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La València olvidada: La tradición del fuego festivo: origen, evolución y consolidación de la pirotecnia en València, por Desirée Juliana

Nos aproximamos a unas fechas muy importantes para los valencianos y valencianas: las Fallas. Las calles ya huelen a pólvora y en breve el cielo se iluminará con fuego de algo tan tradicional como las mascletás y los fuegos artificiales

La València Olvidada: La tradición del fuego festivo: origen, evolución y consolidación de la pirotecnia en Valencia (25-02-2026)

La València Olvidada: La tradición del fuego festivo: origen, evolución y consolidación de la pirotecnia en Valencia (25-02-2026)

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València

Hoy os quiero hablar de este fuego, de la tradición de los fuegos artificiales o las luminarias como se conocieron históricamente en siglos pasados.

El fuego, y con él los fuegos artificiales, son una de las manifestaciones más antiguas de la humanidad. Su evolución está estrechamente ligada al desarrollo de la pólvora y al progreso de la química, pero también a factores culturales, religiosos y políticos. Aunque su origen se sitúa en Asia oriental, concretamente en China, su llegada a Europa marcó una transformación profunda en la manera de entender el espectáculo público, la celebración colectiva y, en determinados momentos, la propaganda del poder.

Dentro del contexto europeo, España desempeñó un papel fundamental como territorio de transmisión cultural, y València se convirtió con el paso de los siglos en uno de los principales referentes mundiales de la pirotecnia.

La pólvora, elemento esencial para el desarrollo de los fuegos artificiales, llegó a Europa entre los siglos XIII y XIV. Este proceso se produjo gracias a los contactos comerciales, culturales y militares entre Oriente y Occidente, especialmente a través de la Ruta de la Seda, las Cruzadas y las relaciones con el mundo islámico.

En un primer momento, la pólvora fue utilizada con fines bélicos. Sin embargo, rápidamente se descubrió su potencial para el entretenimiento y la celebración. Las cortes europeas comenzaron a utilizar fuegos artificiales en coronaciones, bodas reales, visitas diplomáticas y celebraciones religiosas. Durante el Renacimiento, la pirotecnia se consolidó como un arte técnico que combinaba matemáticas, ingeniería y estética. No olvidemos las grandes familias italianas como los Medici o las cortes francesa e inglesa, con los Valois y los Estuardo. Así pues, Italia y Francia lideraron inicialmente este desarrollo, pero la Península Ibérica pronto se incorporó a esta tradición, aportando características propias, como por ejemplo bajo el dominio de la Casa de Austria. Estas experiencias lumínicas se rastrean fácilmente a lo largo de Europa, a través de numerosos grabados recogidos en obras literarias festivas en las que se presentaban formas singulares y culminaban con el estallido final pirotécnico.

La introducción temprana de la pólvora en España se vio favorecida por la presencia de Al-Andalus durante varios siglos. El mundo islámico poseía avanzados conocimientos en alquimia, química y técnicas de combustión, lo que permitió una asimilación más rápida de la pólvora tanto para usos militares como festivos.

Aunque no existen documentos que prueben el uso sistemático de fuegos artificiales en celebraciones populares durante la Edad Media, sí hay referencias a artificios de fuego, luminarias y efectos sonoros en festejos religiosos y actos públicos.

A partir de los siglos XVI y XVII, la pirotecnia comenzó a adquirir un papel más relevante en la vida social española. Se utilizaba principalmente en fiestas patronales, celebraciones religiosas, entradas reales o cualquier acto oficial.

Los fuegos artificiales se asociaban a la exaltación del poder político y religioso, así como a la demostración de riqueza y prestigio de las ciudades. Con el paso del tiempo, estas prácticas se trasladaron del ámbito cortesano al popular, dando lugar a tradiciones locales profundamente arraigadas.

En València, el fuego pasó de ser un elemento simbólico a convertirse en una auténtica forma de expresión artística. No había fiesta en la que no se realizasen fuegos artificiales o más bien luminarias como bien se denominaban en los libros de fiestas o en la documentación oficial como por ejemplo en los Manuals de Consells.

En la mayor parte de los libros de fiestas del siglo XVI, pero especialmente en el XVII, se señala la obligación por parte de los ciudadanos a instalar luminarias, que podían ser luces, antorchas u otros elementos para las noches festivas. Sin embargo, no se quedaba tan solo en la iluminación de las fachadas de determinados edificios importantes de la València como la Lonja o la Casa de la Ciudad, sino que inundaba los edificios de los ciudadanos nobles y había otro tipo de luminarias que recorrían la ciudad del Turia. Tal y como proponía Antonio Bonet Correa, especialista del mundo festivo, este tipo de eventos estuvieron repletos de carros de fuego, castillos, figuras de animales y personajes, anillos, culebrinas y demás artificios que estallaban vomitando destellos.

