Sociedad

Una familia canaria alquila un piso en Malta con Airbnb y se ve en la calle al encontrar muerta a la dueña

La policía encontró el cadáver gracias a su insistencia y sus pesquisas en busca de la propietaria, ante la falta total de ayuda por parte de la plataforma de alojamientos vacacionales

"Les decíamos que la propietaria estaba muerta, pero en Airbnb insistían en que el protocolo exigía que intentaran ponerse en contacto con ella"

"Les decíamos que la propietaria estaba muerta, pero en Airbnb insistían en que el protocolo exigía que intentaran ponerse en contacto con ella"

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Santa Cruz de Tenerife

Cuando un viajero experimentado planea sus vacaciones, sabe que la antelación es clave a la hora de conseguir un buen alojamiento. Y más cuando se viaja con niños o personas mayores, lo que obliga a buscar requisitos especiales, como la accesibilidad. En plena temporada alta, encontrar algo que se ajuste a nuestras necesidades a un precio razonable es prácticamente imposible. Bien puede atestiguarlo una familia de Tenerife que había alquilado un alojamiento vacacional con Airbnb en la turística isla de Malta. Lo habían hecho con más de medio año de antelación y todo parecía estar en orden. Hasta que dejó de estarlo. Lo que debían ser unas relajantes vacaciones mediterráneas, se convirtieron en toda una odisea con intervención policial y hallazgo de cadáver incluido.

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Los viajeros explican que hasta pocos días antes de la llegada, la comunicación con la propietaria del piso había sido perfectamente fluida. La mujer había contestado a todas las dudas que le habían planteado y además, los comentarios que los inquilinos que les precedían en el apartamento dejaban en la plataforma eran de lo más positivos. Por eso, al principio, no dieron importancia al hecho de que la anfitriona no respondiense de inmediato al mensaje que le enviaron para concretar el proceso de entrada en el alojamiento.

Sin respuesta

Sin embargo, al seguir sin noticias dos días antes de la llegada, comenzaron a preocuparse. No les faltaba razón. Lógicamente, se pusieron en contacto con Airbnb para comunicarles la situación. El operador que les atendió les indicó que intentarían ellos mismos localizar a la anfitriona y volvería a ponerse en contacto con ellos, algo que nunca sucedió. Emprendieron el viaje con inquietud y, al aterrizar, instalaron a las personas mayores (de 78 y 80 años y con diversos problemas de salud) en un hotel que reservaron de emergencia y se dirigieron a la urbanización para tratar de solucionar el problema in situ.

Pese a que, desde el exterior, el alojamiento tenía el aspecto de encontrarse perfectamente limpio y arreglado, no había ningún cajetín que pudiera contener las llaves ni ninguna indicación sobre cómo obtenerlas. "Nos extrañó mucho que no hubiese nada, tratándose de un alojamiento vacacional", señala Antonio Montesdeoca, uno de los afectados.

Nadie abría la puerta

Preguntando por los alrededores, lograron averiguar la dirección de la propietaria, que estaba situada muy cerca. Confiando en que se hubiese producido algún error de poca importancia, se acercaron hasta la casa. Pero, por más que llamaron al timbre, no obtuvieron respuesta. Con ayuda de unos vecinos, comprobaron que en la casa había luces encendidas, ya que hacía rato que había caído la noche. Por lo tanto, siguieron insistiendo, pero seguían sin abrirles la puerta. Perplejos, avisaron a Airbn de lo que estaba ocurriendo, pero como no les aportaban ninguna salida, optaron por marcharse al hotel donde habían dejado a su familia para pasar la noche.

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Lo primero que hicieron al día siguiente fue regresar a la urbanización donde se hallaba su alojamiento pero continuaba sin haber nadie que les entregase las llaves, ni indicaciones sobre cómo recogerlas. De regreso en el domicilio de la propietaria, volvieron a tocar repetidamente el timbre. Los vecinos que ya conocían el problema trataron de ayudar llamando a los teléfonos de la mujer de los que disponían, también sin éxito. Las circunstancias se volvían cada vez más extrañas. "Nos decían que la señora no era de mucho salir, así que nos parecía raro que no nos abriese", explica Montesteoca.

Al hospital

Continuaron con las pesquisas hasta que alguien les comentó que hacía poco, habían visto cómo una ambulancia se la llevaba al hospital. "Decidimos ir hasta allí con la esperanza de que siguiese ingresada pero lo bastante recuperada como para poder avisar a alguien que nos acercase las llaves", relata el afectado. Lamentablemente, en el centro sanitario les indicaron que aunque efectivamente había ingresado 10 días atrás, había sido dada de alta. Pero lo peor estaba por llegar.

Sin tener a donde ir, se dirigieron de nuevo a casa de la anfitriona. "Por el camino, recibimos una llamada en la que nos decían que los vecinos, ya alarmados por lo que les habíamos contando, habían avisado a la policía", relata Antonio Montesdeoca. Al llegar, se encontraron con una escena apabullante. "En la casa había muchos policías y también forenses; mi mujer entró, se identificó y se puso a disposición por si era necesario que prestase alguna declaración", recuerda. "Salió desencajada; fue un momento muy difícil".

Desamparados

"Impactados y desorientados, no tuvimos otra alternativa que sentarnos todos en una terraza, llamar de nuevo a Airbnb y contarles que la anfitriona había aparecido muerta, para ver qué solución nos daban", cuenta el canario, "nuestras madres son diabéticas y hacía 35 grados; más allá de evitar que se deshidrataran y tuviesen un bajón de azúcar, no sabíamos qué hacer". Pero, más allá de cancelarles la reserva y comprometerse a devolverles el dinero en pocos días, la plataforma no les daba soluciones. Y es que en pleno período vacacional, los alojamientos escasean.

"Algo que al menos tuviese ascensor y el mínimo de dormitorios que necesitábamos costaba más del doble de lo que habíamos pagado meses atrás", detalla. "Cada vez que lográbamos contactar con Airbnb, nos atendía un operador diferente que nos aseguraba que, en media hora o una hora, nos llamarían con una solución; pero nunca nos devolvieron ninguna llamada", lamenta. Lo máximo que llegaron a recibir fue un mensaje con enlaces a unos alojamientos que aún les quedaban libres pero no reunían los requisitos mínimos que precisaba su grupo.

Con el protocolo hemos topado

Las horas se sucedían y las llamadas desesperadas a Airbn, también. Pero cada operador que les atendía, les daba solo las mismas respuestas: que les llamarían pronto, que volvían a intentar localizar a la propietaria. "En un momento dado, me sobrepasó lo aburdo de la situación y les insistí en que estaba muerta, que era imposible que pudieran contactar con ella", relata Antonio, ¿y qué me contestaron? Que tenían que hacerlo así porque era el protocolo".

En vista de que se les echaba de nuevo la noche encima sin obtener ayuda, se dirigieron a la desesperada a una agencia inmobiliaria local. Por fortuna, al enterarse de lo ocurrido, "y aunque estaban a punto de cerrar, empezaron a hacer llamadas hasta dar con unos propietarios que podían recibirnos sobre la marcha", comenta el afectado. "Fueron muy amables y gracias a ellos (y a que teníamos liquidez, porque pasaron varios días antes de que nos devolvieran el dinero) tuvimos donde meternos", explica.

A estas alturas, la plataforma no se ha puesto en contacto con ellos para dar curso a la incidencia ni para ofrecerles una compensación.

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