El peso de lo invisible, Aragón planta cara a la obesidad
Esta iniciativa y una investigación de la Universidad de Zaragoza coinciden en que la obesidad es una enfermedad crónica que crece en adultos y menores, y cuyos hábitos comienzan a formarse entre los 3 y 6 años
Hoy por Hoy Zaragoza y la ciencia (04/03/26)
Zaragoza
En el Día Mundial de la Obesidad, Aragón pone el foco en una doble realidad: el aumento de los casos entre la población adulta y el crecimiento preocupante de la obesidad infantil. Coincidiendo con la efeméride, el Hospital Miguel Servet ha presentado la campaña “El peso de lo invisible”, una iniciativa impulsada por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), la Asociación de Personas con Obesidad y Laboratorios LIGI, que busca visibilizar una enfermedad crónica cuya elevada prevalencia la ha convertido, en muchos casos, en un problema normalizado.
El endocrino Alejandro Sanz, portavoz de la campaña, subraya que la obesidad sigue siendo una enfermedad infravalorada: “Tenemos dos extremos: quienes no le dan importancia y quienes viven un rechazo que les genera ansiedad. Lo primero es normalizar la situación. Ni debe ocultarse ni debe asumirse con resignación. Es una enfermedad crónica y hay que tratarla”, ha señalado en una entrevista emitida durante la presentación.
Sanz explica que existen dos grandes patrones de acumulación de grasa:
- Obesidad abdominal o visceral, asociada a mayor riesgo de diabetes, hipertensión, dislipemia y enfermedades cardiovasculares. “Medirse el perímetro del ombligo es clave: más de un metro indica un exceso de grasa visceral”.
- Obesidad ginoide, más frecuente en mujeres, localizada en caderas y piernas. No se asocia tanto a mortalidad como a morbilidad: artrosis, lumbalgias o problemas de movilidad.
Cifras en aumento y un problema que comienza cada vez más pronto
El 15% de la población adulta en España tiene obesidad y el 43% presenta exceso de peso, según los últimos datos difundidos. Pero la preocupación también alcanza a los más jóvenes: la obesidad infantil ha pasado del 8% al 20% en las últimas décadas. Sanz apunta a una reducción drástica del ejercicio físico como causa principal: “Los niños ya no juegan a la pelota, juegan con el móvil. Incluso para ir al entrenamiento se usa el coche. Cada vez hay menos actividad y más alimentos ultraprocesados”.
A ello se suma un factor económico: “Verdura fresca y fruta no son baratas, y eso hace que muchas familias opten por alimentos más económicos pero menos saludables. Es una relación directa: menor poder adquisitivo, mayor prevalencia de obesidad”.
Sobre el auge de medicamentos como Ozempic, Sanz reconoce su eficacia pero rechaza que se usen sin control: “Aportan pérdidas del 10–15%, pero no son milagrosos. Son una pata más del tratamiento. Sin cambios de hábitos, no sirven. La obesidad dura toda la vida y los fármacos no pueden tomarse para siempre”.
Insiste en que la clave es el equilibrio entre dieta, ejercicio y educación nutricional: “La mesa tiene cuatro patas: dieta saludable, ejercicio, apoyo médico y constancia. Si falla una, se cae”.
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Coincidiendo con la campaña sanitaria, la Universidad de Zaragoza y el IIS Aragón han presentado los resultados de un estudio liderado por el grupo GENUD sobre la influencia de los comportamientos alimentarios entre los 3 y los 6 años en la dieta adulta.
La investigadora Ivie Maneschy explica que esos primeros años son determinantes:“Lo que hacemos en la edad preescolar influye muchísimo en la vida adulta. No es solo qué se come, sino cómo se come: la relación con la comida, la convivencia en la mesa, el ejemplo familiar…”.
El estudio, desarrollado en siete ciudades españolas, muestra que:
- Los niños selectivos o “mal comedores” consumen más ultraprocesados.
- Los que disfrutan de la comida comen más frutas, verduras, pescado y cereales integrales.
- Existen diferencias entre sexos: las niñas muestran mayor componente emocional en el comportamiento alimentario.
Maneschy subraya que cambiar hábitos después de los seis años es “más difícil, pero no imposible”. Y recuerda que el ejemplo familiar es decisivo: “Si en casa no se come pescado, el niño nunca aprenderá a comerlo”.
Pese al aumento del consumo de comida procesada y a la previsión de algunos empresarios sobre la desaparición de las cocinas domésticas, la investigadora es optimista: “Hay mucha información accesible y cada vez más familias preocupadas. No creo que las cocinas vayan a desaparecer. Al contrario: estamos aprendiendo más y mejor”.
Ambas iniciativas —la campaña del Servet y el estudio universitario— coinciden en un mensaje común: la obesidad es un problema de salud pública que exige prevención, educación y cambios de estilo de vida desde la infancia.