Un hallazgo extraordinario: la carta de un estudiante de Cuenca que describió Alcalá
Un texto inédito escrito por un joven conquense revela cómo era esta ciudad universitaria en el Siglo de Oro

Un hallazgo extraordinario: la carta de un estudiante de Cuenca que describió Alcalá
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Cuenca
Tenía solo 18 años cuando escribió uno de los retratos más completos, bellos y precisos de una ciudad española del Siglo de Oro. Corría el año 1654 y Manuel Moncayo de Molina, estudiante de la Universidad de Alcalá y natural de Villaescusa de Haro (Cuenca), dejó por escrito en forma de carta manuscrita una descripción minuciosa de Alcalá de Henares y de su universidad en pleno esplendor barroco. Cuatro siglos después, ese texto inédito ha salido a la luz y permite asomarse como nunca antes a la vida urbana, académica y social del siglo XVII.
El hallazgo ha sido posible gracias al trabajo de investigación de la profesora Macarena Moralejo, de la Universidad Complutense de Madrid, quien localizó el manuscrito entre los fondos del archivo de los jesuitas alcalaínos conservados en la Real Academia de la Historia.
El texto se publica ahora en el libro Alcalá de Henares en 1654. Descripción de la Villa de Alcalá de Henares que hizo Don Manuel Moncayo de Molina, editado por la Editorial de la Universidad de Alcalá y coordinado por el catedrático emérito de Historia de la Arquitectura Javier Rivera, junto a Francisco Peña y Vicente Sánchez Moltó.
Para Rivera, el documento es excepcional: “Es uno de los descubrimientos más importantes de la historia de nuestras ciudades, porque no siempre tenemos descripciones auténticas, verídicas y tan antiguas, pero además tan completas”.

El hallazgo ha sido posible gracias al trabajo de investigación de la profesora Macarena Moralejo, de la Universidad Complutense de Madrid.

El hallazgo ha sido posible gracias al trabajo de investigación de la profesora Macarena Moralejo, de la Universidad Complutense de Madrid.
Una ciudad contada desde dentro
A diferencia de otras crónicas de la época escritas por viajeros o cronistas al servicio de la Corte, el texto de Moncayo no se limita a enumerar monumentos. El joven estudiante relata la historia de Alcalá desde sus orígenes, describe sus calles, murallas, colegios universitarios, iglesias, ermitas, palacios, fuentes, fiestas religiosas y costumbres cotidianas.
“Relata toda la historia de Alcalá de Henares desde sus orígenes hasta el momento en que él vive, con todos sus monumentos, con sus santos, sus procesiones y su vida diaria. Es un relato verdaderamente fantástico de una ciudad del siglo XVII”, explica Rivera.
El manuscrito adopta la forma de 40 octavas reales, una estrofa poética propia del Siglo de Oro, con un lenguaje culterano y profundamente barroco. No se sabe con certeza por qué Moncayo escribió el texto: si fue para un certamen literario, un ejercicio académico o una carta personal. Lo que sí está claro es su extraordinaria formación. “Con 18 años tiene una cultura increíble. Cada vez que habla del río Henares lo relaciona con el Nilo o el Ganges, con la mitología clásica. Es una formación humanística de primer nivel”, subraya el catedrático.

Vista de Wyngaerde de Alcalá de Henares en 1565.

Vista de Wyngaerde de Alcalá de Henares en 1565.
La Alcalá de la “ciudad de Dios”
Desde el punto de vista urbano y arquitectónico, el valor del texto es incalculable. Moncayo describe una Alcalá que encarna el ideal de la “ciudad de Dios” promovido por el cardenal Cisneros: una ciudad universitaria al servicio del saber, la teología, la medicina y la fe, con colegios de todas las órdenes religiosas y centros destinados a estudiantes pobres.
“Cuando Alcalá fue declarada Patrimonio de la Humanidad se dijo que era el reflejo de la ciudad de Dios. Al leer a Moncayo, esa idea aparece con total claridad”, señala Rivera.
El joven autor demuestra un conocimiento sorprendentemente preciso del entramado urbano: distingue entre colegios mayores y menores, identifica barrios, recuerda la antigua Alcalá musulmana e incluso menciona su denominación romana, Complutum.
“Lo conoce todo: calles, palacios, fuentes, iglesias, la muralla, el paisaje… Es una cultura verdaderamente magnífica”, añade.

