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"Quería parar y tenía la botella en la boca": dos ex alcohólicos arandinos relatan la crudeza de su día a día

Alcohólicos Anónimos les ha ayudado a entender su problema, ponerle fin, y a darse cuenta de que sin beber se puede disfrutar de la vida incluso más

"Quería parar y tenía la botella en la boca": dos ex alcohólicos arandinos relatan la crudeza de su día a día

"Quería parar y tenía la botella en la boca": dos ex alcohólicos arandinos relatan la crudeza de su día a día

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Aranda de Duero

Un día dieron un ejercicio de valentía, seriedad, y esfuerzo, y dejaron de ser esclavos del alcohol para poder recuperar sus vidas. José Luis y Carlos son dos arandinos que forman parte de la Asociación de Alcohólicos Anónimos, un ente que ayuda a aquellas personas que se dan a la bebida, y que por este motivo acaban rompiendo su día a día: trabajo, familia, inquietudes...y salud. La mejor forma de entender el alcoholismo y todo lo que deriva es escuchando sus historias, sus duros testimonios, que en parte es lo que llevan en práctica en sus reuniones. Una de ellas, de carácter informativo, tendrá lugar este sábado a las 11.30 horas en la parroquia de Santa Catalina.

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"No quería beber, pero bebía"

José Luis desgrana su inicio de relación con el alcohol. Un 'matrimonio' que duró 22 años y del que afortunadamente se ha divorciado. "Yo estoy en un punto de seguir recuperándome. Estuve bebiendo desde los 14 años hasta los 36. Empecé de joven con los vinillos, y de ahí se alternó a beber más cantidad, y pasé la barrera de bebedor social a compulsivo. Nunca me han dicho que sea alcohólico, pero compartiendo experiencias con los compañeros y cotejando con lo que ellos me contaban y yo hacía, decía: yo también lo soy. No quería beber pero bebía", esgrime.

"Lo importante no es el tiempo que lleve sin beber, pero llevo 36 años sin hacerlo. Y se vive muy bien. Antes cuando estaba ‘en activo‘ pensaba que mi vida sería inactiva sin alcohol y resulta que es más divertida. La fiesta no la disfrutaba porque no me acordaba de nada, ahora la disfruto a tope", relata José Luis, sincerándose y explicando que la bebida "me condicionaba las amistades". "No perdí familia ni trabajo por suerte, conseguí mantenerlo, pero si hubiera seguido bebiendo me hubiera quedado sin nada. El alcoholismo es un rompedor de familias y de salud. Tocas fondo cuando te das cuenta de que la forma de beber que tienes no es normal. No fue por cuestiones familiares sino darte cuenta de que no quieres seguir así", añade.

Este pasado 15 de noviembre se conmemoraba el Día Mundial Sin Alcohol / Cadena SER

"Cada día podía beberme tres o cuatro litros de cerveza"

Carlos también cuenta su historia. Él es más joven y lleva menos tiempo sin 'pasar por el aro'. Ni ganas que tiene. "Yo pasé rápido de beber lo normal a hacerlo todos los días. Noté que era tan progresivo que estremecía. Bebía dos, tres, cuatro litros de cerveza a diario y parecía que mi cuerpo lo aceptaba, pero luego me dio problemas de salud; tenía el hígado delicado, tuve hepatitis, me salieron pólipos que tenían mala pinta y de hecho sigo recuperándome, y a nivel familiar si no había perdido su cariño cerca estuve. Por mi parte hubo mucho engaño de que podía dejarlo cuando quisiera, pero no podía. Decía que el lunes, el miércoles o desde mañana lo dejaba, y después de varios días sin nada al día siguiente me bebía todo lo que no me había bebido. Toqué fondo cuando el rechazo familiar era tal que ya se iban de casa. El estado de soledad, no estar en condiciones de ir a trabajar, el engaño constante a mí mismo cuando estaba tomando, cuando dejaba el vaso en la mesa, esconder bebidas en casa... Era como una esclavitud, una adicción que me acaparaba. Me levantaba a las 5 a beber una lata de cerveza, otra a las 8. Y veía las causas; el dolor, la desconfianza y el sufrimiento de mi familia", explica, orgulloso de "haberlo podido dejar" y de llevar "dos años y medios sin probar nada".

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Carlos se sentía rechazado, y ahora entiende "que me lo buscaba yo". "En lo que compartimos los compañeros vemos caminos muy radicales, a lo que te lleva el consumo de alcohol: a una enfermedad grave, un problema con la ley u otra familia, un accidente, o incluso a un manicomio, porque puedes cometer atrocidades. Y lo último es solicitar ayuda, que es lo que elegí yo. Pensaba que ya no podía gobernar mi vida y tenía que poner una solución", explica.

La asociación, su salvavidas

La vida de estos dos ex bebedores es la que es gracias a Alcohólicos Anónimos. "Es un programa de recuperación personal, con los 12 pasos y las 12 traiciones. Los pasos es cómo vamos cambiando los estereotipos de conocernos, ir trabajando poco a poco, y cambiar el pensamiento de cuando bebíamos", cuenta José Luis. "Nos tenemos que dar cuenta de que la sociedad aún en general ve a la persona alcohólica como una persona dejada y alejada. Y tiene un mal estigma, aunque parece que se va entendiendo poco a poco un cambio de vista. Pero el que no ha entendido el problema no sabe lo que es. El que tiene el problema te pregunta cómo paro, porque tú quieres parar pero no sabes cómo. Yo quería parar y tenía la botella en la boca. Te das cuenta del momento que tenemos. Y de que te tienes que centrar en vivir el momento", asevera.

El único requisito para formar parte es tener deseo de dejar la bebida, aunque "hay miembros que a veces hasta llegan bebidos". "Yo podría decir que Alcohólicos Anónimos no es para mí porque ya no bebo desde hace 36 años, pero me viene bien; lo primero porque cuando llegué alguien que no bebía me estaba esperando, incluso los mismos fundadores. Y espero a la persona a la que pueda ayudar, porque indirectamente, esa persona me ayuda a mí. Mi objetivo es seguir creciendo como persona, y mantener la idea de que si quiero estar bien no debo beber ni un gramo", afirma convincente José Luis.

Carlos, por último, relata cómo fue su primer día con este colectivo. "Yo el primer día me sentía avergonzado, pero una de las ventajas que me llamó la atención es el anonimato. Es una de las tradiciones, y luego me sentí tan bien recibido, y me contaban sus historias con tanta tranquilidad que me sentí seguro. Dije, si ellos lo han conseguido, yo también puedo. Y se puede con voluntad. Puliendo tus defectos. Si estás bien curtido y fortalecido, el tiempo te hace ganar, pierdes el estigma, yendo a Alcohólicos Anónimos recuerdas lo que has sido y quieres ser. Por eso coges enfoques buenos. Te das cuenta de lo que no quieres volver a vivir y sufrir", sentencia, en una charla que puede reproducirse en el audio superior.

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