Es sentirlo o no sentirlo, porque si no sientes a las personas, no puedes sentir el Aranda que las habita
La opinión de Valentín García

Es sentirlo o no sentirlo, porque si no sientes a las personas, no puedes sentir el Aranda que las habita
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Hoy es un día difícil por muchos motivos, pero uno está en ese momento de la vida en el que da importancia a lo realmente relevante, consciente de que esto es relativo y que cada persona ordena sus preferencias como considera oportuno. Confieso que tenía preparada una respuesta al monólogo del portavoz de Sentir Aranda, Guillermo López, el pasado lunes en la SER, pero en tono humorístico, irónico...para expresar que la crítica se puede aceptar de ese modo más simpático, y rebajando la dimensión de lo que fue y pretendió ser. Pero lo he dejado aparcado, porque esto para mí no alcanza ni la condición de secundario.
Si a Guillermo López le quita el sueño la SER, o Valentín, o su intento de controlarnos, es su actitud y la respeto, pero no la comparto, ya lo siento… A mí lo que me hace inmensamente feliz es estar al lado de una mujer increíble de la que aprendo cada día y cuya lucha conjunta superando una enfermedad está por encima de todo y de todos. Su ejemplo, su actitud ante la vida, su vitalidad, y saber que se está ganando la batalla más importante que te impone la vida que es superar obstáculos que afectan a la salud, son el estímulo que necesito para saber que el resto de situaciones no representan ni un problema, ni una carga, ni hay palabras ni discursos ni actitudes que puedan hacernos daño por más ataques cobardes e intencionados que desde las redes sociales puedan realizarse, o de quienes amparan y alimentan estas vías de comunicación. No tienes ese poder Guillermo, ni lo tiene otra pareja muy identificada por todos cuya vida se reduce o limita a hacer daño allá por donde pasa. No tenéis esa capacidad de hacernos daño, porque me basta mirar a Cristina, para sentir todo lo que necesito en la vida.
Me afecta y me duele que mi amiga y hermana Isabel Martín, compañera periodista de Diario de Burgos, hoy, entierre a su abuela, y esta mañana me dijera que su madre Mari Carmen, una tercera madre para mí, se nos ha ido. Sin avisarnos, ni tiempo de despedirnos de ella. Me reconfortan los momentos vividos con Isa, con su madre, con su padre Luis -ya en el cielo-, y con su hermano Kike, que de niño y adolescente fue un hijo adoptivo para mí. Y me reconforta sentir el calor de nuestros abrazos esta mañana, el calor de quienes nos decimos que nos queremos, y nos unimos y protegemos a través de sentimientos compartidos, para cruzar juntos una etapa de enorme dificultad emocional, en la que detectas que el factor humano sana, acompaña y abriga. Me alimenta un abrazo, una lágrima compartida, pero sinceros, de contacto personal. Con Isa esta mañana, o la semana pasada con la familia socialista, rota por el dolor de perder a Ángel Rocha. Es sentirlo o no sentirlo, porque si no sientes a las personas, no puedes sentir el Aranda que las habita.
Viniste el lunes, Guillermo, acompañado y con premeditación, habiendo elegido el momento, el lugar y las circunstancias, y quizá esperando reacciones desaforadas de la familia de la SER. Y ya viste, que soltaste tu monólogo, escupiste lo que te dio la gana destilando odio, y nadie te dijo nada porque esta otra familia que me acompaña cada día. Es así… da valor a las personas y al interior de las mismas. Por eso ocupamos el lugar que ocupamos en el corazón de las personas, porque hacemos las cosas con alma. Somos como somos y no renunciamos a serlo: las presiones y los ataques no van a influir en que sigamos mirando a la vida como lo hacemos, con compromiso por el territorio y convencidos de que no todo vale.
Y si tan preocupado estás por mi formación como periodista, mira a mi alrededor. Tengo a tantas maestras y maestros de los que he aprendido cada día como Fernando, Elena, Vicente, Jorge, Isa, Cristina García, Beatriz, Aurora, Jesús, Juan Carlos… que es difícil que algo, por muy poco que sea, no se me haya contagiado por muy torpe que yo pueda ser. Y por cierto, cuando hablo de familia de la SER, incorpora a cada una de las personas que nos acompañan en este viaje, colaboradores y analistas (también alguna mujer aunque no todas las que nos gustaría), a quienes debemos gratitud eterna. Son familia y son libres, como nosotros. Libres de expresarse y de opinar, como hiciste tú el lunes, en la SER.
Siento decirte Guillermo, que no eres importante, ni mínimamente representativo en mi vida. Ni tú, ni la política, a la que sí concedo el valor de poder mejorar la vida de las personas si se ejerce con una nobleza y honestidad que no he detectado en ti. Soy uno más, como María de las Viñas Ortuño, Ildefonso, como Chagartegui, Alejandra, Cristina, Ana Rilova, Goretti, Ruth y otros tantos anónimos. Uno más en el foco de vuestros ataques, porque veis enemigos para lograr vuestros propósitos. Pero de verdad, si te preocupa el tiempo que ocupáis en mi vida, no te ofendas, prácticamente ninguno, y solo el estrictamente necesario en el ámbito de una profesión para la que nací y que para mí es un privilegio poder ejercer en la mejor empresa de comunicación que existe con los aciertos que nacen de quienes me acompañan y los seguramente muchos errores propios.
Te agradezco la recomendación que me hiciste por antena aun cuando te negaste a debatir conmigo, sobre el libro de estilo de la SER que me he leído en cada una de sus ediciones. Acepta mi sugerencia literaria porque también leo: ‘Cómo mueren las democracias’. En Todo Libro, mis amigos Lorena e Iván te lo consiguen. Es más, acepta que yo te lo pueda regalar como signo de que no albergo ninguna animadversión hacia ti.
A quienes pueda haber decepcionado esperando una respuesta más contundente por mi parte, siento haberles decepcionado, pero no dejaré de ser como soy y, en esta etapa de mi vida, incluso apoyarme en tantos y tantas que os abrazáis a todas estas familias a las que pertenezco. Hoy Isabel, mi amiga y hermana, sabrás apreciar cuanta gente te queremos hasta lo infinito.




