Política

Estudios de la UPV evidencian patrones comunes de violencia machista en redes contra las mujeres políticas

Infantilización, sexualización e insulto disfrazado de humor son algunas de las estrategias de ataque más comunes contra las mujeres políticas

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una intervención desde el estrado ante el pleno que la Asamblea regional / Imagen de archivo / SERGIO PEREZ (EFE)

València

La violencia machista en redes sociales silencia a las mujeres en política y sigue patrones comunes en distintos países; la hostilidad que reciben no es casual ni fruto del debate político, sino que es un fenómeno sistemático, profundamente marcado por el género y con consecuencias directas sobre la calidad democrática.

Así lo concluye dos recientes estudios realizado por María Luisa Carrió Pastor y Sergei Sikorskii, personal investigador del Departamento de Lingüística Aplicada de la Universitat Politècnica de València (UPV), que analiza de forma sistemática miles de mensajes dirigidos a Irene Montero, Isabel Díaz Ayuso y Giorgia Meloni en la red social X.

El primero de los estudios examina comentarios publicados en respuesta a mensajes de dos figuras políticas con ideologías opuestas: Isabel Díaz Ayuso e Irene Montero. En él, analizaron tuits publicados durante un periodo de dos semanas (26 de enero – 8 de febrero de 2025), coincidiendo con un momento de especial atención mediática "al caso FP” y a la investigación judicial que afectaba al Gobierno regional de Madrid, en un contexto de alta visibilidad política y mediática.

Los resultados muestran que, pese a sus diferencias políticas, ambas son objeto de formas muy similares de agresión, centradas en estereotipos de género.

Infantilización, sexualización e insulto disfrazado de humor

Según el análisis, los ataques se articulan en torno a patrones recurrentes: infantilización ("¿Por qué no te callas de una vez, nena? Vete a la cocina”), sexualización ("¿Por qué no te callas de una vez, nena? Vete a la cocina”), cuestionamiento de su capacidad para ejercer el poder, críticas desproporcionadas a su expresión emocional ("¿Por qué no te callas de una vez, nena? Vete a la cocina") y uso del humor o la ironía para disfrazar el insulto.

Estas estrategias, según concluye el estudio, no buscan debatir, sino desacreditar, humillar y desalentar la participación de las mujeres en el espacio público.

Una de las conclusiones más relevantes del estudio es que gran parte de esta violencia se presenta de forma aparentemente “civilizada”, envuelta en bromas, sarcasmo o falsas fórmulas de cortesía. Un ejemplo de ello es este mensaje que recibió Irene Montero: “Estimadísima señora Ministra… no sea que vuelva a hacer el ridículo. Un cordial saludo.”

"Este tono irónico puede provocar que muchos mensajes no sean percibidos como agresiones graves, lo que contribuye a su normalización y dificulta su identificación como formas de hostilidad", explica María Luisa Carrió Pastor.

Abandonar como método para evitar el acoso

En el segundo de los trabajos, el equipo de la UPV concluye que existe un patrón común en los ataques, si bien existen diferencias entre países. En España predominan los ataques morales y los que cuestionan cómo “debería comportarse” una mujer en el poder. En Italia son más frecuentes los mensajes que ponen en duda su competencia o su sinceridad. “En ambos casos, estas criticas contribuyen a construir discursos que ponen en duda la legitimidad de la líder como figura política válida”, explica Sergei Sikorskii.

“Los resultados tienen implicaciones relevantes para entender el funcionamiento del debate público en entornos digitales. Reconocer estos patrones permite diferenciar la crítica política legítima de los discursos que buscan excluir a determinadas personas del espacio público. También abre la puerta a diseñar mejores herramientas de análisis y educación digital, especialmente en un contexto en el que las redes sociales influyen de forma directa en la percepción social del liderazgo político”, concluyen María Luisa Carrió Pastor y Sergei Sikorskii.

Ambos estudios constatan también que estas prácticas provocan que muchas mujeres reduzcan su presencia pública, se autocensuren o abandonen el debate político para evitar el acoso. Este “efecto desaliento” afecta también a mujeres jóvenes que podrían plantearse participar en política en el futuro. "Estas formas de agresión refuerzan estereotipos de género tradicionales, como la asociación de las mujeres con menor racionalidad o menor capacidad de liderazgo. Desde el análisis del discurso, esto contribuye a reproducir desigualdades simbólicas en el espacio público digital", concluye Sergei Sikorskii.

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