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Nuestras fábricas: La historia de Viuda de Antonio Juan Busquier

Por sus oficinas y talleres pasaron trabajadores y viajantes que más tarde fundarían sus propias fábricas

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Elda

Durante décadas, el espacio que hoy ocupa la plaza del Zapatero fue uno de los corazones industriales de Elda. Entre jardines, palmeras y grandes naves fabriles, se asentaron empresas que marcaron el crecimiento urbano y económico de la ciudad. Una de ellas fue la fábrica de la viuda de Antonio Juan Busquier.

“En lo que hoy es la plaza del Zapatero, había dos grandes empresas… estas fábricas estaban casi siempre rodeadas de un jardín, con grandes palmeras, que estuvieron ahí hasta prácticamente cuando empezó a definirse la plaza”, recuerda el investigador y fundador del Museo del Calzado de Elda José María Amat.

De un pequeño taller al corazón industrial de la ciudad

Antonio Juan Busquier inició su actividad en 1924 en un modesto taller de calzado infantil situado en la calle San Blas. Como ocurrió con muchas industrias locales, el zapato de niño fue el origen de una aventura empresarial que pronto crecería. Tras separarse de su socio, Busquier adquirió unos terrenos donde levantó una fábrica de casi 2.000 metros cuadrados, ocupando antiguas naves que databan de finales del siglo XIX.

“Antonio Juan Busquier, con un amigo suyo, montaron un pequeño taller de fabricación de calzado de niños. Elda nació al calzado, al niño”, explica Amat, subrayando el papel fundacional de este tipo de producción en la ciudad.

Fábricas, palmeras y expansión urbana

Las fábricas de aquella Elda industrial no solo producían calzado, también transformaban el paisaje urbano. Las palmeras que rodeaban las naves eran símbolo de progreso, y su traslado marcaba el avance de las calles y barrios.

“Conforme iban arrancando palmeras, la ciudad avanzaba en sus calles. Eran un sinónimo de la fuerza expansiva de Elda”, señala José María Amat.

Guerra, exilio y una mujer al frente

La Guerra Civil truncó la trayectoria de Antonio Juan Busquier. Ante la inestabilidad y la violencia, cerró la fábrica y se exilió con su familia a Casablanca, donde falleció pocos meses después. Fue entonces cuando su viuda, Balbina Navarro Poveda, regresó a Elda para retomar la actividad industrial en un contexto especialmente difícil.

“Era una mujer joven, con dos hijos, pero con mucho carácter y muy decidida. Una gran emprendedora, probablemente fuera de su tiempo”, afirma Amat.

Balbina asumió la dirección de la empresa bajo el nombre de Viuda de Antonio Juan Busquier, convirtiéndose en una figura excepcional en una época en la que pocas mujeres lideraban industrias.

Una fábrica que fue escuela

La empresa no solo sobrevivió, sino que se convirtió en una auténtica escuela de industriales. Por sus oficinas y talleres pasaron trabajadores y viajantes que más tarde fundarían sus propias fábricas, contribuyendo al tejido empresarial eldense durante décadas.

Años después, un devastador incendio puso en jaque la fábrica, obligando incluso a utilizar el agua del estanque de la plaza Castelar para sofocar las llamas.

La historia de la viuda de Antonio Juan Busquier sigue siendo un ejemplo de resiliencia, liderazgo y compromiso con Elda. “Esta empresa no hay que olvidarla, es un ejemplo para todos”, concluye José María Amat.