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Europa: paz y guerra

Memoria, geopolítica y un continente en vilo: la voz europea de Enrique Barón

“Nos falta dar el salto final: una verdadera política exterior y de seguridad. Defender lo que es nuestro, como federación, no como suma de estados dispersos” (...) “Al lado de Trump, Jesús Gil era un príncipe del Renacimiento” (...) “Cómo dijo Felipe González en su día, el sindicato del crimen funciona: la campaña contra Pedro Sánchez, acusándole de todos los males del mundo, forma parte también de la capacidad de poner a prueba la paciencia de uno”

Enrique Barón, exministro y expresidente del Parlamento Europeo, en Hoy por Hoy Alicante: "Al lado de Trump, Jesús Gil era un príncipe del Renacimiento"

Enrique Barón, exministro y expresidente del Parlamento Europeo, en Hoy por Hoy Alicante: "Al lado de Trump, Jesús Gil era un príncipe del Renacimiento"

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A veces aparecen personas que traen consigo no solo una biografía, sino un continente entero.

Abogado de derechos humanos bajo la dictadura franquista, diputado constituyente en España, ministro del Gobierno de España en la adhesión a la Comunidad Europea (1982-1985) y presidente del Parlamento Europeo (1989-1992), Enrique Barón llega a Alicante con esa mirada serena de quienes han visto la historia desde la primera fila: la Transición, la caída del Muro, la implosión de la URSS, los primeros pasos de la Unión Europea.

Habla sin prisa, como si cada idea necesitara su propio espacio para asentarse y al escucharlo es sencillo entender por qué Juana Serna lo define como un “político filósofo”. No es un elogio vacío: Barón piensa Europa como quien recorre un mapa antiguo con los dedos, reconociendo en cada pliegue una memoria, una advertencia, una posibilidad.

La conversación se mueve entre recuerdos y reflexiones sobre un presente que vuelve a tensarse. La guerra de Ucrania, la deriva de Rusia, la fragilidad de la Unión Europea, la sombra de Estados Unidos… Todo aparece hilado con una naturalidad que solo concede la experiencia. Barón no dramatiza, pero tampoco suaviza: Europa, dice, está ante una encrucijada que ya no admite aplazamientos.

Hay en él algo de narrador y algo de testigo, algo de profesor y algo de caminante. Su conversación es una mezcla de ironía, memoria y una convicción profunda: que Europa solo sobrevivirá si se atreve a culminar su propio proyecto político. Escuchándolo, más que a una entrevista, parece que estamos asistiendo a una clase magistral sobre lo que significa ser europeos en tiempos inciertos.

Juana Serna, exdiputada socialista, expresidenta del PSPV-PSOE y presidenta del Círculo Progresista de Alicante, conoce bien a Enrique Barón, así que le hemos pedido que nos haga una 'fotografía radiofónica' del exministro y expresidente del Parlamento Europeo...

Juana Serna. Yo conocí a Enrique primero de oídas, en el Congreso, cuando él ya estaba en Europa. Leía lo que escribía, le seguía, pero no nos conocíamos personalmente. Cuando Luís Almarcha lo trajo a la Federación de Europeístas, de la que yo formo parte, fue cuando realmente le conocí. Y confirmé algo: no es un político gestor, es un político filósofo. Piensa las cosas, las encuadra, crea un marco inteligible para la ciudadanía. Por eso siempre me ha gustado hablar con él: me entero de hacia dónde vamos y hacia dónde cree que tenemos que ir, “fabricando de crisis en crisis la Unión Europea”.

Como Juana, otro alicantino escolta a Barón hasta el estudio de Hoy por Hoy Alicante. Es Fernando Puerto, quien fuera director del Gabinete del Secretario de Estado para las Comunidades Europeas y director del Gabinete del Presidente del Parlamento Europeo con Enrique Barón. Como Phileas Fogg y Jean Passepartout, más que compañeros inseparables durante miles de horas de trabajo y miles de kilómetros alrededor del mundo, son grandes amigos. Le hemos pedido que nos acompañe en esta conversación. No podía ser de otra manera.

Este es un pequeño resumen de una larga y apasionante conversación con Enrique Barón, como dice Juana Serna, un político filósofo. Vamos, un sabio.

