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La València olvidada: José Bonaparte en València (Por Paco Pérez Puche)

Hoy nos encontramos en la calle de Santa Teresa, ante un arco muy grande, rematado por un rótulo de piedra que pone 'JARDÍN DE PARCENT'

La València olvidada (15-04-2026)

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València

Nos encontramos en la calle de Santa Teresa, en una zona situada entre el Mercado Central y la iglesia de las Escuelas Pías. Y estamos, precisamente ante un arco muy grande, rematado por un rótulo de piedra que pone JARDÍN DE PARCENT, una bonita zona verde a la que se entra por este arco que, en realidad, es una puerta.

La puerta principal que en su día tuvo el palacio del conde de Parcent. Un palacio que ya no existe pero que en su día albergó a un rey de España nacido en Francia y que pasó gran parte de su vida en Estados Unidos.

Me estoy refiriendo a José Bonaparte, el hermano mayor de Napoleón. Que ha pasado a la historia como José I, rey de España entre 1808 y 1813. Un señor que nació como su hermano en la isla de Córcega, Francia, y que cuando el imperio napoleónico cayó, se exilió para vivir, entre 1815 y 1844, en una mansión que se construyó en el estado de New Jersey, enfrente de Nueva York.

Fue más conocido como Pepe Botella para los españoles, que le quisieron muy poco, y el Rey Pepet para los valencianos, que tampoco se mataron de cariño por él… Aunque los historiadores, en los últimos tiempos, vienen diciendo que no fue tan mal rey como se dijo y que no fue un borrachín como sus enemigos le atribuyeron. Lo que ocurre es que fue un rey impuesto por Napoleón, cuando sus tropas ocuparon España y esas cosas siempre traen malas consecuencias: para empezar una guerra, terrible como todas.

¿Qué tiene que ver ese palacio que no existe con el rey Pepet? El rey José I pasó una parte de su agitada vida en Valencia y vivió y durmió en el palacio del conde de Parcent.

Donde está este jardín, que debajo tiene un aparcamiento de coches, hubo en su momento un gran palacio. Y el Ayuntamiento, que lo compró, decidió derribarlo en 1965, y más tarde construyó el aparcamiento. El arquitecto municipal Emilio Rieta es el que decidió salvar la puerta y situarla como elemento de adorno de un jardín de aire clásico que tiene estanques, estatuas y macizos que le dan un aire histórico y elegante.

Los franceses, cuando invadieron España, intentaron conquistar València en la primavera de 1808; pero no lo consiguieron. València resistió al mariscal Moncey en el curso de unos famosos combates. Fernando VII, el rey, abdicó en su padre, Carlos IV. Pero este cedió la corona a Napoleón y el emperador nombró rey de España a su hermano José Bonaparte. València, que derribó el palacio real en 1810 para impedir que los franceses organizaran en él un nuevo asedio a la ciudad, no pudo resistir, sin embargo, que en 1812 la ciudad fuera ocupada por el mariscal Suchet, nombrado duque de la Albufera como premio a su hazaña.

Suchet, que era un militar bastante razonable dentro de lo que cabe en una guerra de ocupación, logró que el reino de Valencia fuera una zona segura y tranquila. Sabía tener contento a la vez al emperador y a los notables valencianos, empezando por el señor arzobispo y por el hombre más rico de la ciudad que era el conde de Parcent, dueño de este palacio, gracias al negocio de la seda.

Sin embargo, el rey José Bonaparte, en Madrid, vivía un tiempo muy tenso y complicado. No es que le llamaban Pepe Botella, cosa que hacían hasta los niños de pecho; es que era muy impopular y no podía salir de palacio. En Madrid había hambre, inseguridad, una legión de mutilados por la guerra y un estado general de pobreza y tensión. Y el rey José no hacia sino pedir ayuda económica a su hermano, que tenía guerras abiertas por toda Europa y se estaba empeñando en la campaña de Rusia.

