Los jóvenes aragoneses encaran las elecciones con indecisión y desconfianza
Denuncian falta de referentes, mensajes vacíos y miedo a posicionarse en público
Zaragoza
La juventud aragonesa llega a las elecciones del 8F con una mezcla de desinterés, desconfianza y sensación de desconexión con la política institucional. Así lo reflejan tanto el último barómetro del CIS —que apunta que solo un 60% de los jóvenes de 18 a 24 años acudirá a votar, frente al 74% de participación media— como el pulso directo tomado este miércoles en distintos campus de la Universidad de Zaragoza.
En la Facultad de Filosofía de Zaragoza, donde estudian grados como Periodismo, Historia o Filología, apenas cuatro estudiantes de una treintena levantaron la mano cuando se preguntó quién tenía claro su voto. Un dato que sorprendió incluso a los propios participantes y que, para muchos, refleja “la pérdida de confianza en las consecuencias reales del voto”.
Los cinco estudiantes que participaron en el coloquio coinciden en que las redes sociales han cambiado la forma de relacionarse con la política, aumentando la exposición pública y el temor al juicio social. “Hay miedo a hablar, a que te etiqueten. Si te ven en un mitin, ya eres o ‘facha’ o ‘rojo’”, explicaba Alba Gracia, alumna de Periodismo. Su compañero Marcos Cativiela añadía que la radicalización digital “coarta la posibilidad de expresarse con libertad”.
Desde Historia, los estudiantes subrayaban que la capacidad de registrar y difundir cualquier opinión ha generado una “autocensura” que contrasta con la tradición histórica de movilización universitaria.
La mayoría de jóvenes consultados asegura que no se siente representada por los mensajes políticos actuales, que consideran “vacíos”, “superficiales” o exclusivamente basados en eslóganes. “Nos falta información clara. Hay mucho ruido, muchos vídeos, pero pocas propuestas que podamos creer”, afirmaba otra estudiante.
En esa misma línea, varios señalaban la dificultad para encontrar referentes políticos que “hablen el lenguaje de la juventud” o que aborden sus preocupaciones concretas.
En Teruel, los estudiantes entrevistados coincidían en que la vivienda y las expectativas laborales son las principales inquietudes. “No sabemos dónde vamos a poder vivir cuando acabemos la carrera”, señalaba Adriana, estudiante en el campus oscense pero oriunda de Logroño. Otros reclamaban una educación accesible, más conexión entre formación y trabajo, y propuestas realistas que huyan de la “utopía electoral”.
Indecisión generalizada, pero defensa del voto
Aunque muchos no tienen claro a quién votarán, sí expresan la importancia de ejercer el derecho al sufragio. Sin embargo, algunos reconocen que podrían no ir a votar o que barajan el voto en blanco.
La indecisión es común incluso entre aquellos que se identifican ideológicamente. Preguntados por su tendencia, la mayoría de los estudiantes presentes en Zaragoza se situó a la izquierda, aunque entre el público “menos de la mitad” se identificó con ese espacio.
Una universidad despolitizada y una juventud “huérfana”
Los historiadores destacaron que la universidad, tradicionalmente un espacio de protesta, se ha “despolitizado” en las últimas décadas. A diferencia de los movimientos estudiantiles de los años 70 —documentados en la exposición Entre el silencio y la protesta, disponible en la propia facultad—, hoy predomina la prudencia y el temor a significarse.
“Triunfa la autocensura”, resumían. Y la percepción compartida es que la política no ofrece hoy herramientas suficientes para que la juventud sienta que su voz importa.
Con una campaña que muchos no siguen y propuestas que consideran insuficientes, los jóvenes aragoneses llegan al 8F entre la duda y la exigencia: votar sí, pero con más certezas y más escucha por parte de la clase política.




