Fútbol

El Pucela regala una hora de partido y pierde 2-1 en Las Palmas

Biuk marcó en el 83' tras otro soporífero encuentro de su equipo

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El domingo empezó bien para el Real Valladolid que vio por la mañana como el Promesas consiguió una permanencia tras un sprint final sobresaliente después de una temporada irregular.

La tarde no comenzó tan bien con varias sorpresas en el once que ofrecían cuanto menos dudas en el aficionado antes de comenzar el partido ante una U.D. Las Palmas especialista en posesión y con grandes resultados como local.

Escribá decidió llevarse a Carvajal, delantero clave en el filial donde ha firmado 20 goles, para iniciar el partido sin referente en ataque, con Chuki como hombre más adelantado y con Erlien y Latasa en el banquillo. Cambio también en todas las posiciones de medio del campo y de la zona central de la defensa. Y las dudas tuvieron respuesta en una primera mitad para olvidar donde el equipo canario llegó a tener un 80-20 de posesión mientras que los vallisoletanos no tiraron a puerta y apenas pasaron de medio campo.

El Real Valladolid encajó en el 3' del partido tras un centro por la izquierda que Jesse remató en el segundo palo. El paso por el vestuario no cambió nada, más bien empeoró las cosas. Un gran gol de Estanis en el 56' puso el 2-0 que parecía definitivo ante la impotencia de un equipo que parecía haber bajado los brazos definitivamente.

La U.D. Las Palmas no quiso más batalla y bajó el pistón. Y ahí apareció el Real Valladolid, llegando una hora tarde al partido y de la mano de un Lachuer que hizo daño por la izquierda. Sin grandes remates el conjunto de Escribá se fue acercando hasta que llegó el gol de Biuk de cabeza, que por cierto fue validado por el VAR puesto que inicialmente el colegiado entendió que había fuera de juego.

Sin demasiado orden y con Latasa ya en el campo el Real Valladolid se lanzó a por el empate y la tuvo en sendas ocasiones con Tomeo como protagonista, pero el gol no llegó y la derrota se consumó. Los últimos minutos de empuje no pueden borrar el lamentable rendimiento de un equipo que parece esperar a que ocurran las cosas en vez de ir con determinación a por ellas.