Un público entregado a los ritmos de los Balcanes con Emir Kusturica en Lanuza
La haitiana Moonlight Benjamin atrapó a la audiencia de los Mercados del Mundo con su embrujo del rock vudú


Pirineos Sur encara ya su recta final, pero arranca con un artista marca de la casa, de esos que son un valor seguro en directo y encandilan al público casi desde el comienzo del show. Porque Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra regresaron ayer el Anfiteatro de Lanuza con todo el propósito de firmar una noche memorable, sin hacer prisioneros desde el minuto uno. Su única actuación en España este verano será recordada como una de las más trepidantes y más bailables de esta edición del Festival de las Culturas.
Ataviados con sus trajes al estilo militar, los músicos capitaneados por un Kusturica pletórico y muy comunicativo (con intermedios acompañados por la eterna banda sonora de “La pantera rosa”) realizaron un repaso a su último disco, “Corps Diplomatique” (Tarantella”, “Fuck MTV”, “Comandante” y “Cerveza”), pero no dejaron de lado, por supuesto, las bandas sonoras por las que el director serbio llegó a la fama (“Gato Negro, Gato Blanco”. “La vida es un Milagro” o “Underground”).
Sin tregua y sin apenas descansos, ofrecieron un concierto de casi dos horas en el que no se escatimó de toda la fuerza propia de la música balcánica: guitarras, acordeón, bajo, violín, tuba, tambores… Todo valía para el único objetivo, conquistar a las más de 2.000 almas que colmaban el borde del pantano de Lanuza.
El embrujo del rock vudú de la haitiana Moonlight Benjamin atrapa a la audiencia de los Mercados del Mundo
Siguiendo esa línea de conexión con las diversas músicas negras que ha dominado durante toda la semana la programación del escenario Mercados del Mundo de Sallent de Gállego, en la tarde-noche del jueves la haitiana Moonlight Benjamin cautivó a un público siempre receptivo, que se entrega afondo aunque las propuestas musicales del festival durante estos días resultaban prácticamente desconocidas para la inmensa mayoría de los asistentes.
Con su vestido rojo y negro, descalza, bailando y girando sobre sí misma o postrándose de rodillas en segundo plano mientras guitarras y bajo ocupan la primera línea de escenario, Benjamin parece convertirse por momentos en sacerdotisa de un ancestral ritual vudú, como salida de la película "El corazón del ángel". A través de canciones como "Papa Legba", "Simido", "Douxpays", "Piedpoudre" o "Siltane", un poderoso e hipnótico blues de cadencia antillana que da título a su último álbum, la hechicera haitiana fue atrapando a la audiencia en una irresistible tela de araña sonora.




