El deterioro de Cercanías se cronifica pese a las quejas de los usuarios: “Es un abuso, esto no lo habíamos vivido nunca”
La Plataforma per un Tren Públic atribuye los problemas a la falta de material y de personal y denuncia que la red de la Comunitat Valenciana se encuentra en peor estado que las de Madrid y Cataluña
Entrevista a Juan Ramon Ferrandis
València
"Lo que estamos viviendo ahora con el Cercanías no lo habíamos experimentado nunca, es un abuso", afirma una usuaria que recurre de manera semanal al servicio de la línea C2 que conecta a diferentes municipios de la provincia de Valencia con la capital. Son muchos los usuarios que comparten ese sentir y que padecen retrasos, cancelaciones o aglomeraciones, aunque la situación no prevé mejorarse de manera inmediata, según ha afirmado en Hoy por Hoy Valencia Juan Ramón Ferrandis, coordinador de la Plataforma per un Tren Públic, Social i Sostenible del País Valencià.
Para Ferrandis esta degradación del servicio responde a un conjunto de problemas acumulados durante años entre los que destacan la falta de material disponible y de personal suficiente, lo que impide reforzar las frecuencias o doblar composiciones provocando, entre otras cosas, aglomeraciones en los vagones.
Juan Ramón Ferrandis, coordinador de la Plataforma per un Tren Públic, Social i Sostenible del País Valencià, en los estudios de Radio Valencia Cadena SER. / Cadena SER
Líneas cerradas, obras y limitaciones de velocidad
Fernández detalla que varias líneas permanecen cerradas o con servicios muy afectados desde hace meses como el cierre de la línea Xàtiva-Alcoi, inicialmente previsto para 16 meses y que acumula ya ese plazo sin fecha clara de reapertura, así como la interrupción de la C3 entre Sagunt y Caudiel, que continuará cerrada al menos otro año por un desprendimiento.
A estas incidencias se añade el cierre tras la DANA de la línea hasta Utiel, todavía pendiente de reabrirse completamente, las obras simultáneas en la línea C1 hacia Gandía y las limitaciones de velocidad en distintos tramos que alargan de forma significativa los tiempos de viaje. En algunos puntos, apunta, los trenes circulan a 20 o 30 kilómetros por hora y existen restricciones que se han vuelto prácticamente permanentes.
Trenes más lentos, más antiguos y menos fiables
El responsable de la plataforma subraya que la duración de los trayectos se ha incrementado no solo por las obras, sino también por la escasez de vehículos y la antigüedad del material rodante. En líneas como la C3 circulan trenes con más de 45 años, mientras que en el resto del núcleo hay unidades con más de 35 años, lo que, a su juicio, ha hecho perder fiabilidad al servicio con averías que son frecuentes y retrasos se acumulan de una circulación a otra.
Además, Ferrandis detaca que existe una paradoja porque, pese a la degradación del servicio, el número de personas usuarias ha aumentado. Según señala, en el último año se ha registrado alrededor de un millón de viajeros más, sin que se haya incrementado el número de trenes ni las frecuencias. El resultado, sostiene, son trenes saturados y estaciones incapaces de absorber la demanda en horas punta.
En este contexto, considera muy difícil aplicar soluciones inmediatas. Recuerda que la contratación de personal ferroviario, especialmente de conducción, requiere entre año y medio y dos años de formación, y que la falta de previsión arrastra el problema desde al menos 2016.
Inversiones concentradas en la alta velocidad
En este sentido, vincula parte del problema a la política de inversiones de las últimas décadas. A su juicio, durante más de 30 años se ha priorizado la alta velocidad en detrimento del ferrocarril convencional, lo que ha generado un déficit estructural en Cercanías y Regionales.
Aunque se han adquirido nuevos trenes, Ferrandis denuncia que las nuevas unidades se destinan principalmente a Madrid y Barcelona, mientras que a Valencia podrían llegar, como mucho, trenes de segunda mano con varias décadas de antigüedad.
Riesgos de seguridad y falta de control del aforo
Sobre la seguridad, el portavoz detalla que existe un aforo máximo legal por tren, pero que en la práctica es muy difícil controlarlo por la falta de personal de intervención. Solo en situaciones extremadamente evidentes se detiene la circulación, como ocurre en eventos puntuales de gran afluencia. En las líneas de Cercanías de Valencia, donde se permite viajar de pie, el aforo puede resultar engañoso y, según indica, se supera con frecuencia en horas punta. Fernández advierte de que, si no se toman decisiones de fondo, la situación puede ir a peor en los próximos años.
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