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El viaje que cambió la mirada de Benja Hernando en Guatemala

El cooperante de ASORIDO, al término de su proyecto número 22, relata una de las experiencias más duras de su vida entre pobreza extrema, violencia e historias que no se ven

El viaje que cambió la mirada de Benja Hernando en Guatemala

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Aranda de Duero

Hay realidades que permanecen fuera del foco, pero que interpelan directamente a la dignidad humana. Hasta una de ellas ha viajado Benja Hernando, cooperante de ASORIDO, que acaba de regresar de Guatemala, concretamente de la región de Quiché; un territorio marcado por el conflicto y el olvido donde miles de personas viven en condiciones extremas. “Ha sido una montaña rusa de emociones”, reconoce. Y no es una frase hecha. Lo que ha visto allí -y, sobre todo, lo que ha escuchado- le ha dejado una huella difícil de borrar.

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Uno de los momentos más impactantes de su viaje ocurrió en una pequeña escuela rural, en un “pueblecito muy pequeño, una escuela apartada y olvidada”. Allí, tras recorrer las aulas, decidió hacer algo sencillo: preguntar a los niños qué necesitaban. “Pensabas que iban a decir pinturas, cuadernos o juguetes”, explica. Pero la respuesta fue otra muy distinta. “Me pedían arroz, leche, plátanos, patatas, aceite, azúcar, sal, queso, spaguettis y cualquier tipo de fruta”, expresa. Esa lista, que él mismo define como “la carta de los Reyes de estos niños”, resume la crudeza de una infancia donde no hay espacio para el deseo, solo para la necesidad.

Expedición de ASORIDO 2026 en Guatemala

Expedición de ASORIDO 2026 en Guatemala

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Un país donde “la vida no vale nada”

Aunque Hernando ha trabajado en numerosos contextos de pobreza, Guatemala le ha impactado de una forma distinta. En parte, explica, por la cercanía lingüística- “No existía la barrera del idioma y eso me ha permitido sacar una esencia que en otros países no sacas”. Pero también por la inseguridad. “La vida no vale nada”, afirma con rotundidad. “Allí te quieren robar y si no entregas, te pegan un tiro, sin ninguna duda”. El cooperante describe un entorno donde la violencia es cotidiana y la impunidad, alarmante. “Un violador o un ladrón tiene un 92,8% de probabilidades de que no le pase nada. Eso es la jungla”, detalla.

Esa realidad se traduce en una forma de vivir marcada por la alerta constante. “Tienes que salir a la calle pensando que te van a robar”, explica. “Te metes el dinero en sitios escondidos, el móvil en el calcetín… siempre prevenido”, añade.

Soledad hasta el final

Entre los lugares que visitó, hubo uno que le tocó especialmente: una residencia de ancianos que acoge a personas sin familia. “Recogen ancianos que no tienen a nadie, que están abandonados y viven en la calle”, relata. Allí reciben cuidados hasta su muerte. Pero hay un detalle que le impactó profundamente: “Cuando alguno muere, no va nadie al entierro”. El centro sobrevive únicamente gracias a donaciones. “No tiene ningún apoyo del gobierno”, subraya. Una realidad que evidencia el abandono institucional que sufren los más vulnerables.

Expedición de ASORIDO 2026 en Guatemala

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Expedición de ASORIDO 2026 en Guatemala

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Sobrevivir entre la basura

Si hubo una experiencia que marcó un antes y un después en este viaje fue la visita a un vertedero, donde familias enteras viven de los residuos. “Es una de las cosas más fuertes que he visto a lo largo de mi trayectoria”, admite. Allí vio “casas de plástico, chapa y madera” y personas cuya única forma de vida es rebuscar entre la basura. Donde trabajan hasta niños. “Su trabajo es andar por encima de montañas de basura y coger cosas que todavía pueden tener valor”, explica. A veces, incluso comida.

A pesar de todo, Hernando insiste en destacar la humanidad de las comunidades indígenas. “Son gente muy amable, muy humilde, muy honesta”, asegura. También resalta la fuerza de sus tradiciones. “Es como hacer un viaje en el tiempo”. Sin embargo, esa riqueza cultural convive con un problema estructural: la desnutrición. En medio de tanta dureza, hay algo que sostiene emocionalmente a Hernando: el apoyo de quienes le acompañan desde la distancia. “Cuando estás allí estás mucho más sensible y los mensajes de ánimo ayudan un montón”, reconoce. Y entre todos, hay una persona clave: su madre. “Quería dedicar este proyecto a mi madre, Alicia”, dice emocionado. “Aunque no esté conmigo, siempre está a mi lado… es la persona más importante para mí”, sentencia poniendo en valor el que ha sido uno de sus proyectos "más duros, pero también más enriquecedores".

 

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