Alcalá de henares, en 1568, Pier María Baldi, Florencia. Cronista de Cosme III de Médicis en su viaje a España.

Alcalá de henares, en 1568, Pier María Baldi, Florencia. Cronista de Cosme III de Médicis en su viaje a España.
Una “fotografía” literaria irrepetible
Para los especialistas en patrimonio, el texto tiene además un valor añadido: describe una ciudad que hoy ya no existe tal y como era entonces. “La arquitectura que refleja es más completa que la actual. Hoy Alcalá es una ciudad industrial además de universitaria; en el siglo XVII era agraria y universitaria, y él la retrata con una precisión absoluta”.
Moncayo llega incluso a aportar datos demográficos, señalando que Alcalá contaba con unos 2.000 estudiantes, lo que permitiría calcular una población total de entre 9.000 y 10.000 habitantes. Décadas después, cifras similares aparecen en testimonios de viajeros extranjeros, lo que refuerza la veracidad del relato. “Es de tal puntualidad y delicadeza que podemos considerarlo un testimonio totalmente fiable”, afirma Rivera.

Francisco Coello, 1853. Alcalá de Henares.

Francisco Coello, 1853. Alcalá de Henares.
Un conquense en la gran universidad
Manuel Moncayo había nacido en Villaescusa de Haro, un pueblo de la Mancha de Cuenca que, lejos de ser marginal, contaba con una notable tradición cultural. A comienzos del siglo XVI se intentó fundar allí una universidad, proyecto que quedó inconcluso al ponerse en marcha la de Alcalá.
“Villaescusa de Haro era un lugar de personas muy importantes, con una población culta y muy conectada con España y América”, recuerda Rivera. Todo apunta a que Moncayo estudió en el entorno de los jesuitas, posiblemente en el Colegio Máximo de Alcalá. Sin embargo, su rastro se pierde después de 1654. “No vuelve a aparecer en la documentación. Es posible que ingresara en la Compañía de Jesús y marchara como misionero. Seguimos investigando”.

Actual estado del monasterio de Dominicos de Villaescusa de Haro (Cuenca) tras la reciente restauración llevada a cabo por la Diputación de Cuenca y el Ministerio de Fomento. / patrimoniohistorico.fomento.es

Actual estado del monasterio de Dominicos de Villaescusa de Haro (Cuenca) tras la reciente restauración llevada a cabo por la Diputación de Cuenca y el Ministerio de Fomento. / patrimoniohistorico.fomento.es
Un libro coral para entender el siglo XVII
La edición publicada por la Universidad de Alcalá reúne varios estudios que contextualizan y enriquecen el manuscrito. Javier Rivera analiza al personaje y la ciudad; Vicente Sánchez Moltó, cronista oficial de Alcalá, profundiza en la historia urbana y social; y Francisco Peña examina el texto desde el punto de vista filológico y literario, rastreando sus fuentes clásicas y renacentistas.
El volumen se completa con una versión actualizada del texto y un facsímil del original, fácilmente legible para el lector contemporáneo. “Es un librito pequeño, pero se inserta perfectamente en la gran cultura del Siglo de Oro”, resume Rivera.

Manuel Moncayo Molina, natural de Villaescusa de Haro (Cuenca), dejó por escrito en forma de carta manuscrita una descripción minuciosa de Alcalá de Henares en cuya universidad estudiaba.

Manuel Moncayo Molina, natural de Villaescusa de Haro (Cuenca), dejó por escrito en forma de carta manuscrita una descripción minuciosa de Alcalá de Henares en cuya universidad estudiaba.
Un viaje al pasado
Más allá del interés académico, el libro ofrece una experiencia casi sensorial. “Es como visitar Alcalá siendo un mosquetero del siglo XVII. Ves las plazas, las procesiones, las fuentes, el paisaje, la producción agrícola… Es antropología pura”, concluye el catedrático.
Un testimonio único que ilumina el pasado y desmonta tópicos sobre la España del Barroco, demostrando que, en plena contrarreforma, el conocimiento, la ciencia y la cultura florecían en una de las grandes universidades de Europa.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