“Estamos en guerra y los escenarios de Tolstói vuelven a estar vivos”

P. En su nuevo libro, Paz y Guerra. De la URSS a la magna Rusia: Notas de viajes (RBA Libros, 2026) utiliza el viaje desde Madrid a la antigua URSS como hilo conductor. ¿Qué le llevó a elegir este enfoque casi autobiográfico y geopolítico a la vez?

Enrique Barón. Me llevó el hecho de que estamos viviendo un proceso que yo he trabajado desde dos frentes: primero, con la democracia en España—fui diputado constituyente, y eso tiene mucha importancia de cara a la paz—y luego con la construcción europea. Hemos conseguido pelearnos por muchas cosas, pero de manera civilizada, y compartir un destino en la Unión Europea. Ahora estamos en guerra. Y cuando uno piensa en Guerra y paz, en la invasión napoleónica de Rusia, ve que los escenarios que describe Tolstói son los que están viviendo hoy polacos, lituanos, letones y, sobre todo, ucranianos.

P. Usted vivió de cerca la URSS como ministro.

E.B. Sí. Como ministro del primer gobierno socialista terminé la negociación y firmé el Tratado de Comercio Marítimo con la URSS. Era uno de los dos grandes protagonistas de la Guerra Fría. Fui a firmar y descubrí un mundo. Yo había estado en la Alemania del Este, en Polonia, pero no en lo que hoy es Rusia, el centro de la URSS. Y me impresionó algo: se suele decir que Rusia es un séptimo de la tierra emergida, pero es un imperio claustrofóbico. Llevan desde Pedro el Grande, Catalina la Grande, Alejandro I… intentando salir a los mares cálidos. El centro de su problema no está en Siberia, está en el Báltico.

P. ¿En qué sentido claustrofóbico?

E.B. Basta mirar los mapas de Primaria. Para salir de San Petersburgo al mar hay que pasar por el golfo de Finlandia, entre Finlandia y Estonia, recorrer el Báltico, atravesar los estrechos daneses… Y su otra gran base es Kaliningrado, la antigua Königsberg, el único puerto que no se hiela. Después, ya como presidente del Parlamento Europeo, viví en directo la implosión de la URSS, con Gorbachov y Yeltsin. Eran una potencia nuclear y militar, pero desde el punto de vista marítimo se sentían rodeados.

Kant, Königsberg y la memoria europea

E.B. Años después, el gobierno de la Federación Rusa me invitó a Kaliningrado a hablar de Adiós a las armas, de Hemingway. Kaliningrado es Königsberg, la capital de la antigua Prusia. Cuando llegué, “Königsberg” seguía escrito en las tapas de las alcantarillas. Solo quedaba en pie la catedral, una catedral hanseática del gótico germánico. El catedrático que nos guiaba nos llevó a la tumba de Kant. Nos dijo: “No están los restos de Kant, pero pueden depositar flores”. Y había una lápida con una cita muy familiar: “El cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. Eso también es Europa.

J. S. ¿Ves como sí es un político filósofo?

Trump, Napoleón y la decadencia americana

J. S. Déjame hacerte una pregunta breve, Enrique. El Napoleón que invade físicamente Rusia en Guerra y paz, ¿es el Trump que está invadiendo conceptualmente Rusia y Europa, ideológicamente?

E.B. Yo creo que Napoleón tenía más sentido de Estado que Trump, con todo lo que era Napoleón. Trump no fue ni a la guerra de Vietnam, no hizo ni la mili. Napoleón, militarmente, era un genio. Compararlos sería un elogio a Trump.

J. S. Pero Trump tiene un apoyo mediático que entonces no existía.

E.B. Su visión del mundo es más que inmobiliaria: especulativa. Y, por no entrar a criticar a un jefe de Estado en ejercicio, diré que, al lado de Trump, Jesús Gil era un príncipe del Renacimiento. Pero la pregunta tiene mucha carga. Trump expresa algo que lleva en la gorra: “Make America Great Again” (MAGA). Cuando dices eso, reconoces que estás en decadencia. Y los españoles sabemos mucho de decadencias prolongadas y de sueños imperiales frustrados.

