El día que Fontaneda estalló: la retención de directivos que marcó las movilizaciones por el cierre de la fábrica
Un conflicto laboral que saltó de Aguilar de Campoo a toda España

Recordando el conflicto de Fontaneda en su punto álgido / Cadena ser

Palencia
La crisis de Fontaneda no fue solo el final de una fábrica histórica. Fue también uno de los conflictos laborales más duros y simbólicos de la última etapa industrial en Castilla y León. Entre protestas, encierros y marchas, hubo un episodio que convirtió el caso en noticia nacional: la retención durante horas de varios directivos de la empresa por parte de los trabajadores, en pleno estallido social contra el anuncio del cierre.
Aquel suceso, ocurrido en el marco de las movilizaciones de 2010, sintetizó la desesperación de una plantilla que veía desaparecer, de un golpe, décadas de empleo, identidad y futuro en la Montaña Palentina. Un conflicto que, pese al desenlace traumático, acabaría teniendo un segundo capítulo años después con la llegada de un nuevo propietario: el grupo Siro.
El anuncio del cierre y el inicio de la rebelión obrera
Fontaneda, fundada en 1881 y emblema de la galletera española, llevaba años en manos del grupo Nutrexpa cuando se comunicó el cierre definitivo de la planta de Aguilar de Campoo. La decisión suponía la pérdida de cerca de 200 puestos de trabajo directos, además de un impacto económico profundo en toda la comarca.
La respuesta fue inmediata. Asambleas, concentraciones y cortes de tráfico marcaron los primeros días de protesta. La plantilla denunciaba que la empresa era viable y acusaba a la dirección de deslocalización y abandono industrial. El conflicto fue creciendo en tensión y visibilidad conforme pasaban las jornadas.
La jornada clave: directivos retenidos en la fábrica
El punto de máxima tensión llegó cuando, durante una reunión en las instalaciones, varios miembros de la dirección quedaron retenidos en el interior de la fábrica durante varias horas. Los trabajadores, encerrados con ellos, exigían explicaciones y una marcha atrás en la decisión del cierre.
No hubo violencia física, pero sí momentos de enorme tensión emocional. La retención fue descrita por los sindicatos como una acción desesperada, fruto del bloqueo de las negociaciones y del sentimiento de abandono institucional. La empresa, por su parte, denunció los hechos, mientras el Gobierno llamaba a la calma.
La noticia abrió informativos, ocupó titulares en la prensa nacional y colocó a Aguilar de Campoo en el centro del debate sobre el futuro de la industria alimentaria en España.
Un país mirando a un pueblo industrial
Durante aquellas horas, Fontaneda se convirtió en símbolo. Para unos, la retención fue una línea roja; para otros, la prueba de hasta dónde puede llegar una plantilla cuando siente que lo pierde todo.
Las imágenes de la fábrica rodeada, de los trabajadores concentrados y de las fuerzas de seguridad preparadas para intervenir recorrieron el país. Políticos, patronales y sindicatos tomaron posición, mientras el conflicto se analizaba como ejemplo de la fragilidad del empleo industrial fuera de las grandes ciudades.
Después de la tormenta: el cierre y la llegada de Siro
Pese a la intensidad de las movilizaciones, el cierre siguió adelante y la histórica planta bajó la persiana. Muchos trabajadores acabaron en prejubilaciones y otros tuvieron que buscar empleo fuera de Aguilar de Campoo, dejando tras de sí una herida laboral y social difícil de cerrar.
Años después, llegó un giro inesperado. El grupo Siro adquirió la antigua fábrica de Fontaneda, recuperando la actividad industrial en las instalaciones y abriendo una planta nueva, modélica en su diseño. No fue un regreso de la marca histórica, pero sí una nueva etapa industrial que permitió, en parte, reconectar el espacio con su tradición productiva.
Un episodio que todavía resuena
La retención de los directivos sigue citándose como uno de los momentos más extremos del conflicto. No fue un estallido gratuito, sino la expresión límite de un choque entre decisiones empresariales y vidas concretas.
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DescargarRecordarlo hoy no es solo mirar al pasado, sino también entender cómo aquel conflicto condicionó el futuro industrial del municipio y cómo, tras una crisis traumática, la compra de la fábrica por Siro abrió una nueva etapa distinta, pero ligada inevitablemente a la memoria de Fontaneda.
Fontaneda cerró, pero aquel día dejó claro que su final no fue silencioso.




