A Vivir Cantabria
Historia

La restauración del resbaladero de Lunada, el gran tobogán diseñado para abastecer de madera a la fábrica de cañones de La Cavada

De forma paralela se han plantado más de 250 mil árboles para revertir la deforestación histórica de la montaña pasiega

Carlos Sánchez (FNYH) explica el proyecto de restauración del resbaladero de Lunada

Santander

La Fundación Naturaleza y Hombre (FNYH) está llevando a cabo un importante proyecto de restauración ambiental e histórica del resbaladero de Lunada, que fue diseñado por el ingeniero austriaco Wolfgang Mücha, a finales del siglo XVIII, para abastecer de madera a la Real Fábrica de Artillería de La Cavada y Liérganes.

Detalle de las obras de restauración de resbaladero de Lunada. / FNYH

La historia del resbaladero

Este ingenio era una especie de tobogán de madera, sobre una estructura de piedra, que tenía una longitud de 1,7 kilómetros. Los troncos extraídos de los montes de Lunada se deslizaban ladera abajo hasta un prado donde se hallaba una cabaña pasiega denominada la 'casa del Rey', por el escudo que hace referencia al monarca Carlos III.

Desde esa cabaña, que hoy en día sigue en pie, se controlaba todo el proceso del transporte de los troncos a través del río Miera hasta las fábricas de La Cavada y Liérganes, que necesitaban una gran cantidad de madera para el funcionamiento de los altos hornos que fabricaban los cañones.

Durante más de dos siglos, se fabricaron más de 26.000 cañones de hierro destinados a galeones, buques de línea y otras embarcaciones militares.

A pesar de ser una de las grandes infraestructuras de la época, el resbaladero no cumplió las expectativas previstas. La idea era que se deslizasen por esa rampa unos 100 mil carros de leña en el primer año de funcionamiento, pero no llegaron a los 50 mil.

No obstante, este ingenio forma parte del patrimonio industrial del siglo XVIII y desde julio de 2003 es un bien inventariado por el Gobierno de Cantabria por considerarse una obra de gran magnitud.

Reconstrucción de la rampa

Bajo la denominación de 'Bosques Flotantes', la Fundación Naturaleza y Hombre está llevando a cabo la reconstrucción de un tramo del antiguo resbaladero de Lunada, del que se conserva parte de la estructura de piedra.

Sobre esa base de piedra se han habilitado traviesas de ferrocarril y, sobre ellas, troncos de maderas de roble y abeto, recuperando fielmente la forma del antiguo tobogán por el que descendían los troncos. También se ha limpiado y consolidado la base de piedra sobre la que se apoyaba la estructura original.

El presidente de la FNYH, Carlos Sánchez, explica en A Vivir Cantabria los detalles de este proyecto que pretende recuperar la memoria de los valles pasiegos y revertir también la deforestación histórica de la montaña oriental.

10 millones de árboles talados

La enorme demanda de madera tuvo consecuencias devastadoras para el entorno. Se calcula que entre los siglos XVII y XVIII se talaron más de 10 millones de árboles, principalmente robles y hayas de gran porte, procedentes de las cuencas de los ríos Miera y Pas.

Cuando los bosques cercanos se agotaron, la explotación se extendió hasta la zona de Espinosa de los Monteros (Burgos), aumentando aún más la presión sobre el territorio.

Hoy, muchas de aquellas áreas forestales aparecen como praderas abiertas, resultado de un proceso histórico que transformó radicalmente el paisaje y cuyos efectos todavía son visibles más de 200 años después.

Plantación de árboles junto a la base de piedra del antiguo resbaladero de Lunada. / FNYH

Más de 20 años reforestando

En los últimos 20 años, la Fundación ha plantado ya más de 250.000 árboles en la zona, y solo en el marco de este proyecto se han incorporado más de 10.000 nuevos ejemplares. Se utilizan especies autóctonas como robles, hayas, abedules, tilos o tejos, seleccionadas según las características del terreno y del entorno.

Además, alrededor del propio resbaladero se ha creado un pequeño bosque testimonial de unos 250 árboles, que recrea cómo pudo ser la vegetación original en el momento en que comenzó la explotación forestal.

El proyecto incluye también medidas para garantizar el éxito de la reforestación a largo plazo. Entre ellas, destacan la protección individual de los árboles, la gestión del territorio con ganado menor, como ovejas, para reducir el riesgo de incendios, y la compra o cesión de terrenos para asegurar su conservación.

A estas actuaciones se suma la creación de una reserva municipal de cerca de 1.000 hectáreas en Ramales de la Victoria, en colaboración con su Ayuntamiento. En este caso, el objetivo no es replantar, sino proteger y llevar a la madurez los bosques de encinar cantábrico que han logrado conservarse o regenerarse de forma natural.

Beneficios ambientales y sociales

La recuperación del bosque tiene múltiples beneficios: protege el suelo frente a la erosión, regula el ciclo del agua, aumenta la biodiversidad y actúa como sumidero de CO₂, contribuyendo a la lucha contra el cambio climático. Además, una cuenca forestal bien conservada reduce el arrastre de sedimentos hacia el río Miera y la bahía de Santander, evitando problemas de colmatación y la necesidad de dragados frecuentes.

Un legado para las próximas generaciones

Más de dos siglos después de la última gran tala ligada a la industria artillera, iniciativas como esta buscan revertir un proceso histórico irreversible, pero también dejar un legado a las generaciones futuras. La restauración del resbaladero de Lunada y la reforestación de la montaña pasiega son los primeros pasos de un camino largo, en el que naturaleza, historia y memoria caminan de la mano.

Conchi Castañeda

Licenciada en Ciencias de la Información por...