La Ventana de Cantabria
Sociedad

La historia de la cerveza en Cantabria, de la época Prerromana a la cerveza artesanal moderna

Héctor Campo, geógrafo y guía de Free Tour Santander repasa en La Ventana de Cantabria los más de dos siglos de tradición cervecera de la región, desde las primeras fábricas del siglo XVIII hasta el actual auge de la cerveza artesanal

La historia de la cerveza en Cantabria, auge, debacle y renacer

Cantabria

Hablar de cerveza en Cantabria es hablar de historia, industria y cultura cotidiana. Una tradición tan arraigada que ha dejado huella incluso en la forma en la que se pide en los bares. Así lo explica Héctor Campo, de Free Tour Santander, en la sección de Historia de La Ventana de Cantabria, donde traza un completo recorrido por la evolución de esta bebida, desde sus orígenes más remotos hasta el actual resurgir cervecero en la región.

Campo recuerda que la cerveza no es un invento moderno ni exclusivo de ningún territorio. Su origen se remonta entre hace 7.000 o incluso 12.000 años, en las primeras civilizaciones del Creciente Fértil, cuando la fermentación accidental de cereales dio lugar a lo que los sumerios llegaron a considerar una “bebida divina”. Una mezcla simple de agua y grano que acompañó al ser humano desde el inicio de la vida en comunidad, hasta el punto de convertirse en sinónimo de civilización.

En el caso de la Península Ibérica, las primeras referencias a una bebida similar a la cerveza aparecen en época prerromana. Los pueblos celtíberos elaboraban la llamada caelia o celia, una infusión de cereales —principalmente trigo— que puede considerarse el antecedente directo de la cerveza actual. “No ha habido una época en la que esta bebida no haya estado presente”, subraya Campo, que explica cómo la receta fue perfeccionándose con el paso de los siglos gracias al uso de levaduras y lúpulo.

El gran salto para Cantabria llega en 1783, fecha que marca el inicio de la edad dorada de la cerveza en la región. Ese año abre en Santander la primera fábrica cervecera, impulsada por José de Zuloaga y dos maestros cerveceros ingleses. Durante tres años fue la única de la comunidad, y su éxito económico llevó a que la cerveza se convirtiera en una de las principales industrias de la ciudad.

A partir de ahí, el crecimiento fue imparable. En apenas quince años se abrieron nuevas fábricas como Cervezas Campo, ubicada en lo que hoy es Cañadío; Cervezas Lienzo, en el barrio de Miranda —con Clara Lienzo como empresaria pionera al frente—; y la Austriaca de Cervezas, en Peñacastillo. A finales del siglo XVIII, Santander contaba ya con cuatro grandes fábricas cerveceras, una cifra excepcional para la época.

En el siglo XIX surgiría la marca más icónica: Cruz Blanca. Fundada en 1860 con capital suizo, alcanzó un prestigio internacional notable, con premios en España y en países como Francia, Inglaterra o Bélgica. Su impacto fue tal que aún pervive en la vida diaria de la ciudad: la conocida Plaza de las Cervezas ocupa el lugar donde se alzaba la antigua fábrica, y la costumbre cántabra de pedir “una media” tiene su origen en el formato de botellas que producía Cruz Blanca.

Ya en el siglo XX, el sector se concentró en torno a dos grandes nombres: la Austriaca y Cruz Blanca, que acabarían asociándose bajo el paraguas de Cervezas de Santander S.A. Desde Cantabria se impulsó entonces una expansión empresarial sin precedentes, con fábricas y marcas en Valladolid, Cádiz, León, Vigo, Salamanca, Madrid o Sevilla, convirtiéndose en uno de los grupos cerveceros más potentes del país.

Sin embargo, como explica Campo, “todo lo que sube, baja”. La llegada de capital extranjero y la reestructuración del mercado provocaron la desaparición progresiva de las marcas históricas. La Austriaca cerró en 1966 y Cruz Blanca lo hizo en 1979, poniendo fin a una era que había marcado profundamente la identidad industrial de Santander y Cantabria.

Lejos de ser un final definitivo, la historia de la cerveza cántabra vive desde principios del siglo XXI una nueva etapa. En 2006, la llegada de Dougalls a Liérganes supuso el inicio del actual auge de la cerveza artesanal. A partir de ahí han proliferado microcerveceras por toda la región, hasta el punto de que Cantabria se sitúa hoy entre las comunidades con más centros cerveceros por habitante.

“Elegimos bien”, concluye Héctor Campo, recordando cómo cada territorio del norte acabó identificándose con una bebida diferente. Galicia con el orujo, Asturias con la sidra, el País Vasco con el vino y Cantabria con la cerveza. Una elección que, a juzgar por su historia y su presente, sigue brindando buenos motivos para levantar la jarra.

Eduardo Bermúdez Dapena

Licenciado en Periodismo por la Universidad del...