Callejeando: Queremos el retablo de Lope de Vega de nuevo en su plaza
En 1962, durante la conmemoración del IV centenario de Lope de Vega se colocó, en la plaza que lleva su nombre en València, un retablo cerámico dedicado al escritor

Callejeando con Luis Fernández (23/03/2026)
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València
La antaño comercial plaza de Lope de Vega, a espaldas de la iglesia de Santa Catalina e intrincada en el viejo barrio de Argenters es una de las más pintorescas y peculiares del centro histórico de Valencia. Su nombre actual lo recibió en 1917, ya que la calle que Lope de Vega tenía dedicada hasta entonces en el barrio de Pescadores fue demolida para abrir las nuevas de Pérez Pujol y Correos, trasladándose la denominación a la conocida plaça de les Herbes, porque allí se vendían pequeñas plantas utilizadas como remedios curativos. A pesar de su nombre oficial, este espacio urbano también ha sido conocido durante la segunda mitad del siglo XX como plaza de los Caracoles, por encontrarse allí un popular establecimiento especializado en la venta de estos moluscos.
Durante esta época, destacaba en la plaza un retablo cerámico que contenía el nombre de la misma junto a un retrato del dramaturgo. Este panel fue colocado en 1962 en conmemoración del IV centenario del nacimiento de Lope de Vega como homenaje a uno de los grandes nombres del Siglo de Oro que mantuvo una relación intensa, fecunda y afectiva con la ciudad. El panel, obra del ceramista Jaume de Scals, incorporaba la efigie de Lope de Vega basada en el célebre grabado de Fernando Selma, otro valenciano ilustre. No era un detalle menor, la pieza aunaba tradición cerámica, memoria literaria y orgullo artístico local. Valencia, ciudad históricamente vinculada a la cerámica como lenguaje urbano, encontraba en aquel retablo una forma natural y coherente de homenajear al Fénix de los Ingenios.
Sin embargo, a comienzos del siglo XXI, con motivo de las obras de restauración de la fachada de Santa Catalina, el retablo fue retirado y almacenado. El gesto, comprensible en el contexto de una intervención arquitectónica, se convirtió con el paso del tiempo en una omisión difícil de justificar y el panel no regresó a su emplazamiento original ni fue recolocado en ningún otro punto visible de la plaza. Desde entonces, la ausencia se ha normalizado, pero no por ello deja de ser una pérdida para el patrimonio y para la memoria colectiva de la ciudad. Conviene recordar, además, que tras su retirada el retablo no se perdió ni fue abandonado a su suerte, fue almacenado en el casal de la falla Lope de Vega, donde ha permanecido desde entonces bajo la custodia de la comisión fallera, que ha ejercido de forma silenciosa y generosa como garante de su conservación.
Reivindicación cultural
Por eso es imprescindible reclamar la recolocación del retablo cerámico de Lope de Vega en alguna de las fachadas de la plaza que lleva su nombre, no como un ejercicio de nostalgia, sino como una reivindicación cultural plenamente contemporánea. Se trata, ante todo, de reconocer el valor patrimonial de una pieza que forma parte de la historia reciente de Valencia y que fue concebida específicamente para dialogar con ese espacio urbano.
El patrimonio no se reduce a los grandes monumentos medievales o barrocos, también lo integran los elementos del siglo XX que explican cómo una sociedad entendía su pasado y lo proyectaba en el presente. El retablo de 1962 es testimonio de una época en la que la ciudad todavía apostaba por la cerámica como vehículo de expresión pública. Su desaparición del paisaje urbano empobrece la lectura histórica del lugar.
Conocer su legado
Pero más allá de su valor artístico e histórico, la recolocación del panel permitiría recuperar un fragmento esencial del paisaje urbano de la plaza de Lope de Vega. Las plazas no son únicamente espacios de tránsito o encuentro; son escenarios cargados de significados, donde los nombres deberían dialogar con los elementos visibles. Hoy, la plaza dedicada a Lope de Vega apenas ofrece pistas que expliquen al ciudadano o al visitante por qué lleva ese nombre ni cuál fue la relación del dramaturgo con Valencia.
El retablo cumplía precisamente esa función pedagógica y simbólica: recordaba que Lope vivió en la ciudad, que aquí escribió, amó y sufrió, que Valencia fue una de las ciudades fundamentales en su biografía y en su obra. Al eliminar ese referente visual, se ha diluido una parte del relato urbano, dejando el nombre de la plaza como una etiqueta descontextualizada.
Otras localizaciones
Recuperar el panel no implica necesariamente devolverlo a su ubicación exacta en la fachada de Santa Catalina, si razones técnicas o de conservación así lo desaconsejan. La plaza ofrece otras fachadas y otros espacios igualmente dignos, donde el retablo podría reinstalarse con las garantías adecuadas. Lo importante es que vuelva a estar presente, visible y accesible, integrado de nuevo en la vida cotidiana del barrio.
Además, la recolocación del retablo se alinea con una concepción contemporánea del urbanismo patrimonial que apuesta por ciudades legibles, donde la historia no se oculta en almacenes ni se limita a museos, sino que se muestra y se comparte en el espacio público. En una época en la que se reivindica la identidad local frente a la homogeneización turística, gestos como este adquieren un valor especial.
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Luis Fernández Gimeno
Ingeniero Técnico en Topografía y Máster en Teledetección por la Universidad Politécnica de Valencia....




