Callejeando: Mosén Josep Cuenca y la devastación de Pinedo
Las partidas del sureste de Valencia están a la cabeza de las zonas más devastadas y maltratadas por el crecimiento descontrolado de la ciudad

Callejeando con Luis Fernández (30/03/2026)
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València
Hace unas semanas, el Ayuntamiento de València anunciaba con satisfacción el derribo de una vieja casa de la calle Marino Villamil, en Pinedo, que por lo visto creaba un cuello de botella e impedía la normal circulación por la mencionada calle. A pesar de su estado y la conveniencia del derribo, hablar a la ligera de este tipo de actuaciones en barrios tan maltratados como los de Pinedo, Nazaret o La Punta resulta obsceno.
En una época en la que asistimos impasibles a la destrucción programada de la ciudad —las naves de Giorgeta, los edificios modernistas de Manuel Arnau o la deplorable remodelación del edificio de la Jefatura de Policía en la Gran Vía Ramón y Cajal, por poner los ejemplos más recientes— nada tiene parangón con la devastación, expropiación y deportación sufrida por los vecinos de las partidas del sureste de la ciudad, desde Nazaret a Pinedo, pasando por La Punta y la Fonteta, en los últimos 70 años.
Primero fue el Plan Sur, que arrasó con todo lo que pilló por delante: los sistemas hidráulicos históricos, el paisaje agrícola milenario, alquerías, barracas y hasta la propia iglesia de Pinedo. Posteriormente fue Mercavalencia, la Depuradora, la ampliación del puerto, la Z.A.L… una ruina total en apenas medio siglo.
Y, a pesar de todas las tropelías, todavía resisten en los pequeños núcleos de población vecinos que se niegan a perder además la memoria de lo que un día fue aquel vergel, desde los Tres Camins hasta la Creu de la Conca, invocando el espíritu del que un día fue el guía espiritual y social del barrio durante la posguerra: Mosén Josep Cuenca. Nacido en la localidad de Alborache en 1887, Josep Cuenca i Varea ingresó en 1900 en el Seminario Metropolitano, donde destacó por su bondad, inteligencia y aplicación al estudio. Pero a pesar de su brillante currículo, Cuenca tenía la vocación de recalar en las parroquias humildes para ejercer desde allí su acción evangelizadora basada en la generosidad, la caridad y la ayuda al prójimo.
Así, ya en los años 20 llega a Pinedo, tras pasar por Chera, Chella o Venta Gaeta, donde ejerció durante más de 25 años, dejando una impronta de humanidad y abnegación tal en el imaginario local que ni las tercas máquinas de demolición han podido abatir. Mosén Josep Cuenca murió en mayo de 1959 y los vecinos de Pinedo, en agradecimiento a su labor social y por ser ejemplo de las virtudes cristianas de bondad, humildad y amparo, le dedicaron en 1969, la nueva calle que precisamente se estaba empezando a urbanizar junto a la iglesia recién construida en sustitución de la que el Plan Sur se había llevado por delante. Una lápida de piedra labrada con la efigie del párroco preside el inicio de la calle como un centinela que nos recuerda la importancia simbólica de la toponimia y el ornato urbano en los barrios más castigados de la ciudad.
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Luis Fernández Gimeno
Ingeniero Técnico en Topografía y Máster en Teledetección por la Universidad Politécnica de Valencia....




