La sanidad aragonesa, 25 años después de las transferencias: más cercana, pero con retos estructurales pendientes
Profesionales y pacientes coinciden en que la gestión autonómica mejoró la coordinación y la atención, pero alertan del abandono de la Atención Primaria, la falta de recursos y la pérdida de longitudinalidad

Hoy por Hoy Zaragoza y la sanidad (24/04/26)
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Zaragoza
Se cumplen 25 años desde que Aragón asumió las competencias en sanidad, un traspaso aprobado por el Consejo de Ministros y efectivo desde el 1 de enero de 2002, que marcó un antes y un después en la gestión del sistema sanitario público de la comunidad. Un cuarto de siglo después, profesionales y pacientes hacen balance de una sanidad que ganó cercanía y capacidad de decisión, pero que arrastra problemas estructurales que siguen lastrando su funcionamiento, especialmente en Atención Primaria.
La catedrática de Medicina Familiar y Comunitaria de la Universidad de Zaragoza Rosa Magallón, médica de familia y referente en atención comunitaria e investigación, vivió en primera persona el cambio. “Antes simplemente era diferente; no mejor ni peor, pero con menos herramientas, menos protocolos y sin historia clínica electrónica”, explica. La llegada de las competencias permitió crear el Servicio Aragonés de Salud, implantar tarjetas sanitarias autonómicas, avanzar en la informatización y mejorar la coordinación entre profesionales.
Sin embargo, Magallón subraya que el modelo estructural de los centros de salud apenas ha cambiado desde la Ley General de Sanidad de 1986. “Seguimos con un sistema pensado para otra sociedad y otro contexto demográfico”. Aun así, destaca un valor que se ha ido perdiendo con el tiempo: la estabilidad profesional. “Tener el mismo médico de familia durante años reduce la mortalidad y la morbilidad. Está demostrado”, afirma, en defensa de la longitudinalidad como pilar del sistema.
Atención Primaria, eje del sistema… pero infradotado
Uno de los consensos que emergen del análisis es el debilitamiento de la Atención Primaria, pese a ser considerada por los profesionales como el verdadero eje del sistema sanitario. “Existe un hospitalocentrismo evidente. La tecnología vende más que el consejo clínico, pero sabemos que una buena relación médico-paciente y la promoción de hábitos saludables salvan más vidas”, advierte Magallón.
La situación se ha agravado tras la pandemia, según coinciden pacientes y asociaciones. Javier Arredondo, presidente del Foro de Pacientes de Aragón, reconoce la fortaleza del sistema público español, pero alerta sobre un deterioro progresivo. “Los recortes no comenzaron con la covid, vienen de lejos. Estamos viendo ahora las consecuencias: listas de espera, falta de profesionales y desgaste”, sostiene.
Desde el Foro, que agrupa a más de 75 asociaciones de pacientes y colegios profesionales, reclaman más presupuestos, planes de carrera para retener talento e inversión en investigación, además de una mejor educación sanitaria de la población. “También tenemos que aprender a usar la sanidad de forma responsable. No todo es urgencia”, apunta Arredondo, que defiende un equilibrio entre derechos y corresponsabilidad ciudadana.
La voz de los pacientes: listas de espera y falta de diagnóstico
Las quejas se repiten entre los usuarios. Luisa García, paciente celíaca, resume el sentir general: “La sanidad es vida, y los tiempos de espera nos la acortan”. Denuncia retrasos de hasta dos semanas en Atención Primaria y la pérdida de continuidad asistencial, que obliga a los pacientes a explicar su caso una y otra vez a profesionales distintos.
En la misma línea, Emilia Fabregat, presidenta de la Asociación de Pacientes de Linfedema, señala la falta de diagnóstico precoz y de personal especializado, así como la escasa presencia de fisioterapia en Atención Primaria. “Todo depende de una mejor organización y de dotar de recursos al sistema”, afirma.
A pesar de las críticas, el apoyo a la sanidad pública sigue siendo firme. España continúa liderando indicadores como la donación y el trasplante de órganos, un logro que, según Arredondo, sería imposible sin un sistema público sólido. “Muchos de nosotros no estaríamos vivos sin él”, recuerda.
Veinticinco años después de las transferencias, el diagnóstico es claro: la sanidad aragonesa es más cercana y autónoma, pero se enfrenta al desafío de reordenar prioridades, reforzar la Atención Primaria y recuperar la relación humana entre profesional y paciente. Un reto decisivo para garantizar su sostenibilidad en las próximas décadas.




