Mª Carmela (Venezuela) y Olena (Ucrania), el exilio en femenino: cómo reconstruir una vida
La historia de Mª Carmela, exiliada de 72 años, es una historia de ida y vuelta. Sus abuelos españoles se exiliaron a Venezuela en el 39. Ahora, se ha visto obligada a dejar su país para venir al de su madre. Olena, de 41 años, refugiada ucraniana, hace cuatro años que llegó huyendo de la invasión rusa con sus dos hijos. Ambas viven en Valdemoro

Hablamos con dos mujeres de Venezuela y Ucrania sobre el exilio y el empezar una vida de cero en otro país.
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Valdemoro
Esta es la historia de dos mujeres valientes, que como otras muchas que han tenido que exiliarse de su país, llevando solas, muchas veces, la carga familiar, han venido a España para empezar una nueva vida, al menos, hasta que puedan volver…, o no.
Son dos mujeres procedentes de puntos del mundo muy distintos, con situaciones vitales diferentes y edades dispares. Una procede de una Venezuela empobrecida, con violencia, presos políticos y donde la vida cada vez era más difícil, y otra, nacida en Lviv, Ucrania, vino huyendo de la invasión rusa y la guerra, dentro del nutrido grupo de refugiados que llegaron a España, al igual que a otros puntos de Europa. Mujeres que ser vieron obligadas a tomar las riendas de su vida y de las de su familia para comenzar de nuevo en otro país.
De Venezuela al país de su madre
Mª Carmela Rodríguez, doctora de profesión y traductora audiovisual, llegó a Valdemoro con 68 años. Ella, su hermana, su cuñado y sus cuatro gatos, esperaron encontrar en el lugar donde nacieron sus abuelos y su madre una nueva vida. Espoleada por sus hijos, que residen en Berlín y Miami, decidió dar el paso y marcharse. Empezar a los 68 años casi de cero no es fácil, aunque el idioma y la nacionalidad española les ha ayudado mucho, según asegura.
Aquí, en el sur de Madrid, en Valdemoro, le esperaba su madre, ya con 97 años y su hermano. Aunque el marcharse fue muy triste, cuenta que su llegada a Valdemoro fue mejor de lo esperado. “Mi hermano ya nos había buscado un lugar donde vivir y al abrir la puerta encontramos un hogar, con fotografías familiares, la nevera llena, la casa montada…”, cuenta con emoción.
Sus abuelos y su madre emprendieron el camino contrario en el 39. Al acabar la Guerra Civil española se marcharon a Venezuela. Allí su madre acabó formando una familia y allí nació Mª Carmela y sus hermanos. Su madre volvió a España hace 8 años y con el tiempo y las circunstancias Mª Carmela y su hermana han terminado haciendo un exilio, pero a la inversa.
La vida en Caracas
“Me lo pensé mucho, dejar mi profesión, mi país…”, pero la situación en Caracas cada vez era más insostenible. “Uno puede adaptarse, pero no acostumbrarse”, dice, y la vida allí les sometía a continuos cortes de luz, una vez estuvieron hasta cinco días sin electricidad, con cortes de agua, “yo vivía en la planta 12 de un edificio y muchas veces me tocaba bajar y subir a pie a por agua”. A eso se sumaba el miedo por la inseguridad constante, “A partir de las seis de la tarde la gente ya no salía a la calle” y a esto había que sumar los elevados precios, la devaluación del dinero y la escasez de alimentos, “ibas al supermercado a comprar lo que hubiera, porque muchas de las baldas estaban vacías”, explica.
Reconoce que cuando EEUU apresó a Nicolás Maduro lo celebraron “por todo lo alto”, porque llevaban mucho tiempo pidiendo a la comunidad internacional ayuda “contra un régimen opresor”, sin que se hiciera nada, pero no es optimista con la situación actual. Es consciente de que los cambios en los países “se toman mucho tiempo y no sabemos cómo se revolverá esto”, por eso, no sabe precisar cuál será su futuro. De momento, su presente pasa por el intento de que le homologuen en España su formación como médico y mientras continuar una vida rodeada también de muchos compatriotas. Se calcula que en Valdemoro la comunidad venezolana llega a casi a las 600 personas.
Olena, cuatro años lejos de casa
Cuando comenzó la invasión rusa, Olena Glyvka tenía 37 años y su vida hecha en Lviv. Tenía una casa, trabajaba de administrativo en una pastelería, como su marido que era repartidor de los productos, pero la invasión rusa y la guerra le llevó a abandonar su país.

Olena Glyvka, junto con su marido y sus hijos, todos exiliados de Ucrania tras la invasión rusa. / Olena Glyvka

Olena Glyvka, junto con su marido y sus hijos, todos exiliados de Ucrania tras la invasión rusa. / Olena Glyvka
Lviv como ciudad fronteriza con Polonia recibía en esos primeros días del conflicto a muchas personas que querían abandonar el país. “Alarmas continuas, con cortes de luz…, no era una vida tranquila y estaba preocupada por mis hijos”. Y así decidieron venir a España, a Valdemoro, donde vivía una amiga íntima que les acogió hasta que reorganizaron su vida.
Olena emprendió el viaje, afrontando miles de inconvenientes, con sus dos hijos, 12 y 2 años de edad entonces. “Ha sido un camino difícil, porque es empezar de nuevo, sin conocer el idioma, ni nada”, empezar de cero. Ahora se defiende en nuestra lengua y ha conseguido hacerse una vida aquí, con casa y trabajo en una frutería,
Un retorno incierto
Al año y medio llegó su marido, que por motivos de salud, no podría ingresar en el Ejército ucraniano. “Mis hijos se han adaptado muy bien”, en especial su hija de 6 años a la que le “encanta ir al colegio, siempre quiere ir”, dice riendo. Algo más difícil es para su hijo mayor, quien dejó en Ucrania a sus amigos.
Olena ha dejado atrás a su tío, su prima y su cuñada con su hija. Ellos son el nexo de unión con su país. “Hablamos casi cada día con ellos” y sabe que viven en un permanente estrés. “La vida tiene que seguir, pero cada día es un imprevisto. Una pena, porque han pasado muchas cosas malas”. Olena reconoce que no sabe si volverían a Ucrania. Pensaba que la guerra sería breve y ahora pasados cuatro años y con sus hijos, cada vez más integrados aquí, no sabe decir qué harán el día que vuelva la paz.




