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Las monjas granjeras de Toledo dedicadas a la cría del conejo gigante español: "Le tenemos mucho cariño"

El Convento de San Antonio de Padua colabora desde enero en un proyecto de la Universidad Complutense para preservar esta raza en riesgo de desaparición

El vicepresidente de la Diputación de Toledo, Joaquín Romera, y la diputada de Medio Ambiente, Agricultura y Ganadería, Marina García, en la nave del Convento de San Antonio de Padua dedicada a la cría del conejo gigante español / Diputación de Toledo

El vicepresidente de la Diputación de Toledo, Joaquín Romera, y la diputada de Medio Ambiente, Agricultura y Ganadería, Marina García, en la nave del Convento de San Antonio de Padua dedicada a la cría del conejo gigante español

Toledo

El convento toledano de San Antonio de Padua se ha convertido en uno de los núcleos de cría más importantes del conejo gigante español. Desde el pasado mes de enero participan en un proyecto de la Universidad Complutense para evitar la consanguinidad y preservar esta raza autóctona, de gran valor histórico y genético, en riesgo de desaparición. Según el Ministerio de Agricultura, en 2024 había 67 hembras reproductoras en pureza en todo el país. Entre las paredes de este convento toledano se encuentra uno de los repositorios más importantes de la especie, con 36 ejemplares del gigante español: 20 hembras y 16 machos.

Las 11 monjas de clausura de San Antonio de Padua cuentan una sala de cría con todo lo necesario para favorecer el celo de estos animales. Todo empezó hace 30 años cuando la hermana Cristina Peset, albaceteña de raíces valencianas, recibió de sus padres dos de los conejos que criaban en el hogar familiar. "Valencia es la cuna del gigante español. Siempre lo habíamos tenido en casa. Mis padres me trajeron una parejita y empezamos a criar. Luego me enteré que estaba en peligro de extinción y eso nos ayudó a embarcarnos en esta aventura. Es muy gratificante", cuenta Peset a la SER.

Proporcionar los cuidados necesarios a estos conejos les supone un gasto anual de entre 6.000 y 7.000 euros, que sufragan con donaciones particulares y desde hace poco con una ayuda de 3.000 euros de la Diputación de Toledo para renovar parte de las jaulas. Un proceso laborioso al que se dedican Peset y otras dos hermanas, las tres monjas granjeras de este convento toledano que cuenta con una nave dedicada en exclusiva al gigante español y debidamente refrigerada para inducirles el celo. "No pueden bajar de los 16 grados ni pasar de los 23. Ya que nos hemos embarcado en la aventura, queremos que estén bien", justifica la religiosa.

Envían ejemplares a todo el país y algunos los exhiben también en ferias de cunicultura, donde han ganado varios galardones. Un convento que compagina la elaboración de los dulces y helados que elaboran -y que venden, sobre todo, a turistas- con la cría del gigante español, una raza que puede llegar a medir 96 centímetros y pesar hasta 9 kilos, con camadas, explica Peset, de hasta 21 gazapos. Sólo tienen autorización para la cría y para el estudio. Los permisos que necesitan y la inversión que requiere les ha disuadido, de momento, de montar un matadero para producirlos a gran escala. "Ahora lo que estamos haciendo es manteniéndolo y trabajando en distintas líneas para evitar la consanguinidad", insiste.

Una de las monjas granjeras del Convento de San Antonio de Padua en la sala dedicada a la cría del conejo gigante español / Cadena SER

Una de las monjas granjeras del Convento de San Antonio de Padua en la sala dedicada a la cría del conejo gigante español / Cadena SER

El Conejo Gigante Español -un cruce del conejo de Flandes, el berlier y el lebrel español- estaba presente en muchos de los corrales que poblaban España hace décadas, cuando este conejo, que destaca también por sus orejas de cuchara, formó parte, durante el franquismo, de la dieta de muchas familias. "Ha sido un animal que ha aportado mucho a la cultura española", recuerda Peset. Y aunque no pueden comercializarlos, alguno de los que no valen para cría o para exposiciones han pasado por sus fogones. "Su carne es exquisita. No tiene nada que ver con los conejos de granja".

Que sea más carnoso y que tenga un rendimiento por canal mayor que los conejos medios e híbridos que desplazaron al gigante español a partir de los 70 tiene mucho que ver con la alimentación que le proporcionan. "Nosotras lo criamos con muy poco pienso y lo alimentamos como antiguamente, con heno, cebada y un poco de maíz en invierno para aportarles un poco más de calorías. Cuidando mucho la fibra para que el animal no enferme de basquilla". La higiene es otra de las claves para garantizar la cría y que los gazapos sobrevivan al destete. "Cada dos días se limpia todo el excremento y una vez a la semana se fumiga".

Peset lamenta que en España se cuide poco, asegura, el patrimonio ganadero autóctono. "Estamos perdiendo un montón de razas, no sólo el conejo gigante, porque hay una apatía...", suspira. Y pide a las administraciones "que faciliten más los trámites para poder tenerlos en las casas y ayudas para seguir criando al gigante español". "Aunque económicamente sea una carga para la comunidad, nosotras estamos encantadas y le tenemos mucho cariño", zanja.

José C. Rejas

José C. Rejas

Redactor en SER Toledo desde 2021, se encarga de los informativos del fin de semana en la Cadena SER...

 

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