, reconoce que muchas veces, en plena actuación, modifica versos, introduce ocurrencias surgidas al momento o guarda mentalmente nuevas ideas nacidas de la reacción del público.

Porque la calle, afirma, es imprevisible: desde el espectador que interrumpe hasta el comentario inesperado que puede convertirse en remate brillante. Para él, esa interacción directa es la esencia de la modalidad.

Un “tonto” con mensaje

El personaje de este año, El Tonto de Capirote, nace de una reflexión satírica. Copado construye la figura de “Currito España”, un trabajador que, pese a verse perjudicado, mantiene una fidelidad política inquebrantable. El capirote —inspirado en su origen histórico vinculado a los penitentes— y la bandera sirven como elementos visuales potentes para un personaje que, según su creador, “es un tonto que se cree el más listo”.

Eso sí, el autor subraya que su humor parte siempre del respeto. “Una cosa es reírme contigo y otra reírme de ti”, explica. Aunque reconoce que la autocensura existe, intenta que la crítica sea un “pellizquito” que invite a la reflexión sin traspasar ciertas líneas personales.

Técnica y memoria

Lejos de ser un género menor, el romancero exige técnica. Copado recuerda un consejo aprendido en un curso: “El romancero no se canta, se recita. Y recitar es peor que cantar”. La entonación de la última palabra de cada verso es clave para que la rima y el efecto humorístico funcionen.

Este año presenta 95 romances, lo que supone un importante esfuerzo memorístico. Además, la puesta en escena añade dificultad: aparece amarrado a una hoguera simbólica, lo que incluso ha condicionado su forma de ensayar, acostumbrado como está a gesticular ampliamente.

El carnaval de Morón, en buen momento

Sobre el estado actual del Carnaval de Morón, Copado se muestra optimista. Considera que, tras algunos baches en el pasado, hoy existe armonía entre agrupaciones y buena convivencia en la calle y en las peñas. Eso sí, advierte que el público que se acerca a escuchar es exigente: busca reír, emocionarse y sentir el “pellizco” crítico propio de la fiesta.

Cinco respuestas rápidas

En un breve cuestionario final, el romancero no duda:

— Un tema que nunca falla: “La política”.

— Un político que da juego: “Juanma, el Alcalde”.

— Una palabra para definir su romancero: “Facha pobre”.

— Un momento incómodo: soltarse del palo de la hoguera este año.

— ¿Quién es más tonto, el personaje o el autor? “Mitad y mitad”.

Con humor, crítica y valentía, Kisco Copado vuelve a demostrar que el carnaval más desnudo —el de la calle y la palabra— sigue vivo en Morón. Y que, a veces, basta un capirote, un cartelón y mucho ingenio para sostener toda una función.