Así las cosas, el mariscal Suchet envió a Madrid a una comisión de 24 notables valencianos, aristócratas, grandes fortunas, autoridades religiosas y civiles para que rindieran pleitesía al nuevo rey. Y ellos fueron, convencidos de que, si le halagaban, podría ser posible que les rebajara los grandes impuestos que los ocupantes franceses exigían al reino de Valencia.

¿Y lograron su propósito? ¿Les rebajaron los impuestos?

Pues no está claro. Nadie rebaja impuestos, así como así… El rey José, para empezar, se demoró un mes en recibirlos. Y es que estaba tan ocupado, le iba tan mal con los madrileños, que Madrid se hacía insufrible. Al mando del general Wellington, los ingleses y portugueses, unidos a los españoles fieles a los borbones, lograron, en julio de 1812, una victoria fundamental en la batalla de Arapiles, al sur de Salamanca. Tanto es así, que José Bonaparte decidió salir de Madrid y venir a València, donde estaba el militar que más confianza le daba, el mariscal Suchet.

El rey José salió por piernas de Madrid, con la corte entera siguiéndolo. Todos los afrancesados, todos los partidarios de la invasión, entraron en pánico, porque las guerrillas crecieron tras la victoria de Arapiles. El 10 de agosto, una caravana de más de 200 carros y coches se puso en marcha, con un calor espantoso, para llegar a València por la ruta de Albacete y Almansa. Hubo paradas y recibimiento en Xàtiva y Alzira; pero los historiadores dicen que fue un viaje muy penoso. Fue una evacuación por miedo de Madrid; y se asegura que hasta 40.000 personas salieron de la capital y que unos veinte mil acompañaron al rey hasta València.

Una ciudad que, aunque ya había tenido que dar alojamiento a cientos de militares franceses, aunque las buenas casas fueron obligadas a albergar a jefes y oficiales de ocupación, ahora fueron de nuevo empujadas, con la amenaza de duros castigos, a dar habitación al séquito del rey y a todos los funcionarios de la corte. Aunque el rey, claro, dado que habíamos derribado el palacio Real, aceptó enseguida el ofrecimiento del solícito conde de Parcent, y de su enorme casa.

Fue un palacio enorme, que daba a cuatro calles y tenía dos patios. Cuando yo la vi, de niño, estaba medio ruinosa; pero cuando llegó el rey José era espléndida porque se había terminado de reconstruir y decorar, en 1798, con estilo neoclásico. Y como Suchet dio orden de que se cedieran muebles, lámparas, espejos y porcelanas para decorar aún mejor sus estancias… pues debió ser una maravilla.

El rey José, que entró en València por la calle de San Vicente, por la plaza de San Agustín, fue recibido en el palacio por un cortejo de fiesta, le bailaron “gegants i manos” como signo de cortesía y tras entrar bajo palio en palacio recibió las llaves de la ciudad en una bandeja de plata. Y un detalle: a un representante de vinos franceses de la calle del Mar le requisaron cien botellas de Borgoña… para la mesa del señor rey.

Desde siempre València siempre ha recibido muy bien a los forasteros. Y más si son reyes y quitan y ponen impuestos. Suchet estaba tan a gusto, era tan feliz con el título de duque de la Albufera, que fue de los últimos franceses en salir de España y habló muy bien de València en sus memorias, aunque le requisaron parte de los tesoros que quería llevarse…

¿Y qué fue del rey Pepet?

En València pasó solo 47 días. Llegó el 31 de agosto y partió el 16 de octubre. Al año siguiente cruzó la frontera francesa. Lo que ocurre es que este sí se llevó joyas y otras cosillas españolas de gran valor con las que se pudo construir la mansión de New Jersey…

Texto: Paco Pérez Puche

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Quique Lencina

Quique Lencina

Filólogo de formación y locutor de profesión, actualmente forma parte del equipo digital de Radio Valencia...

 

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