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¿Cuántos castillos podemos salvar? El patrimonio de Castilla-La Mancha, a debate tras los últimos derrumbes

Los recientes derrumbes como el del Castillo de Escalona o el de Almonacid reabren el debate sobre la conservación del patrimonio defensivo en Castilla-La Mancha, donde cerca del 80 % de las fortificaciones presentan carencias de intervención

Hablamos con Miguel Ángel Bru, doctor de arqueología medieval

Hablamos con Miguel Ángel Bru, doctor de arqueología medieval

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Castilla-La Mancha es una de las regiones con mayor concentración de castillos de toda Europa. Torres albarranas, recintos amurallados y fortalezas medievales se reparten por todo el territorio como testimonio de siglos de historia. Sin embargo, los recientes derrumbes registrados en el Castillo de Escalona y en el Castillo de Almonacid, hace menos de un año, vuelven a reabrir el debate sobre si realmente se está invirtiendo lo suficiente en la conservación del patrimonio histórico y, más allá, si se puede conservar todo lo que tenemos.

Para el doctor en arqueología medieval, Miguel Ángel Bru, que también forma parte de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, la situación actual refleja una realidad "desigual". Según cree el experto, solo una pequeña parte de las fortificaciones de la región se encuentran en buen estado de conservación.

Bru asegura que, aunque se ha conseguido intervenir en algunos grandes conjuntos históricos -como murallas urbanas o castillos situados dentro de ciudades-, la situación cambia cuando se trata de fortalezas aisladas o ubicadas fuera de núcleos urbanos. "La mayor parte de las fortificaciones tienen una carencia de intervención", afirma el arqueólogo, quien data que alrededor de un 20 % de los castillos se han rehabilitado o mantienen un estado aceptable, mientras que cerca del 80 % presentan problemas de conservación.

¿Es posible conservar todos los castillos?

La gran pregunta que surge tras episodios como los de Escalona o Almonacid es si realmente es viable mantener todas las fortalezas existentes. En una comunidad con decenas de castillos catalogados, el reto es enorme.

Según piensa el doctor Bru, conservarlos todos es complicado, pero sí considera imprescindible al menos una protección preventiva. El experto sostiene que muchas intervenciones no requieren grandes proyectos de restauración, sino actuaciones previas que permitan evitar derrumbes.

"Nos echamos las manos a la cabeza cuando ya se ha caído una torre o un muro, pero antes hay señales que permiten actuar", explica. Entre esas medidas, el especialista destaca la importancia de conocer con precisión cuántas fortificaciones existen y cuál es su estado real, algo que, según asegura, todavía no se ha conseguido de forma completa.

Un patrimonio en riesgo

El experto advierte de que muchos castillos presentan problemas estructurales que podrían agravarse, especialmente en años con abundantes lluvias como el actual. Bru recuerda, por ejemplo, el derrumbe de un lienzo de la muralla de Muralla de Toledo ocurrido hace unos años tras desviarse las salidas de agua.

Además, señala casos concretos que considera preocupantes, como el Castillo de Oreja, cuya torre señorial presenta una grieta que atraviesa la estructura. En caso contrario, la ciudad fortificada de Moya, donde una intervención reciente ha evitado el colapso de un gran lienzo de muralla.

Por eso, para Bru, la clave está en establecer prioridades claras y en incrementar la inversión pública. "No se trata de decidir qué castillos dejamos caer, sino de intentar llegar a los que están en mayor riesgo", sostiene.

Patrimonio, historia y turismo

Más allá de su valor histórico, el arqueólogo recuerda que estas fortalezas también son un importante recurso turístico para muchas comarcas rurales. Sin embargo, existe una contradicción entre el interés por atraer visitantes y la inversión real destinada a conservar estos monumentos. "Queremos turismo, pero no siempre queremos invertir en la protección del patrimonio", afirma.

Pero, a su juicio, los castillos no solo son un recurso económico, sino también una parte fundamental para comprender la historia del territorio.

El propio nombre de Castilla, recuerda el doctor en arqueología, procede precisamente de la gran cantidad de fortalezas que históricamente han definido este territorio. Mantenerlas en pie, afirma, es también preservar una parte esencial de la identidad histórica de la región.

Colaboración pública y privada

Otro de los retos es la gestión de muchas de estas fortificaciones. Una parte significativa de los castillos pertenece a propietarios privados o a pequeños municipios con recursos limitados. Según asegura Bru, la experiencia demuestra que el modelo más eficaz suele ser la colaboración entre administraciones y propietarios.

En su opinión, la cooperación institucional permite abordar proyectos que de otra forma serían inasumibles. El experto pone como ejemplo el trabajo desarrollado por el Consorcio de la Ciudad de Toledo, donde la cooperación entre diferentes administraciones ha permitido impulsar planes directores y actuaciones de conservación.

En cualquier caso, el arqueólogo insiste en que el reto sigue siendo enorme. "Lo importante es no dejar de actuar y seguir poniendo el foco en estos monumentos", concluye.

 

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