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Callejeando: La calle de Massanassa y la decepción del callejero

Decenas de poblaciones valencianas dan nombre a otras tantas calles de la capital, pero estas rotulaciones no tuvieron un carácter conmemorativo, sino más bien meramente funcional

Callejeando con Luis Fernández (14/04/2026)

Callejeando con Luis Fernández (14/04/2026)

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València

No es la primera vez que, como estudioso de la materia, contactan conmigo oriundos de otras poblaciones valencianas, curiosos y también expertos, para preguntarme por el origen de la denominación de la calle de la ciudad de Valencia que luce el nombre de su querida localidad natal, buscando casi siempre una explicación relacionada con su importancia y grandeza en la historia patria.

Pero, antes de profundizar en el caso concreto, siempre les adelanto una incómoda realidad: las calles de Valencia que llevan el nombre de otra población valenciana no responden, en su gran mayoría, a una intención conmemorativa como homenaje a dichas localidades, sino que su intención fue meramente funcional. No en vano, solo hay que analizar que espacios urbanos ostentan estos nombres.

La última consulta que atendí al respecto me la realizó el cronista oficial de Massanassa, que estaba haciendo un estudio sobre el nomenclátor de poblaciones vecinas que ostentan el nombre de su localidad. Y, precisamente, la calle de Massanassa en Valencia es un ejemplo paradigmático del uso de la toponimia autóctona para, literalmente, tapar huecos urbanísticos.

Utilizar nombres de poblaciones

La historia de la calle de Massanasa, como la de otras muchas calles dedicadas a poblaciones valencianas, se remonta a finales de la década de los 50 y principios de los 60 del siglo pasado. Al frente de la ciudad, que todavía se está recuperando de la gran riada del 57, está Adolfo Rincón de Arellano que, entre otras cosas, se propone acabar por la vía rápida con la falta de denominación de los callejones, callizos, callejuelas, pasadizos, atzucats y pequeñas travesías que se repartían por toda la ciudad. Y para hacerlo decide matar dos pájaros de un tiro: solucionar las carencias del nomenclátor callejero utilizando para ello la extensa relación de nombres de poblaciones de la Región Valenciana, “dando con ello satisfacción de que su nombre figure en el callejero de la Ciudad” tal y como recoge expresamente el expediente.

De esta manera, y siguiendo por orden alfabético el corpus toponímico de la región, se empezaron a repartir discrecionalmente por la ciudad los nombres de más de cien localidades valencianas. Así, por ejemplo, el nombre de Masanasa fue a parar a un callejón sin salida del barrio de Llamosí; el de Chella al callejón de la calle Sevilla o el de Chilches al callizo interior de Sanchis Bergón.

Denominaciones que han desaparecido

Las calles interiores de los grupos de viviendas protegidas también recibieron denominaciones de pueblos valencianos, como por ejemplo las famosas Casitas de Papel, en La Punta, ya desaparecidas, cuyas calles fueron rotuladas con los nombres de Beniparrell, Cortes de Pallás, Daimuz, Domeño, Guadasequies y Fuenterrobles. O las también desaparecidas calles de Catarroja y Albal, en la antigua Villa de Pontons. Más suerte tuvieron por ejemplo poblaciones como Llutxent – rotulado Luchente- que da nombre a la antigua y céntrica calle de la comunión de San Juan, junto a la popular iglesia de los Santos Juanes, solo para deshacer la supuesta confusión entre la calle y plaza que tenían el mismo nombre. O la calle de Alfahuir, pequeño municipio de La Safor que la casualidad ha querido que pasase de dar nombre a un pequeño callejón travesía de Primado Reig junto a la vía del trenet, a denominar todo un bulevar de ensanche residencial en la Valencia del siglo XXI.

La lista es interminable, desde la calle de Ador, en Castellar, hasta la calle de La Yesa en Benimámet, decenas de nombres de poblaciones valencianas se repartieron en aquellos años por el callejero de la capital con un interés meramente funcional, alejadas del propósito conmemorativo que, por otro lado, sí que tenían otras calles dedicadas también a localidades hermanas. Es el caso de las calles dedicadas a Alicante, Castellón, Segorbe, Alcoy, Denia o Burriana, en el ensanche de Ruzafa, que sí fueron rotuladas para honrar a los mencionados municipios, como también lo fue la calle de Xàtiva.

Para finalizar este breve compendio de nombres de calles de pueblos valencianos, cabría apuntar que existen otros casos cuyo propósito es otro totalmente distinto a los anteriormente comentados. Por ejemplo, en el centro de la ciudad existen casos como la calle de Náquera o la plaza de Nules, que no hacen referencia a dichas poblaciones, sino a los señores de Náquera o los marqueses de Nules que tenían sus casas solariegas en estas vías. O las calles de Sagunto, Alboraya, Burjasot o Moncada, que ostentan estos nombres por ser los antiguos caminos que desde la capital conducían hasta estas poblaciones vecinas.

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Luis Fernández Gimeno

Luis Fernández Gimeno

Ingeniero Técnico en Topografía y Máster en Teledetección por la Universidad Politécnica de Valencia....

 

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