Opinión

Orgullo de pertenencia

La Firma de Borja Barba

Orgullo de pertenencia. La Firma de Borja Barba

Palencia

Somos meros transeúntes en la historia. Deambulamos en el tiempo sin ser del todo conscientes de que nuestra huella, y muchas de nuestras obras, nos sobrevivirán en la eternidad.

Somos, además, seres de naturaleza nostálgica. La memoria y los recuerdos funcionan como un cobijo ante un futuro incierto. Una manera de guarecerse ante la tempestad y de sentar unas bases sólidas sobre las que descansar durante episodios inciertos. Por eso me gusta creer que honrar nuestro pasado, perpetuando su esencia, es la mejor manera de construir un porvenir más digno y seguro.

El pasado domingo, representantes de hasta cincuenta y ocho poblaciones pertenecientes al histórico Reino de León se reunieron en Poza de la Vega para levantar al aire las enseñas de sus respectivos pendones concejiles, en un alarde de identidad local que va mucho más allá de sacar un paño apolillado del fondo de la iglesia y enarbolarlo sujeto a un mástil.

El uso del pendón sumerge sus raíces en su empleo como enseña militar y distintivo de las diferentes mesnadas y milicias que guerreaban en ese vasto campo de batalla que eran, diez siglos atrás, los suelos que ahora pisamos. Con el tiempo y el desarrollo de los ejércitos, el uso militar del pendón concejil dejó de tener sentido y pasó a ser utilizado en celebraciones de todo tipo, tanto civiles como religiosas.

Los imponentes paños adamascados, ondeando con furia frente al viento desde las alturas, forman parte fundamental del abundante patrimonio etnográfico de muchos de nuestros pueblos. Y, aún más allá, constituyen una manifestación de municipalismo y del poder y la autoridad emanados del pueblo, en una prolongación a través de los siglos de aquellos antiguos concejos abiertos de la Alta Edad Media.

Reza un aforismo tradicional que “las campanas y el pendón, del pueblo son”. Y es en base a esta idea, de profunda raigambre, de donde surge el significado de estas vetustas enseñas. De la ostentación del poder popular y la representación de la propia comunidad.

Los pendones concejiles, como los cincuenta y ocho que ondearon el domingo en Poza de la Vega o los que se pujarán el próximo día 8 de octubre

en Cervera de Pisuerga en la celebración del Día de la Provincia, son aquello que nos distingue e identifica y que nos hace únicos en un mundo globalizado hasta el extremo. Aquello que exalta nuestro orgullo de pertenencia a una determinada comunidad. Y son, sobre todo, una potente muestra del poderío que tiene la ignorada España rural cuando aúna esfuerzos e intenciones.

¡Alzad pendón!