Selecciona tu emisora

Ir a la emisora
PerfilDesconecta
Buscar noticias o podcast

La plaça de l'Almoina de València y algunos edificios hoy desaparecidos

En 'La València Olvidada', Pepa Pascual nos descubre cómo era la plaça de l'Almoina y los edificios que la componían

La València Olvidada (27/07/2023)

La València Olvidada (27/07/2023)

00:00:0011:26
Descargar

El código iframe se ha copiado en el portapapeles

València

Todos conocemos hoy la plaça de l'Almoina, su situación detrás de la catedral, a la que se accede desde la puerta románica y donde también se sitúan edificios tan singulares como el Punt de Ganxo (edificio modernista de 1905) o las llamadas cárceles de San Valero y de San Vicente. Pero no vamos a hablar de todos estos edificios. Hoy voy a referirme a los que ya no existen porque fueron derribados con la intención de ampliar las dependencias de la Basílica y cuyo espacio ocupa actualmente la plaza de Junio Bruto, en cuyo subsuelo está el Centre Arqueològic de l'Almoina.

Y para saber algo más de estos edificios hoy desaparecidos contamos con una fotografía del año 1870, hecha por Jules Ainaud, que tenía el encargo de realizar una serie de fotografías de València. Es la primera imagen que se conserva de esta plaza y en ella se ven los dos edificios que cerraban el flanco norte de la misma: uno era la Casa de l'Almoina y a la derecha se ve una casa señorial con una torre que era la vivienda del sacristán de la catedral. Este edificio se construyó, según las fuentes escritas, sobre un cementerio musulmán cuyos terrenos dio el rey Jaume I al municipio en 1239 para construir la Casa de la Cort o del Tribunal, donde además se reunirían sus representantes. Tendría una gran sala donde se celebrarían los juicios y una estancia anexa para el escribano, y el archivo estaría en la torre. En la planta baja estarían las prisiones divididas en dos secciones, una para hombres y otra para mujeres.

Finalidad benéfica

El otro edificio se correspondería con la llamada casa de l'Almoina de la Seu, de la cual toma su nombre la plaza y que se fundó en el año 1303 por el obispo Ramón Despont, quien la dotó de rentas suficientes para llevar a cabo su finalidad benéfica, que era la manutención de personas sin recursos. Así, los pobres que acudían se sentaban a la mesa y se les daba pan, vino y una libra de carne cada cinco personas. En los días de abstinencia que no se podía comer carne se sustituía por pescado o huevos.

De Despont se sabe que era un hombre muy caritativo y benefactor de los más desfavorecidos, y durante su pontificado las rentas de la diócesis se destinaron principalmente a limosnas para los pobres, a las doncellas sin dote y a los enfermos, a quienes visitaba solo, de madrugada, en un habitual recorrido semanal por los hospitales de la ciudad.

A partir de 1312 le sucedió en el cargo de obispo Ramón Gascó, que introdujo un cambio importante en el funcionamiento de l'Almoina al sustituir la comida por una cantidad fija de cinco dineros que se daba a cada pobre y, además, pasó al cabildo la administración del centro.

Gracias a las aportaciones benéficas de muchos ciudadanos, fueron creciendo las rentas de l'Almoina y con ello el número de personas a las que se les daba asistencia. Sabemos que a mediados del siglo XV eran unos 200 pobres los que estaban bajo la tutela de la institución, pero había muchos más que secretamente acudían para poder disponer de la limosna, eran los llamados “pobres vergonzantes”.

En épocas de hambruna o de peste la institución se resentía, pues escaseaba el dinero de las donaciones y de las rentas, llegando incluso a tener que cerrar en alguna ocasión l'Almoina por falta de recursos. Ello se refleja por ejemplo en una carta que dirigen 'els jurats' al rey Alfonso el Magnánimo, en la que se refleja la desesperación de las personas que vivían de la beneficencia y que se narra “són vengudes a nosaltres moltes dones pobres qui prenien caritat de la dita almoyna cridant misericòrdia, que pereixen de fam, que açò señor és la major dolor del món. Havem-les dit que no y havem res a fer…”.

Nuevos usos y demolición

Con el cierre del comedor de l'Almoina, muchas dependencias quedaron vacías y ello explica que se ubicaran allí las escuelas de Gramática, Lógica y Filosofía que posteriormente fueron trasladadas en 1412 a la casa de Pere Villaragut, delante de la iglesia de Sant Llorenç.

En 1603 se tiene noticia que las dependencias de l'Almoina estaban destinadas a cárcel de los retraídos y que se custodiaba a los presos que, habiendo cometido algún delito grave, se refugiaban allí para pedir la protección de la iglesia, esperando en esta cárcel mientras se decidía si podían tener el beneficio de la inmunidad eclesiástica o no.

En los planos de 1830 conservados en el archivo de la catedral se puede ver que l'Almoina en ese momento era un edificio con una planta primera y planta baja donde se situaban la entrada, las escaleras, la carbonera, los almacenes, la capilla, la sacristía, la cárcel y un gran patio. En la primera planta estaban las estancias del Maestro de Capilla, las habitaciones, la despensa, el comedor y la cocina.

A finales del siglo XIX se demolió toda la manzana para construir viviendas que perduraron hasta la posguerra, cuando las adquirió la Archicofradía de Nuestra Señora de los Desamparados con la intención de ampliar la Basílica. Hasta los años 1970 se conservaba en el solar un arco de piedra perteneciente a l'Almoina que fue posteriormente demolido para hacer una explanada para jugar al fútbol. El proyecto de la Archicofradía finalmente no se llevó a cabo por los importantes restos arqueológicos que aparecieron en el subsuelo, entre ellos parte del edificio original de l'Almoina así como muchas piezas cerámicas asociadas a la misma.

Una de las piezas más interesantes recuperada en las excavaciones es una ménsula gótica de piedra con decoración en relieve que representa el mito de Aristóteles y Filis, que cuenta una leyenda oriental recogida en el siglo XIII por Jacques de Vitry y que relata como Alejandro Magno durante las campañas de Oriente, se enamoró perdidamente de una cortesana llamada Filis, poniendo en peligro la marcha de la guerra. Aristóteles amonestó muy seriamente al rey y éste rompió las relaciones con ella. Filis, despechada, sedujo a Aristóteles y ella, como prueba de amor, le pidió que le dejara ensillarlo como un caballo y la paseara sobre sus espaldas, lo que hizo a la vista de todos. Entonces Alejandro afeó la conducta a su maestro, quien respondió: ”Desconfiad del amor, que si de un viejo filósofo puede hacer un loco, a qué extremos no puede conducir a un joven príncipe”.

Se trata pues de una sátira moralizadora contra quienes se creen a salvo de la seducción de las mujeres. Esta historia tuvo gran éxito en época medieval y se reprodujo en catedrales como las de Lyon o Lausana, con la intención de ridiculizar al filósofo clásico que tanta admiración tenía entonces en las escuelas de teología y filosofía.

Si nuestros oyentes quieren admirar esta singular pieza la pueden ver en la exposición “Tota pedra fa paret” en el Centre Arqueològic de l’Almoina.

TEXTO: PEPA PASCUAL.

 

Directo

  • Cadena SER

  •  
Últimos programas

Estas escuchando

Hora 14
Crónica 24/7

1x24: Ser o no Ser

23/08/2024 - 01:38:13

Ir al podcast

Noticias en 3′

  •  
Noticias en 3′
Últimos programas

Otros episodios

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Tu audio se ha acabado.
Te redirigiremos al directo.

5 "

Compartir