Hoy por Hoy Zaragoza
Sociedad

Romper con el plástico: del material milagro al reto ambiental y sanitario

Guillermo Orduña ha reflexionado en SER Sostenibles sobre cómo el plástico ha pasado de símbolo de progreso a problema global, y ha repasado ejemplos reales de innovación que ya han marcado un cambio de paradigma desde Zaragoza y Europa.

SER Sostenibles 270126

Zaragoza

A menudo no se han cambiado determinados hábitos porque se ha asumido que no existían alternativas. Durante décadas se ha interiorizado que ciertos materiales formaban parte inevitable del progreso y que prescindir de ellos resultaba poco realista. El plástico ha sido uno de los ejemplos más claros de esa inercia. Nacido como un invento revolucionario, ligero y barato, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los grandes desafíos ambientales y sanitarios a escala global.

Su uso se ha generalizado hace apenas setenta u ochenta años y desde entonces ha inundado prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana. Sus propiedades han permitido avances importantes, pero también han favorecido un modelo de consumo basado en el usar y tirar. Esa facilidad de sustitución ha provocado que el plástico se haya acumulado en cunetas, ríos y mares, hasta convertirse en un residuo omnipresente. Ya en sus primeras décadas de expansión se han detectado problemas asociados a su gestión, lo que ha impulsado campañas de limpieza y concienciación, aunque sin frenar su crecimiento.

El debate actual ha ido más allá de la contaminación visible. La preocupación se ha intensificado cuando se ha confirmado que el plástico ha entrado en la cadena alimentaria. Se ha detectado en animales marinos, en alimentos de consumo diario y en estudios recientes también ha aparecido en el organismo humano. Esta situación ha abierto interrogantes sobre los efectos a largo plazo de la exposición a microplásticos, todavía poco conocidos desde el punto de vista sanitario. La sociedad ha asumido así un riesgo cuyos impactos reales aún se están investigando.

El análisis ha puesto de relieve que este proceso ha recordado a otros cambios de mentalidad vividos en las últimas décadas. Prácticas antes normalizadas, como viajar sin cinturón de seguridad o fumar en espacios cerrados, se han abandonado cuando la evidencia científica y la regulación han avanzado. En el caso del plástico, la conciencia social ha comenzado a evolucionar de forma similar, cuestionando usos que hasta hace poco se consideraban inevitables.

Otro de los aspectos clave ha sido el reparto de responsabilidades. Durante años, el foco se ha puesto casi exclusivamente en el consumidor final, encargado de separar y reciclar los residuos. Sin embargo, se ha evidenciado que ese enfoque resulta insuficiente si no va acompañado de cambios en los sistemas de producción. La reducción del plástico ha empezado a acelerarse cuando la industria ha asumido un papel activo en la búsqueda de alternativas y en el rediseño de materiales y procesos.

En ese camino ya se han desarrollado iniciativas concretas. En el ámbito de la moda sostenible, se ha impulsado en Zaragoza un proyecto que ha incorporado materiales alternativos al plástico tradicional. Empresas europeas han logrado fabricar sustitutos de la piel sintética a partir de residuos vegetales como el cáñamo, con aplicaciones previstas en la industria del automóvil a corto plazo. Paralelamente, otros proyectos han conseguido separar fibras plásticas de tejidos naturales para reutilizarlas en nuevos usos industriales, alargando así su vida útil y reduciendo residuos.

Estos avances han confirmado que el cambio de paradigma ya se ha puesto en marcha. El plástico ha dejado de ser únicamente un símbolo de modernidad para convertirse en un material cuestionado, cuyo uso se ha revisado de forma crítica. Lejos de ser una renuncia al progreso, esta transformación se ha planteado como una oportunidad para innovar, reducir impactos y avanzar hacia modelos de producción y consumo más responsables.