Europa, la OTAN y la responsabilidad propia

E.B. Si Trump ha hecho algo positivo, es obligarnos a plantearnos que no podíamos seguir ocupándonos de construir Europa, nuestra paz y nuestra economía bajo el paraguas y la protección de Estados Unidos. Tenemos que asumir nuestra responsabilidad. Eso no es nuevo: forma parte de la construcción europea desde el principio, pero es la cuestión más difícil. Hemos conseguido una moneda única que nos protege y forma parte de nuestros valores; hemos conseguido unas reglas de mercado mejorables, pero razonables. Ahora nos falta dar el salto político: defender lo que es nuestro, con una política exterior y de seguridad propia.

P. En ese contexto, Ucrania es la piedra de toque. ¿Qué errores ha cometido la UE desde 2014 y qué riesgos afronta si no actúa unida?

E.B. Yo viví en directo la implosión de la Unión Soviética. Me eligieron presidente del Parlamento Europeo el día de Santiago de 1989. El muro de Berlín era solo una parte de una cicatriz que recorría el continente desde el Báltico hasta el Mediterráneo. No hubo guerra porque la URSS implosionó. En aquel momento, el mayor Putin estaba en Dresde. En cuanto pudieron pronunciarse, las llamadas “democracias populares” se apuntaron a Europa sobre la marcha. Y ahí, como siempre, la política europea ha ido a veces por detrás de la realidad.

Gorbachov, la perestroika y una oportunidad perdida

Fernando Puerto. Yo conocí mejor a Enrique cuando fui su jefe de Gabinete en el Parlamento Europeo. Visitamos a todos los jefes de Estado de la UE y también a algunos de fuera. Una experiencia imborrable fue acompañarle a ver a Gorbachov, en plena perestroika. Llegó con retraso al Kremlin, venía de Crimea. Nos dijo: “Perdón por el retraso, vengo de Crimea”. Nos explicó su intención de acercarse a Europa. Ha habido muchos intentos de acercarse a Europa por parte de Rusia o de la gran Rusia y nunca se les acogió con los brazos abiertos. A Gorbachov le ocurrió lo mismo: dijo que no podían ser miembros de la UE porque eran demasiados millones, pero que querían acercarse más.

Draghi, Letta y la federación europea

P. Usted cita a menudo a Mario Draghi y a Enrico Letta. ¿Por qué?

E.B. Porque cuando hablan Draghi o Letta, estamos en la misma onda. Con Draghi coincidí en 1989, cuando era director del Tesoro en Italia. Un director del Tesoro vale dos ministros y medio. Ellos no plantean “hacerse federalistas” como una moda, sino culminar el trabajo que ya estamos haciendo. Nos falta dar el salto final: una verdadera política exterior y de seguridad. Defender lo que es nuestro, como federación, no como suma de estados dispersos.

F.P. Y, curiosamente, son italianos los dos que están pensando el futuro de la Unión.

E.B. Y tenemos un Papa argentino, que es al mismo tiempo latinoamericano y obispo de Roma. Roma es capital de una república y de una teocracia. La globalización tiene ya muchos pliegues.

América, Américo Vespucio y los americanos

E.B. A propósito de América: siempre hablamos de “los americanos” para referirnos a los estadounidenses. Tan americanos son los de Argentina como los de Estados Unidos. América se llama así por Américo Vespucio, que era de Florencia y vecino de Sevilla. Se casó con una sevillana, era piloto, y Sevilla era un puerto clave. Un alemán puso el nombre en los mapas. Los latinoamericanos recuerdan continuamente que son un continente, y tienen razón. No sé si nos gustaría a los europeos que nos llamaran a todos “alemanes” o “franceses”. Hay que cuidar el lenguaje.

Felipe González, Pedro Sánchez y el socialismo hoy

P. Le voy a cambiar completamente de tema para cerrar. Usted ha dicho que está en onda con Draghi y Letta. ¿Y con Felipe González, sigue en onda?

E.B. A Felipe le vi ayer. He compartido con él la lucha por la democracia en España y en Europa. Él mismo se define como un jarrón chino: es irrompible. Hemos librado muchas batallas, no solo como socialistas, sino por España. Pasamos juntos la noche del 23 de febrero; a él le sacaron, pero estábamos allí. Tiene derecho a que le duela lo que le duela.

