Postales de Palencia. La de Cisneros y el cardenal
Borja Barba nos acerca esta semana hasta la localidad de Cisneros
Postales de Palencia. La de Cisneros y el cardenal
Palencia
La población de Cisneros se levanta, modesta y discreta, como los adobes extraídos de la misma tierra que pisamos. Como si los mismos terrones rojizos de los que hoy brota tímido el cereal tomasen conciencia de su relevancia para dar forma, relieve y silueta a la población. Haciéndose arquitectura bajo el inmenso cielo terracampino y erigiendo un oasis de vida en esa Castilla yerma, de inhalación profunda y acento recio, que la rodea.
En la impersonal pared del antiguo pósito de cereales, el spray y el pincel han convocado a la memoria del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, aquel hijo de la estepa castellana que vistió de púrpura escarlata sin llegar a olvidar nunca el tacto áspero de la arcilla y los cortes del viento como cuchillas afiladas en el rostro. Uno de los diseñadores de la España moderna que aquí emerge señorial entre viejas naves agrícolas y edificios en abandono.
Reflejando nuestra memoria como ese quimérico museo de formas inconstantes al que aludía Borges, la efigie del ilustre clérigo renacentista se despliega como la página de un libro abierto sobre la que cada vecino y cada visitante tiene su propia interpretación. Hay quien observa un pasado glorioso, bajo la amargura del que sabe que ya no volverá. Otros aprecian un orgullo firme frente a los envites de los siglos, personificado en la figura del implacable regente.
Es este mural una muestra de que el arte contemporáneo puede ser utilizado como un conjuro mágico para detener el tiempo y encapsularlo en la mole vertical de color amarfilado de un viejo almacén. Como ocurre aquí en Cisneros. O en las vecinas Frechilla y Castromocho. Desde allí, desde una obra de arte surgida de la siempre productiva colaboración entre sector público y privado, vigila el Cardenal los dominios de su linaje. Lo hace dirigiendo su mirada severa al crudo horizonte palentino. Como si quisiera escrutar, valorar y encauzar su incierto futuro. Viviendo de manera póstuma desde un mural monumental que es piel agrietada y pared desconchada. Orgullo y recuerdo. Desde un lienzo arquitectónico que entreteje la cultura pop con la tradición secular para modelar un salvavidas que rescate el orgullo de Cisneros del oleaje feroz del olvido y la desmemoria. Haciendo ver al mundo que sus poderes, sus verdaderos poderes, no eran los cañones y la maquinaria bélica, sino sus orígenes humildes y castellanos. Y recordándonos que la historia revive cada vez que alguien dirige su mirada hacia ella. Incluso a través de un mural pintado sobre un viejo silo de cereal.