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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Patricia, hija de víctima de violencia de género: "Nadie se preocupa por los niños que sufren maltrato"

Patricia Fernández escribió a los 16 años el libro Ya no tengo miedo, de la editorial Club Universitario, en el que denuncia el laberinto administrativo y judicial en el que estuvo inmerso tras la separación de sus padres

Patricia Fernández, en los jardines de la Universidad Carlos III /

Patricia Fernández acaba de cumplir la mayoría de edad, está estudiando periodismo y comunicación audiovisual. Y hace dos años hizo un ejercicio emocional, recordando una década de experiencias conviviendo con la violencia de género. En el libro Ya no tengo miedo, de la editorial Club Universitario, se queja del laberinto administrativo y judicial en el que ella y su hermano (dos años menos que ella) se vieron inmersos tras la separación de sus padres, después de que su progenitor agrediese en varias ocasiones a su madre y fuese condenado. "Nadie se está preocupando por los niños que están sufriendo maltrato en nuestro país", ha asegurado.

"Mi madre denunció y se inició un calvario de diez años. Quería destapar el mito de que las mujeres están protegidas tras denunciar", indica. En el relato cuenta cómo se ha sentido invisible ante los jueces, psicólogos y trabajadores sociales que decidían sobre su custodia. Describe las angustias, los ataques de ansiedad y llantos que le ocasionaba tener que ir a puntos de encuentro para ver a su padre, más tarde a su casa y relata cómo durante dos meses le prohibieron tener contacto con su madre porque la justicia aseguró que les manipulaba contra su exmarido: "Le pediría a un juez y a un perito que empatice con la persona. Si un niño le dice que no se quiere ir (con su padre) porque le pega, lo dice porque es verdad, porque tiene miedo. No lo dice porque su madre le esté manipulando".

En el libro, Patricia destaca dos fechas que han marcado su vida: el 20 de febrero del 2005, la última paliza que sufrió su madre. Y el 19 de octubre del 2014, cuando ella consiguió demostrar que su progenitor no se arrepentía de su actitud, porque conservaba una foto de la pareja en la que se leía en el reverso, escrito a mano: «(…) diez años parando tortas, hasta el 20/02/2005, en que se las devolví…, y consiguió lo que buscaba»."El libro lo escribí para mostrar a la sociedad lo que estaba pasando".

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