P. ¿Qué opina de sus últimas declaraciones, cuando dijo que no votaría una nueva candidatura de Pedro Sánchez?

E.B. No hay un credo socialista ni una adhesión a una persona. Él se ha manifestado. Yo, desde luego, creo que Pedro Sánchez está trabajando con responsabilidad. Le conocí joven, cuando apareció en el Parlamento Europeo en Bruselas. Me dijo: “Vengo de la Bolsa de Nueva York, he estado en Wall Street haciendo prácticas y quiero ver cómo funciona Europa”. Y le dije: “Tú, joven socialista, ¿has estado en la catedral del capitalismo y hablas inglés? Tú tienes futuro, muchacho”. Le abrí las puertas del Parlamento Europeo a través de Bárbara Dyrkop, una gran mujer, española por amor, alemana de nacimiento y sueca, viuda de Enrique Casas. Si Pedro hace una propuesta interesante, yo no tendría ningún inconveniente en votarle como ciudadano y como socialista.

J.S. Yo añadiría que Pedro Sánchez es de los pocos presidentes en Europa que ha leído a Draghi y a Letta y entiende perfectamente lo que están diciendo y haciendo. Es respetado en Europa.

E.B. Y, como dijo Felipe en su día, “el sindicato del crimen funciona”: la campaña contra Pedro Sánchez, acusándole de todos los males del mundo, forma parte también de la capacidad de poner a prueba la paciencia de uno.

P. ¿Y Felipe González, sigue siendo socialista?

E.B. Ay, hija mía… ese tipo de preguntas son un poco inquisitoriales. Eso hay que preguntárselo a él. Yo le aprecio, le estimo y creo que es una figura central en la historia de nuestro país.

Voltaire, Ava Gardner y Lauren Bacall

P. No era mi intención ser inquisitorial, pero sí trasladar preguntas que mucha gente se hace en la calle.

E.B. Y tiene todo el derecho del mundo a expresarlas.

Silvia. Como diría Voltaire: “Defenderé con mi vida tu derecho a expresarte aunque no esté de acuerdo contigo”.

E.B. Y, además, damos trabajo… (risas).

P. Es usted un sabio, oiga, aunque sea más de Ava Gardner y yo más de Lauren Bacall.

E.B. Yo soy admirador de las dos. Para mí son compatibles.

Ya lo ven, Barón es uno de esos narradores que saben que la historia no se entiende sin caminarla.

Enrique Barón, Juana Serna y Fernando Puerto / Silvia Cárceles Pozo

Enrique Barón, Juana Serna y Fernando Puerto / Silvia Cárceles Pozo

Paz y Guerra. De la URSS a la magna Rusia: Notas de viajes

Guerra y Paz, el título de la grandiosa obra de Tolstói, inspira este libro de viajes desde Madrid a la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hoy aspirante a magna Rusia.

La Unión Europea, después haber superado el desafío de cambiar la historia en un continente destruido por las guerras mundiales, se enfrenta ahora a una guerra de supervivencia. El reto actual se plantea entre culminar el proceso de construcción de la Unión Europea como «Federación Europea», objetivo de la Declaración Schuman, o vegetar bajo la férula vigilante del neozar Putin. Con un reparto de áreas de influencia donde los Estados Unidos han cambiado prioridades y las potencias BRICS emergentes piden paso.

En este nuevo Congreso de Viena, la UE no está invitada al baile y debe luchar por su supervivencia. La piedra de toque es la guerra de Ucrania, la gran llanura europea donde se decidieron los destinos de Napoleón y Hitler.

Construir la paz es labor de tejedores: requiere voluntad, habilidad y perseverancia.

Enrique Barón

Enrique Barón Crespo (Madrid, 1944) es doctor en Derecho y economista por la Universidad Complutense de Madrid. Fue abogado de derechos humanos bajo la dictadura franquista, diputado constituyente en España, ministro del Gobierno de España en la adhesión a la Comunidad Europea (1982-1985), eurodiputado (1986-2009) y presidente del Parlamento Europeo (1989-1992).

Actualmente preside el Consejo Federal de la Unión de Europeístas y Federalistas de España (UEF España). Además, es catedrático Jean Monnet ad personam y actualmente es presidente de la Fundación Yehudi Menuhin, Trustee Friends of Europe y vicepresidente de la Fundación Dalí.

Enrique Barón habla siete lenguas europeas y es escritor y ensayista. Sus libros más recientes son El Inquisidor del Anahuac (UNAM), ¿Más Europa? ¡Unida! y La era del federalismo, publicados en RBA.

 

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