Postales de Palencia: La de la señal de Carrión
Borja Barba nos lleva hoy a rememorar la tradición ganadera de ovino que siempre ha existido en la provincia a través de la señal ubicada en Carrión de los Condes

Postales de Palencia: La de la señal de Carrión
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Palencia
Creo que no me equivoco si afirmo que muchos de nosotros compartimos un imaginario particular asociado a nuestra provincia en el que decenas de algodonosos y polvorientos rebaños de ovejas campean por nuestro paisaje en busca de brote tierno. La escena de la nube de vellón paciendo dócil en la rastrojera va asociada de manera indisoluble al paisaje de Tierra de Campos. Como esas tierras construidas pintadas por Félix Cuadrado Lomas o como el chillido agudo y desvanecido del milano. Son pinceladas que describen un territorio.
La ganadería de ovino en extensivo forma parte de un ecosistema sociocultural que no solo responde a criterios de productividad económica. También lleva aparejado un fuerte componente etnográfico, fruto de la simbiosis cultivada durante siglos entre el ser humano y la actividad pastoril en estas tierras duras y ásperas. Un sincretismo que encontró acomodo en los campos llanos y dilatados de cereal y que lucha a día de hoy por una supervivencia más entredicha que nunca en toda su historia. Se enfrenta el pastoreo a los arduos problemas de esta reconversión agroganadera encubierta y a la lenta agonía de un campo desorientado y que aún desconoce lo que las instituciones esperan de él y lo que puede él esperar de las instituciones.
Tan notoria fue la incidencia de la actividad pastoril en buena parte de nuestra provincia, que hay localidades que la convirtieron en parte de su devenir diario. Al visitante que llegue a Carrión de los Condes, sin duda atraído por su exuberante arte sacro, por la peregrinación jacobea o por la repostería clarisa para aquellos que quieran saltarse el capítulo cultural, le llamará la atención una señalización de tráfico insólita. Una singular señal vertical, de forma redonda, color rojo sobre fondo blanco e imagen en negro de una oveja merina, que advierte de la prohibición de la circulación de rebaños de ovejas por el casco urbano. La podrá encontrar en la calle Hortaleza, muy cerca de la Iglesia de San Andrés. Semiescondida como reducto de un pasado no demasiado lejano y ejerciendo de testigo de una historia ceñida al cuajo, al esquileo y al cordero lechal.
Palencia sigue siendo una tierra de horizontes extensos y que saben atardecer con plena gloria. Un mapa sonoro en el que aún se perciben los ecos lejanos de los balidos, de los cencerros y del pastor arreando al rebaño. O quizá es solo la parte de nosotros que vive encerrada en nuestros recuerdos. Reflejada en los detalles más nimios que se presentan ante nuestros ojos. Como una señal de tráfico insumisa al código de circulación y anclada junto a una pared de adobe en cualquier esquina de un pueblo castellano.




