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Puro David Izquierdo: cuando la cocina se encuentra con la vida

El cocinero y pensador comparte micrófonos con Luis Merino, cirujano de profesión y apasionado de la gastronomía, una voz respetada y a veces incómoda dentro del mundo culinario.

Puro David Izquierdo, 6 de marzo de 2026

Puro David Izquierdo, 6 de marzo de 2026

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Aranda de Duero

En Puro David Izquierdo siempre se habla de cocina, pero también de algo mucho más amplio: de la vida, de las personas y de todo lo que ocurre alrededor de una mesa. Hoy David ha querido compartir micrófonos con un invitado tan singular como brillante. Un profesional de la salud, cirujano de profesión, pero también un apasionado de la gastronomía que se ha convertido en una voz respetada, y a veces incómoda, dentro del mundo culinario.

Su nombre es Luis Merino, y aunque muchos lo consideran crítico gastronómico, él prefiere definirse de otra forma mucho más sencilla: “un disfrutón de la cocina”.

La relación de Luis con la gastronomía viene de lejos. Aunque su vocación por la medicina apareció muy pronto, con apenas tres años ya soñaba con ser cirujano, el amor por la cocina lo aprendió en casa. Su madre fue durante años jefa de cocina en el conocido restaurante Lagar de Milagros, y de ella heredó el respeto por el producto, la técnica y la honestidad en los fogones.

Una herencia que explica por qué para él “medicina y cocina no están tan lejos como podría parecer”. Ambas profesiones, dice, tienen algo esencial en común: “se hacen para las personas. Cuidar la salud o satisfacer el hambre son, al fin y al cabo, dos maneras distintas de cuidar a los demás”.

La palabra clave: honestidad

Si hay un concepto que define su forma de entender la gastronomía “es la honestidad”. Para Luis Merino, da igual que “un menú cueste 12 euros o 400. Lo importante es que haya verdad en el plato, producto de calidad cuando el precio lo exige. Respeto por el comensal. Y coherencia entre lo que se promete y lo que se sirve”.

En su opinión, el gran riesgo de la alta cocina actual es haber convertido a algunos chefs “en auténticas estrellas mediáticas”. Y aunque reconoce el enorme valor del trabajo de los cocineros, recuerda que “la esencia del oficio sigue siendo la misma: hacer feliz a la gente a través de la comida”.

Luis tiene más de 18.000 seguidores en redes sociales y ha publicado miles de reseñas gastronómicas. Pero insiste en que su mayor valor es la independencia y “mi libertad porque no tengo ningún interés detrás en decir lo que digo”.

No tiene restaurantes, ni intereses en el sector, ni busca invitaciones ni colaboraciones. De hecho, paga siempre sus cuentas y evita identificarse cuando reserva mesa: “Esa libertad es la que me permite decir lo que pienso, incluso cuando sus opiniones generan polémica dentro del sector gastronómico”.

Tras visitar más de 200 restaurantes con estrella Michelin y salir a comer fuera una media de veinte veces al mes, Luis defiende una visión clara de lo que debe ofrecer un restaurante: “En primer lugar, producto. Después, servicio. Y por último, una experiencia que justifique el precio. Porque cuando un menú alcanza cifras de 300 euros o más, el comensal espera encontrar ingredientes excepcionales y un nivel de cocina que esté a la altura”. Cuando eso no ocurre, afirma sin rodeos, “el restaurante está vendiendo humo”.

El plato que lo lleva a casa

A pesar de su recorrido por restaurantes de todo el mundo, el plato que más lo emociona sigue siendo uno muy sencillo: una merluza rellena de gambas que preparaba su tía. De hecho, fue la receta que decidió cocinar cuando intentó entrar en MasterChef. Un homenaje familiar que resume perfectamente su manera de entender la cocina: “memoria, producto y emoción”.

Como médico, también quiso dejar un consejo sencillo pero contundente sobre alimentación: “comer producto real, evitar precocinados, apostar por el mercado y aprovechar la enorme riqueza gastronómica de España, donde una pescadería de barrio puede ofrecer más de quince especies diferentes de pescado, un privilegio que muchas veces olvidamos”

Durante la conversación también hubo tiempo para hablar de la gastronomía ribereña. Luis Merino defendió “el enorme patrimonio culinario de la zona y destacó el valor de su cocina tradicional, con el lechazo como gran bandera”. También lanzó un pequeño reto: “abrir la puerta a más propuestas nuevas y ampliar la oferta gastronómica para seguir evolucionando como destino culinario”.

Al final, la charla en Puro David Izquierdo volvió a demostrar algo que David repite muchas veces: “la cocina es mucho más que comida. Es conversación. Es memoria.Es cultura. Y, sobre todo, es una manera de entender la vida”.

 

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