Opinión

Fotografías

La firma de opinión del crítico cultural Juan Ángel Fernández

Juan Angel Fernandez

Firma de opinión de Juan Ángel Fernández

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La luz es para el fotógrafo lo que el pincel es para el pintor, ésta máxima artística nos ha acompañado toda la vida desde que nos imaginamos de jovencitos que nuestra vida futura estaría dedicada al mundo de la fotografía, de la creación de imágenes y como desarrollo artístico a ser posible en blanco y negro, por lo que deberíamos comprarnos enseguida una pequeña Minolta del tipo reflex con un solo objetivo y un paquetón de instrumental empezando por una espectacular ampliadora, unas cuantas cubetas de revelado, bombillas lo más potentes posibles, flashes... y, eso sí, una lámpara roja que impregnara todo el espacio del estudio de una sensación fantástica solo comparable al rodaje de un corto de los hermanos Lumiére en 1896.

No es que quiera exagerar mucho, pero estos días la ciudad muestra en el Museo de Albacete algunas de las obras maestras de la fotografía, suspendidas en las brumosas fantasías juveniles que se volatizaron hasta desaparecer mi lacónica afición en un par de meses mas o menos. Y quiero yo pensar que el empresario Julián Castilla ante la ausencia de una vida dedicado al retrato personal decidió, con un criterio absolutamente utópico o idealista, enfrascarse en un propósito bárbaro:coleccionar las imágenes de los más grandes fotógrafos de la historia (obviando su condición empresarial satisfactoria que pudiera permitírselo, pienso). Ciertamente, desde hace algo más de veinte años, Julián Castilla, no ha parado de acumular una importante serie de obras no solo fotográficas sino también pictóricas y escultóricas, aunque a nuestra capital hayan venido exclusivamente las fotográficas. Importante por la extensa nómina de autores representados, nacionales e internacionales, que se sitúa entre lo más granado del arte surgido a partir de los años cincuenta.

Nada más pisar el silencioso ladrillar del museo te topas con tres fotos impresionantes de tres de nuestros mitos cinematográficos: Audrie Hepburn (fotografía por cierto dedicada al propio Castilla por su autor, Terry O´Neill), la de aquel James Dean apesadumbrado que hemos visto mil veces en documentales y reportajes y la que Bert Stern realizó a la mítica Marilyn Monroe, censurada en algunas de las muestras de la diva. Pero eso es simplemente el aviso que te llega para lo que viene después con Leopoldo Pomés, Alberto Korda (las mujeres en el ferrocarril de 1902, las del Che Guevara en Cuba y una que Cesar Lucas le hizo en Madrid), el gran Alfred Stieglitz, varias de Man Ray -por dios!- en 1947 entre ellas la que le hizo a Joan Miró en 1933; en fin Henry Carter Bresson, la calavera humana de Philips Halman con Salvador Dalí de testigo; Luis Escobar tan entrañable entre nosotros; Annie Leibovitz; Nicolas Muller; la histórica foto del republicano recibiendo el disparo mortal de Robert Capa; la Cibeles de Ouka Lele, Pablo Genovés, Francesc Catalá; el Carlos Saura iniciatico antes de decantarse definitivamente por el cine; la melancolía de Alberto García Alix fotografiando El dolor de Elena Mar. Fotos, fotos, fotos soberbias, míticas, históricas.

Hay más, bastantes más obras mostradas absolutamente relevantes en el panorama fotográfico de las últimas décadas y conocidas las imágenes por sus valores formales, estéticos y significativos (lógicamente no he nombrado aquí todo lo presentado). Pero creánme si les digo e insisto que lo que estos días ofrece el Museo de Albacete en el Parque de Abelardo Sánchez es algo único y digno de ver. El arte de la fotografía en su estado más puro e histórico.

Tienen hasta el 5 de mayo para disfrutarlo y admirarlo.

 
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