Fútbol

El Ceuta humilla a un Sporting peripatético

Merecida derrota del equipo rojiblanco, que renuncia a competir y, desde luego, a ganar

El jugador del Ceuta Konrad celebra el 1-2 en El Molinón. / LaLiga

Gijón

Después de la tempestad, llegó... La tormenta futbolística. No es justo (y a la vez es un horrible baño de realidad) que el homenaje a la leyenda Joaquín Alonso, al gran capitán del Sporting de los años dorados, al hombre que más veces defendió (siempre con orgullo) la elástica rojiblanca le siguiera un Sporting-Ceuta sin nada en juego, con El Molinón semivacío y con un equipo, el gijonés, humillado por un recién ascendido, que ya le ha superado en la clasificación. Esa es la decadencia de un Sporting que prometió que iba a intentar ganar todos los partidos y que, tras las promesas,ha demostrado que no le gana a nadie, ni siquiera a los que tampoco se juegan nada. Pero prometer es gratis, como se lleva comprobando varias décadas en el Sporting.

Bajo el aguacero, el Sporting fue un equipo peripatético, tanto desde el punto de vista filosófico como desde el plano más coloquial: los discípulos de Borja Jiménez salieron al campo a pasearse (pero sin aprender nada durante el paseo, al contrario de lo que hacían los de Aristóteles), y la imagen fue rocambolesca, ridícula y desesperante. La afición, en parte resignada, no dejó de mostrar su malestar por la paupérrima imagen de un equipo que ya va desgastando su crédito de cara al próximo curso.

El comienzo del partido ya fue desolador. El Sporting estaba a completamente desenchufado, pese a las promesas que en este sentido había lanzado el entrenador rojiblanco. Llegó a darse la circunstancia de que, en el minuto 55, el Sporting había tirado más veces a su propia portería que a la del rival. En la primera de esas acciones Andrés Cuenca desvío a su propia portería el 0-1; en la segunda, el incomprensible remate (que no despeje) de Justin Smith no llegó a tanto.

Entre medias, Konrad (que para la defensa del Sporting era algo así como Lamine Yamal) había marcado el 0-2 y perdonado el tercero en un mano a mano con Yáñez, aprovechando que la defensa del Sporting era una entelequia. Deben pensar muy bien en los despachos de Mareo quiénes deben ser los zagueros rojiblancos la próxima temporada o si esa asignatura pendiente (como la del delantero centro alternativo) seguirá suspendida tras una nueva convocatoria.

Gaspar recortó diferencias y aplacó el enfado de la afición antes del descanso, aprovechando el rechace de portero a un remate suyo. Y Dubasin, ya en la segunda mitad, llegó a marcar el empate, pero estaba en fuera de juego, por lo que la acción se anuló.

La tarde, aciaga, se completó con la lesión de Queipo (una más), con la triste imagen de Yáñez evitando algún gol más del Ceuta y con la sensación de que la afición del Sporting no se merece esto. Y Joaquín Alonso tampoco. Lo único bueno es que ya queda menos para irse de vacaciones; en casa, solo un partido. Lo malo, que en agosto hay que empezar otra vez y la confianza en el futuro proyecto ahora mismo está bajo mínimos.

David González

Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de...