El Sporting se resigna a su mediocre destino
La derrota en Córdoba (3-2) termina con las ensoñaciones de una remontada histórica y condena al Sporting a un anodino final de temporada

Los jugadores del Sporting saludan a los aficionados desplazados a Córdoba tras la derrota por 3-2. / LaLiga

Gijón
¿Recuerdan ustedes cuando Alejandro Irarragorri, máxima autoridad del Sporting, decía que no meter al equipo en el playoff era un fracaso y, meses después, pedía perdón público por ese fracaso? Parece que ha pasado un siglo, pero nada más lejos de la realidad: hace apenas tres años de ese discurso. En ese tiempo, el argumentario ha cambiado. La triste realidad se ha impuesto. Ya nadie en el Grupo Orlegi, ni el organigrama del Sporting, utiliza términos tan gruesos, porque se ha asumido que, más allá de ensoñaciones y llamamientos a la épica, el Sporting ha encontrado su lugar: la mediocridad de la Segunda División, sin aspiraciones reales de salir de ella. Así se ve el equipo a finales de abril: undécimo, a nueve puntos del playoff, con la temporada vista para sentencia y por debajo, en la tabla, del Andorra, el Córdoba o el Burgos; ya no digamos del Castellón, del Eibar o del Racing de Santander.
Con la derrota en Córdoba se acabaron los discursos vacíos y las apelaciones a una remontada histórica. Decir que un equipo que ha ganado tres de los últimos doce partidos de Liga podía ganar los siete últimos del campeonato era tan gratuito como infundado. Le ganó a un Cádiz que se arrastró en el césped de El Molinón, pero en cuanto se encontró a un equipo medianamente serio como el Córdoba, volvió a hacer aguas. Amagó con competir durante un tramo de partido, en el que se adelantó con el gol de Juan Otero, pero a raíz de la lesión del colombiano se cayó en picado, ofreciendo una imagen lamentable en la segunda parte.
Lo sucedido en el Nuevo Arcángel fue revelador del desarrollo de la temporada: una fase de fútbol aparente, la lesión de uno de los jugadores claves y, a partir de ahí, una concatenación de desastres. Se rompe un jugador de ataque y el entrenador recurre a un lateral izquierdo (carrilero, siendo generoso) como Pablo García para jugar, en alguna fase, de extremo derecho. Y al disparate táctico se suma en la fase final del partido lo de ver a otro lateral izquierdo como Brian Oliván jugando de central derecho en una defensa de tres. La plantilla va cortísima, pero las decisiones de Borja Jiménez tampoco ayudan a darle profundidad o, al menos, coherencia.
El Sporting se dejó meter tres goles, uno de ellos en el remate de cabeza de un jugador que mide apenas 1.73. La endeblez defensiva del equipo nunca ha tenido solución. Gelabert maquilló el marcador tras una buena acción aislada de Queipo. Pero el equipo que prometía intentar ganarlo todo (incluyendo a rivales que se juegan el ascenso como el Málaga o el Almería y otros que se juegan la vida como el Zaragoza) no fue capaz de puntuar contra un rival de la zona tibia, que se jugaba a efectos prácticos lo mismo que el Sporting: nada, más allá de la honra.
Quedan por delante cinco partidos intrascendentes, en los que hay poco que ganar y mucho desgaste posible de cara al año que viene, cuando los dirigentes rojiblancos volverán a hablar de estar entre los mejores y demás eufemismos, pero no mencionarán la palabra fracaso. Por la cuenta que les trae.

David González
Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de SER Deportivos Gijón y voz de los partidos del Sporting...




