La Fundación Serveis de Cultura per al Poble lanza una campaña de micromecenazgo para garantizar las clases de lengua
En los últimos años, ante el crecimiento de la demanda ha necesitado ampliar recursos

Fundación serveis de cultura per al poble
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Palma
Muchos de los migrantes que llegan a nuestra isla no conocen ninguna de las dos lenguas oficiales. Desde 1977, la Fundación Serveis de Cultura per al Poble trabaja para facilitarles el acceso a la lengua y a la cultura. En los últimos años, ante el crecimiento de la demanda ha necesitado ampliar recursos y ahora, lanzan una campaña de crowdfounding para poder garantizar la continuidad de las clases de lengua. La iniciativa invita a la ciudadania a apadrinar con pequeñas aportaciones los proyectos educativos.
Unos treinta voluntarios trabajan en esta fundación dando clases: de castellano, catalán, inglés y competencias digitales. Pero este espacio es más que una, entre comillas, academia es un lugar de acogida y un entorno seguro. Iman El Yelmahi es la gerente de la Fundación.
También les ayuda mucho que Iman hable árabe porque les ayuda a romper la barrera idiomática. Toni Ballester es el coordinador de proyectos y primeras entrevistas cuando llegan al centro.
Imparten cursos todos los días. Las clases son dos días a la semana, una hora y media. Habitualmente, son entre 12 y 15 alumnos y alumnas. La mayoría de gente les llega por el boca-oreja y muchos empiezan con un curso y repiten.
Pep Traverso es uno de los docentes de la Fundación. Se incorporó como voluntario en octubre. Da clase de castellano nivel A0 y A1, la expresión y comprensión oral. Fue maestro de Infantil y Primaria. Luego pasó a trabajar en un instituto como profesor de Filosofia.
Fatima y Nadjua son algunas de las alumnas. Ahora, poco a poco, se van comunicando por ellas mismas. Fatima nos cuenta que el otro día pudo acompañar a su hijo al médico para ponerle una vacuna. Reconoce que si es algo complejo todavía no se atreve sola.
Y mientras Fatima y Nadjua están dando clase. En la habitación de al lado están sus hijas con una voluntaria que las cuida. La Fundación cuenta con un espacio de Ludoteca, donde los niños y niñas de 0 a 3 años se pueden quedar mientras sus progenitores, mayoritariamente sus madres, estudian el idioma. Así se consigue la conciliación familiar y lo tienen más fácil. Ana Cristina es una de las voluntaras. Está jubilada.
Cualquier persona puede apuntarse a las clases de la fundación. El único requisito es ser mayor de edad y la aportación económica al año es simbólica. Y para aquellas personas en situaicón de vulnerabilidad es gratis. Este jueves, después de las clases, celebraban alumnas y voluntarios el fin del Ramadán con el típico té verde y unos cuántos dulces elaborados por ellas.




