"No hay problema que un Tribunal solucione con la celeridad deseable para cualquier ciudadano... A veces llega a olvidarse y otras, incluso se muere antes de que se resuelva"
'Negociaciones', la firma de opinión del abogado y decano del Colegio de la Abogacía de Albacete, Albino Escribano

'Negociaciones', la firma de opinión de Albino Escribano
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Albacete
Creo que son todos Ustedes conscientes de los retrasos e ineficiencias de la Administración de Justicia en nuestro país. Si no lo han sufrido personalmente, seguro que lo pueden apreciar leyendo la prensa, oyendo la radio o viendo la televisión. No hay problema planteado ante un Tribunal que se solucione con la celeridad deseable, para que el ciudadano afectado pueda seguir con su vida. Al contrario, a veces llega a olvidarse de que tenía un pleito; oras incluso se muere antes de que se resuelva.
Nuestros legisladores, tan atentos a nuestras necesidades, introdujeron en 2025 un requisito más para poder acceder a la Justicia: la previa celebración de un medio adecuado de resolución de controversias. Eso viene a establecer la necesidad de negociar antes de pleitear.
Dirán Ustedes que eso no está mal. Y no lo está. El problema es que eso ya se hacía antes de que lo ordenase el legislador. Y en su nueva regulación, lo que hace es establecer unos requisitos que, en la práctica, pueden ser utilizados para dilatar aún más la resolución de los asuntos. Y eso no sólo por la parte interesada en ello, sino por las curiosas interpretaciones individuales de aquellos a quienes corresponde apreciar si se han cumplido esos requisitos.
Como pasa en casi todo, la regulación puede estar bien o mal, pero el problema se plantea en sus interpretaciones. Hasta que pase el tiempo y se estabilicen los criterios, se seguirán acumulando los problemas.
Pero sí que establece la regulación un requisito fundamental: que la actuación de las partes en la negociación o intento de acuerdo sea de buena fe.
Se ha discutido mucho sobre lo difícil que es apreciar un requisito tan subjetivo en muchas ocasiones. Pero en otras, se objetiviza de tal manera que esa falta de buena fe presupone la inexistencia de voluntad negociadora, haciendo impropia la actuación de quien dice que quiere negociar.
Así ocurre cuando en la negociación se introduce una amenaza o coacción. El simple hecho de ponerlo sobre la mesa implica la ausencia de voluntad de negociar al suponer el intento de suprimir una voluntad consciente y libre en la toma de decisiones.
Y eso es bastante frecuente. Desde la amenaza de rebelar hechos o de denunciar otros a la de destruir una civilización; la imaginación no tiene límites.
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DescargarQuizá pueda llegarse a un acuerdo en esas condiciones, pero desde luego no será libre. Y seguro que deja secuelas. Y las secuelas se arrastran en el tiempo.
No hay negociación sin buena fe.
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Hoy por Hoy Albacete (29/04/2026)




