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Viernes, 06 de Diciembre de 2019

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En busca de la libertad

Os presentamos un recorrido por el interior de la catedral de Cuenca en busca de la libertad a través del homenaje a Cervantes, de la obra de Ai Weiwei y del arte de los 'Informalistas'

Una de las escenas de la obra S.A.C.R.E.D de Ai Weiwei /

Nada más entrar en la catedral nos encontramos con la primera parte de la exposición 'La poética de la Libertad', el espacio dedicado a Cervantes en el 400º aniversario de su muerte. El artista Florencio Galindo, también comisario de la muestra, recrea diversas escenas del Quijote en unas lonas verticales como las que cubren las aspas de los molinos de viento manchegos. Este pintor abulense completa esta primera parte con "un laberinto de alambradas" ubicado frente al arco de Jamete de la catedral. Uno de los objetivos de esta exposición es, también, integrar en el primer templo gótico levantado en Castilla a lo largo del siglo XIII, el arte contemporáneo.

La segunda parte de la muestra se ubica en el patio del claustro, espacio que acoge la gran "celda-contendedor" de la obra 'S.A.C.R.E.D' de Ai Weiwei. Son seis cubos metálicos y herméticos a los que el espectador se asoma por un ventanuco minúsculo como cuando se mira uno hacia el interior de una celda. Weiwei aparece en el interior en seis escenas cotidianas de sus 81 días de cautiverio en un lugar secreto de China durante la primavera de 2011. Destaca el gran realismo de las reproducciones a escala y la sensación de presión, agobio y soledad del artista a pesar de que estuvo custodiado las 24 horas del día por dos soldados chinos. Incluso, en una de las escenas vemos como se plantan delante de él mientras está sentado en el váter haciendo sus necesidades. Esta obra ha pasado por la Bienal de Venecia y por la Royal Academy of Arts de Londres, y continuará su recorrido mundial por las ciudades de Los Ángeles y Sidney.

Sigue la exposición 'La poética de la Libertad' recorriendo las naves de la catedral de Cuenca en busca de la luz y, de repente convierte a la ciudad de Cuenca y a su paisaje en protagonistas saliendo al exterior por la puerta del patio de las Limosnas, un espacio muy poco conocido, ni siquiera entre los conquenses.

De nuevo en el interior, visitamos la sala Capitular, convertida ahora en pequeño museo con tres cuadros de Farreras, Canogar y Feito y una escultura de Chirino. De esta forma, se integra en la muestra el movimiento cultural de vanguardia que vivió Cuenca en los años 60 con la creación del Museo de Arte Abstracto Español que celebra este año su cincuentenario.

Y aún nos depara una sorpresa más el recorrido: una torre metálica junto a la entrada de la catedral que permite al visitante ver de cerca los ángeles de piedra esculpidos en el triforio, incluido ese que se ríe, que sostiene en sus manos un cáliz y que algunas leyendas lo relacionan con la ubicación en Cuenca del Santo Grial.

Una vez alcanzado este mirador interior, el visitante alcanza ya la libertad máxima al acercarse a la luz que inunda el templo de colores a través de las vidrieras.

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