Hoy por Hoy Morón
Sociedad

Las identidades no humanas, el nuevo frente crítico en la ciberseguridad empresarial

El auge de la inteligencia artificial y la automatización multiplica los accesos digitales sin control, elevando los riesgos en empresas que aún operan con modelos de seguridad pensados solo para personas

El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial y la automatización está transformando el panorama de la ciberseguridad en las empresas. Uno de los cambios más relevantes, aunque todavía poco visible para muchas organizaciones, es la proliferación de las llamadas “identidades no humanas”: bots, aplicaciones, sistemas automatizados o agentes de inteligencia artificial que operan con credenciales propias dentro de los entornos corporativos.

Lejos de ser un fenómeno completamente nuevo, estas identidades ya existían bajo conceptos como conexiones entre aplicaciones o cuentas de servicio. Sin embargo, su número y complejidad se han disparado en los últimos años. Según explica Andrés Mendoza, director técnico para el sur de Europa y Latinoamérica de ManageEngine, la automatización de tareas y el uso de agentes inteligentes han multiplicado exponencialmente este tipo de accesos.

El principal problema radica en su gestión. Muchas organizaciones siguen utilizando modelos de control diseñados únicamente para usuarios humanos, lo que deja fuera de supervisión a estas identidades automatizadas. En algunos casos, incluso, existen múltiples cuentas no humanas vinculadas a un solo empleado o, peor aún, sin ningún responsable asignado, lo que dificulta su auditoría y control.

Este escenario abre una importante brecha de seguridad. A diferencia de los ataques tradicionales, que suelen detectarse mediante intentos fallidos de acceso, las identidades no humanas operan con credenciales válidas. Esto hace que el riesgo no esté en el acceso en sí, sino en lo que ocurre después: acciones fuera de horario, comportamientos inusuales o uso indebido de privilegios.

Un ejemplo reciente ilustra el alcance del problema. Un sistema automatizado de una gran empresa de servicios en la nube tomó la decisión de eliminar y reconstruir una infraestructura completa tras detectar un fallo. El bot, que contaba con los permisos necesarios, ejecutó la acción sin intervención humana, dejando sin servicio a millones de usuarios durante más de 24 horas. El incidente evidenció la falta de supervisión y control sobre este tipo de identidades.

Además, la dificultad para asignar responsabilidades complica aún más la situación. Cuando una acción es ejecutada por una máquina sin un responsable claro, se diluye el concepto de rendición de cuentas, un elemento clave en la gestión de la seguridad.

Aunque las grandes empresas empiezan a tomar conciencia debido a exigencias regulatorias y riesgos como fugas de información o incumplimiento normativo, en muchas pequeñas y medianas organizaciones el problema sigue pasando desapercibido. En estos entornos, el foco suele estar en garantizar el acceso básico a sistemas, sin analizar el comportamiento posterior de las identidades.

Ante este contexto, los expertos coinciden en que es necesario evolucionar hacia modelos de seguridad más dinámicos, basados en el análisis del comportamiento y no solo en la autenticación. Conceptos como el “mínimo privilegio” o la “confianza cero” (zero trust) se perfilan como claves para reducir riesgos, exigiendo múltiples verificaciones antes de conceder acceso y monitorizando continuamente las acciones realizadas.

La reciente conmemoración del Día Mundial de la Gestión de Identidades ha servido precisamente para poner el foco en este desafío creciente. En un entorno donde el perímetro tradicional ha desaparecido y los empleados trabajan desde múltiples ubicaciones, la identidad —humana o no— se ha convertido en la nueva frontera de la seguridad.

El reto, concluyen los especialistas, pasa por ganar visibilidad, establecer controles adecuados y asumir que la protección ya no depende únicamente de las personas, sino de todo un ecosistema digital en constante expansión.