Ocio y cultura

Gozo, una isla para reflexionar el ocio

Nuestro hurón literario, Óliver Álvarez, husmea entre las páginas de Gozo, la novela de Azahara Alonso

Gozo, una isla para reflexionar el ocio

En su libro, Azahara Alonso (re)construye un peculiar año sabático insular hilando reflexiones y experiencias en torno al tiempo libre, la tiranía de la productividad, la precariedad o el turismo y los espacios reducidos a parques de atracciones.

Encabeza la historia una sugestiva frase de María Zambrano: las islas son el regalo hecho al mundo en días de paz para su gozo. Aunque fue en una isla también donde cuentan que se pergeñó el Apocalipsis, o Libro de las Revelaciones, y de ahí que se llamara a San Juan el Águila de Patmos. Si el evangelista hablaba de que el verbo se hizo carne, Azahara de Gozo sostiene y muestra en este libro (cuyo lirismo tiene poso de evangelio íntimo, de revelación, rebelión y elogio de la pausa) que pensar es su manera de sentir.

El libro sobrevuela y hurga al mismo tiempo el caramelo envenenado del trabajo (la cruz de su ausencia, lo precario: las expectativas, inercias e imperativos sociolaborales); la prisa patológica del mundo civilizado, el utilitarismo a ultranza, el placer culpable del dulce no hacer nada (tan parecido a la escritura, pero con menos prestigio); la sobrexposición que opaca los paisajes, reducida toda experiencia a escaparate y píxel: somos extranjeros en tierras conquistadas por turistas. Sensaciones e ideas sustancias a través de una escritura sugerente e intuitiva de tragos cortos y lúcido aliento, de lecturas cruzadas, cercana, concisa. Los misterios gozosos del fragmento, de lo orgánico.

Todo comienza cuando, siguiendo su vocación de comprar tiempo con dinero y aislarse de la inercia y alienación productiva, la protagonista del libro homónimo se escapa a Gozo para gozar de algo parecido a un año sabático −ya saben: tornarse idea, ordenar la prisa, detener distancias−. Ya de vuelta, re(des)ubicada en el sistema más de una década después −porque el cuerpo abandona los espacios, pero en la mente insisten y percuten los lugares como palabras en la punta de la lengua−, de aquellos apuntes del natural y espliego asentado durante estos años (el lenguaje es el taxidermista del recuerdo), Azahara Alonso ha armado un híbrido de crónica de viaje y diario ensayístico con cuajo de novela que tiene como espoleta discursiva una pregunta contundente y desplegable como un aforismo, marca de ceniza en la frente de la tribu: ¿En qué momento mi vida empezó a ser accesible solo en vacaciones?

Invocación íntima y coral que apela −y desvela− a la sociedad misma como una ansiedad a lo Santa Teresa hackeada por la economía de mercado: vivimos sin vivir en nosotros postergados en el ocio. Y ni siquiera es seguro que allí lleguemos a encontrarnos o reconocernos: en los viajes parecemos una ficción de nosotros mismos. Con cierto humor y sin rehuir lo contradictorio, lírica, críticamente, Gozo rompe una lanza a favor del dolce far niente. Su divisa bien podría ser aquel fraseo de Javier Ibarra: yo nunca hago nada y así nada se queda sin hacer.

Para más contenidos sobre este y otros libros, pincha en https://oyeyleelos.blogspot.com/

Gozo, una isla para reflexionar el ocio