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Educar entre normas y afecto: el equilibrio de los roles en la crianza familiar

Ramiro Curieses analiza la figura del 'poli bueno' y el 'poli malo' en la crianza y defiende la necesidad de coherencia y negociación entre progenitores

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El educador Ramiro Curieses ha centrado su espacio semanal en una reflexión sobre los roles que asumen madres y padres en la educación de sus hijos, una dinámica habitual en muchas familias que suele identificarse con la figura del “poli bueno” y el “poli malo”. Durante su intervención, Curieses subrayó la importancia de establecer límites claros y normas consensuadas como elemento clave para el desarrollo emocional y la seguridad de los menores.

Según explicó, en la mayoría de los hogares uno de los progenitores acaba asumiendo el papel más firme, encargado de imponer normas y decir “no”, mientras que el otro adopta un rol más permisivo. Una situación que, aunque frecuente, debe ser revisada y negociada para evitar desequilibrios en la educación. “Poner límites es incómodo, exige tiempo y constancia, pero es extremadamente beneficioso para los hijos”, señaló.

Curieses destacó que estos roles no siempre son impuestos de forma consciente, sino que se van asumiendo con el tiempo, y advirtió de los riesgos de que los niños identifiquen a uno de los padres como la única figura de autoridad. En este sentido, defendió la alternancia de papeles y la necesidad de que ambos progenitores mantengan una postura común frente a las decisiones importantes.

El educador insistió en que la comunicación previa entre los adultos es fundamental antes de negociar con los hijos cuestiones como horarios, normas o permisos. “Los desacuerdos deben resolverse entre los padres y nunca delante del niño”, afirmó, recalcando que la coherencia refuerza la autoridad parental y evita conflictos futuros, especialmente en etapas delicadas como la adolescencia.

Durante el espacio, también abordó las dificultades añadidas en situaciones de separación o divorcio, donde, a su juicio, existe una mayor tendencia a evitar el papel de autoridad por miedo a perder el afecto de los hijos. Una estrategia que, según advirtió, puede generar problemas a largo plazo si se basa en concesiones continuas.

Curieses concluyó recordando que educar no es buscar la satisfacción inmediata, sino pensar en el bienestar futuro de los hijos. “No nacemos con un manual de instrucciones, pero cuantas más herramientas y estrategias educativas tengamos, mejor será para ellos y para nosotros”, afirmó, animando a las familias a reflexionar sobre su forma de criar y a reforzar una educación basada en el equilibrio, la constancia y el diálogo.