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El pulso del Ártico: el hielo que marca el ritmo del clima europeo

Juan José Sanz Cid, Investigador Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Nómada del viento: El pulso del Ártico: el hielo que marca el ritmo del clima europeo (03/02/2026)

Nómada del viento: El pulso del Ártico: el hielo que marca el ritmo del clima europeo (03/02/2026)

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Toledo

El hielo del Ártico atraviesa uno de los periodos más críticos desde que existen registros instrumentales desde 1978. En los últimos años, y especialmente durante el periodo 2024‑2025, la región ha mostrado un calentamiento acelerado que supera con creces la media global. Según el “Arctic Report Card 2025” de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), las temperaturas superficiales del Ártico entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 fueron las más altas jamás registradas, consolidando una tendencia que se viene intensificando desde principios del siglo XX . Este calentamiento ha provocado una pérdida de hielo marino tanto en extensión como en espesor, con un predominio creciente de hielo estacional más delgado y frágil. La atlantización —la intrusión de aguas más cálidas y salinas procedentes del Atlántico— está acelerando aún más este proceso, alterando la estructura térmica y ecológica del océano Ártico .

El invierno de 2025 marcó un nuevo récord mínimo de hielo invernal, un hito preocupante porque el hielo que se forma en esta estación es fundamental para la estabilidad del sistema durante el verano. La fragilidad del hielo ha alcanzado niveles sin precedentes, lo que afecta no solo a la dinámica oceánica, sino también a la fauna que depende de él. Por ejemplo, los osos polares del archipiélago de Svalbard encuentran cada vez más dificultades para desplazarse hacia el hielo denso del alto Ártico, ya que el deshielo temprano alrededor de las islas les obliga a permanecer en tierra firme, donde recurren a presas alternativas de menor valor energético, como huevos de aves o pequeños animales .

Este deterioro del hielo marino está estrechamente relacionado con la Oscilación del Ártico (AO), un patrón climático que describe las variaciones en la presión atmosférica entre las latitudes medias y el Ártico. Cuando la AO se encuentra en fase positiva, los vientos circumpolares se fortalecen, confinando el aire frío en latitudes altas y favoreciendo un Ártico relativamente más estable. En estos meses estamos en una fase negativa y esto tiene repercusiones en el continente europeo. En los últimos años se han observado fluctuaciones más intensas y frecuentes entre fases positivas y negativas, probablemente amplificadas por el calentamiento acelerado del Ártico. La pérdida de hielo marino reduce el contraste térmico entre el océano y la atmósfera, lo que puede debilitar el vórtice polar y favorecer irrupciones de aire frío hacia latitudes medias.

Estas alteraciones en la AO tienen consecuencias directas sobre el tren de borrascas que afecta a Europa. En fases negativas de la AO, el chorro polar tiende a ondularse, permitiendo que las borrascas sigan trayectorias más meridionales. Esto puede intensificar la llegada de sistemas frontales al continente europeo, especialmente al oeste y al sur, aumentando la frecuencia de episodios de lluvias intensas, temporales atlánticos y variabilidad extrema. Por el contrario, una AO persistentemente positiva suele desplazar el tren de borrascas hacia el norte, dejando a Europa meridional bajo condiciones más secas y estables. La creciente inestabilidad del Ártico está contribuyendo a que estas fases se alternen de manera más abrupta, lo que se traduce en un clima europeo más impredecible y con episodios extremos más frecuentes.

El “Arctic Report Card 2025” (https://arctic.noaa.gov/report-card/) también subraya que el Ártico ya no actúa como el “congelador” estable del planeta, sino como un sistema más cálido, húmedo e impredecible, con retroalimentaciones que afectan al clima global. La tundra se está volviendo más verde, los ríos muestran signos de oxidación por la liberación de minerales atrapados en el permafrost, y los ecosistemas marinos están experimentando cambios profundos en la distribución de especies y en la productividad primaria . Estos cambios no solo son indicadores del calentamiento, sino que también contribuyen a acelerarlo, ya que la pérdida de albedo por el retroceso del hielo amplifica la absorción de radiación solar.

En términos de biodiversidad, las consecuencias son profundas y multifacéticas. La reducción del hielo marino afecta a especies emblemáticas como el oso polar, la morsa y diversas aves marinas, que dependen del hielo para alimentarse, reproducirse o descansar. La alteración de las corrientes oceánicas y de la temperatura del agua está modificando la distribución de peces y plancton, lo que repercute en toda la cadena trófica. Además, la expansión de especies subárticas hacia el norte genera competencia por recursos y altera los equilibrios ecológicos tradicionales. En conjunto, el rápido deshielo y la inestabilidad climática están empujando a muchos ecosistemas árticos hacia umbrales críticos, poniendo en riesgo su resiliencia y su capacidad de adaptación en las próximas décadas.

Paisaje sonoro

Hoy vamos a escuchar el canto de especies que en estos días han comenzado a establecer sus territorios en los cuales los machos intentan atraer a las hembras. Tenemos al carbonero común (Parus major), la grajilla (Coloeus monedula) y la curruca capirotada (Sylviaatricapilla).

 

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