El Sporting aprieta pero no ahoga
El asfixiante dominio inicial de los rojiblancos, que estrellaron tres balones en los palos, no le sirvió para ganar al Huesca (0-0) y volver a meterse en ascenso directo

Djuka presiona a un defensa del Huesca. / LaLiga

Gijón
El Sporting llega hasta donde puede. Llega muy lejos, más de lo previsto, pero hay lugares a donde no puede. En esta jornada podía aprovechar el pinchazo del Racing de Ferrol para volver a meterse en ascenso directo. Era la mejor forma posible de empezar el año, y demostrar que el indiscutible bajón de puntuación del final de 2023 era un capítulo superado. El objetivo no parecía utópico: ganarle en El Molinón a un rival en descenso como el Huesca. El Sporting hizo casi todo lo que hay que hacer para ganar el partido. Le faltó lo que (lo niegue quien lo niegue) le falta a este equipo: el gol. Y por eso el empate a cero final deja un importante poso de frustración en el equipo y en la afición, además de unos deberes que ya conoce la dirección deportiva y que siguen pendientes, esperemos que no por mucho tiempo.
Lo que hizo el Sporting, estrellar tres balones en la madera, es seguramente más difícil que meter tres goles, con todo lo grandes que son las porterías. Pues el Sporting pareció jugar a una especie de billar diabólico: primero fue Roque Mesa, en un centro-chut que pegó en la parte superior del larguero, pero los balones a la madera de Campuzano y Juan Otero fueron ocasiones clarísimas de esas que no se pueden perdonar.
Uno se imagina a Mario González, frente al televisor, lamentando esa falta de puntería y rematando virtualmente de cabeza frente al televisor los centros de Cote, que hasta con la mano colgando sigue siendo un lujo para el Sporting. El burgalés no será (si acaba firmando) el salvador del Sporting, pero dará opciones de aprovechar ese filón que tiene el equipo gijonés con los centros laterales y de los que no se está sacando suficiente rédito. No llegará un jugador similar al recordado Ricardo Alós, con sus 46 goles en un año, pero es fácil predecir que mejorará la estadística de los que conforman la delantera.
Es fútbol ficción, pero es imaginable que si el Sporting tuviera un delantero rematador con un mínimo de gol, otro gallo hubiera cantado en este partido. De momento no lo tiene. Si quiere aspirar a la excelencia, lo necesita. Cada vez que un integrante del equipo dice que no es necesario (en un intento lícito de defender lo que ya hay en el vestuario) falta a la verdad. Otra cosa es que hasta ahora haya disimulado esta carencia con su extraordinario hacer defensivo y con una temporada fuera de serie de Gaspar Campos en el capítulo rematador. Pero el frustrante empate a cero demuestra que la dirección deportiva tiene que hacer lo que ya sabe que tiene que hacer: darle esa pieza a Ramírez para completar el puzle de un equipo que hace muchas cosas bien pero que necesita un plus para aspirar al ascenso. Campuzano y Otero pelean, corren, luchan... Pero no son goleadores. En el banquillo se quedó Djuka, que salió al final pero demostró que sigue absolutamente fuera de onda.
Lo demás, el Sporting lo tiene. Y lo tuvo frente al Huesca. Los rojiblancos pasaron por encima al rival, en el cómputo global y desde luego en la primera parte. Tras un amago de atrevimiento inicial por parte del Huesca, el partido se convirtió en un asedio rojiblanco. Además de los balones al palo, hubo un sinfín de ocasiones más: un disparo de Hasan al lateral de la red, un disparo a corta distancia de Campuzano repelido por Álvaro Fernández, un golpeo de Roque Mesa con el interior ante el que voló el guardameta visitante, un cabezazo de Otero al final... Incluso hubo un amago de penalti favorable al Sporting, por mano en el área del Huesca, saboteado por un ajustadísimo fuera de juego previo. Definitivamente, no era el día.
Por en medio hubo una reacción del Huesca, que mejoró con los cambios tácticos y de caras en la segunda mitad. Yáñez tuvo que hacer dos paradas de las suyas, a un disparo de Hugo Vallejo y a otro de Vilarrasa, y El Molinón enmudeció con un disparo de Sielva que parecía gol. Ramírez reaccionó dando entrada a Guille Rosas, buscando más profundidad y obligando al Huesca a recular.
La parte buena del domingo es que el Sporting se mantiene a dos puntos del ascenso directo. La mala, que de haber ganado le habría adelantado, porque además méritos suficientes hizo como para conseguirlo. El talón de Aquiles, seguramente no exclusivo del Sporting, está claro. Toca hacer lo posible por subsanarlo para aprovechar la gran oportunidad.

David González
Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de SER Deportivos Gijón y voz de los partidos del Sporting...