Curiosamente, la mayor parte de los momentos en las que las registramos es durante los actos de regocijo, pero no siempre fue así, ya que fue también un elemento esencial durante el periodo de luto y la celebración de las exequias.

En el primero de los casos, generalmente, se decretaban tres o cuatro noches de luminarias, donde la ciudad resplandecía por cada rincón. Especialmente suntuosas eran aquellas relacionadas con las visitas reales, victorias militares, natalicios o las celebradas por la beatificación o canonización de algún personaje importante de la esfera valenciana. Tanto en las cartas reales como en los decretos municipales obligaban a la sociedad a participar activamente, a riesgo de multa en caso de no participar.

No obstante, no todo eran obligados. La alta sociedad o los enriquecidos mercaderes participaban de forma activa derivado de los premios convocados por el consejo de la ciudad.

Fiel reflejo de esta importante consideración lo demuestran las decenas de luminarias y el gentío que participó en dos festejos memorables en la historia de València: los festejos del cuarto centenario de la conquista de València (1638) y el segundo centenario de san Vicente Ferrer (1655). En ambos casos, Marco Antonio Ortí, cronista de la época, hizo una descripción detallada de cada globo, papel pintado, antorchas o velas que recorrieron las calles valencianas. En estos actos participó la élite valenciana del siglo XVII, resaltando apellidos tan importantes como: los Borja, los Crespi, los Valeriola y Carroz, los Cervellón, los Vilarragut i Sanz y un largo etc.

En València comenzó una tradición importante de oficios alrededor de las luminarias. Las grandes invenciones estuvieron a cargo de la conjugación entre carpinteros que realizaron los cadalsos y estructuras más complejas para dar paso a los polvoristas, que como especialistas en el fuego terminaban de crear la espectacularidad que todo evento de este tipo llevaba adherida. Junto a los carpinteros, polvoristas y obreros de villa, otros oficios no tan conocidos como el trabajador del papel, el del alquitrán, el de la cera o el candelero, formaron también parte de ese conjunto de personas imprescindibles para realizar el enmascaramiento lumínico que tanto predicamento alcanzó durante la época barroca.

Se utilizaban hierros, papel, cera, candelas, alquitrán, entre otros materiales. En algunos casos se recopilaron incluso el color de las velas que eran utilizadas en color blanco, amarillo o azul.

La mayor parte de ellas no entrañaba riesgos altos, puesto que las luminarias estaban dispuestas en las calles o en plazas amplias como por ejemplo la antigua plaza de Predicadores, hoy Tetuán. Pero no siempre fue así, puesto que esta iluminación también se incluía dentro de las iglesias y en más de una ocasión prendieron las arquitecturas efímeras dispuestas para la ocasión.

Durante el siglo XVIII y XIX continuaron con la ejecución de luminarias. No obstante, deberíamos hablar de una evolución del fuego ritual al arte pirotécnico. A diferencia de otras regiones, donde primaba el efecto visual nocturno, en València adquirió gran relevancia el impacto sonoro, dando lugar a una tradición única basada en el ritmo, la intensidad y la potencia del ruido. Comenzaron a desarrollarse elementos distintivos que observamos en cada uno de los actos que se incluyen en la festividad fallera o en cualquier fiesta popular de la ciudad de València. Estas manifestaciones no solo buscan sorprender visualmente, sino provocar una experiencia sensorial completa.

Así pues, las fallas representan el máximo exponente de la cultura del fuego en València. Aunque su origen está vinculado a antiguas costumbres artesanales, con el tiempo incorporaron la pirotecnia como elemento central.

Desde el siglo XIX, València experimentó una fuerte profesionalización del sector pirotécnico. Surgieron numerosas empresas familiares que transmitieron sus conocimientos de generación en generación, perfeccionando técnicas, fórmulas y diseños.

Hoy en día, la pirotecnia valenciana goza de reconocimiento mundial. Las empresas valencianas participan en espectáculos internacionales, exportan material pirotécnico y mantienen vivas tradiciones que combinan innovación tecnológica y respeto por el legado histórico.

Así pues, dentro de la historia de los fuegos artificiales València destaca de forma excepcional como un espacio donde el fuego no es solo espectáculo, sino identidad colectiva.

Texto: Desirée Juliana

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Quique Lencina

Quique Lencina

Filólogo de formación y locutor de profesión, actualmente forma parte del equipo digital de Radio Valencia...

 

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