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Martes, 28 de Enero de 2020

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‘Al otro lado del Estrecho’

Marruecos es un país tan cercano geográficamente hablando y a la vez tan lejano en costumbres, en culturas, lo cual nos separa en muchos aspectos a pesar de distar tan solo catorce kilómetros entre costa y costa

Firma Carmen González, 'Al otro lado del Estrecho'

Marruecos es un país tan cercano geográficamente hablando y a la vez tan lejano en costumbres, en culturas, lo cual nos separa en muchos aspectos a pesar de distar tan solo catorce kilómetros entre costa y costa más cercana. Sin embargo, también nos atrae precisamente por todo aquello que nos diferencia.

Llevo más de veinte años cruzando el Estrecho de Gibraltar para acudir a los encuentros de periodistas del Estrecho, que se vienen alternando en ambas orillas. En todos estos años he sido testigo de la positiva evolución socioeconómica del norte del país vecino, especialmente la zona del Oeste, históricamente abandonada por el anterior rey Hassan II.

Pocos kilómetros más allá de la frontera de El Tarajal, ya en territorio marroquí, la modernidad se ha ido asomando a lo largo de la carretera que acerca al viajero a Tetuán y a la zona de desarrollo turístico. Aquí queda patente la apuesta del actual monarca por convertir esos terrenos antes baldíos, esta zona siempre olvidada, en una atrayente puerta de entrada al país.

Sin embargo, toda esa gran inversión económica que se traduce en buenas infraestructuras viarias, ferroviarias, portuarias y hoteleras choca frontalmente con la imagen tercermundista que se lleva el viajero cuando cruza la siempre frontera “gris” de El Tarajal. Un punto geográfico que separa el occidente que representa la ciudad de Ceuta del tercermundismo y pobreza que planea sobre las cientos de personas casi siempre mujeres y muchas de ellas de cierta edad que, cargadas como 'mulas', se ven obligadas a realizar interminables colas no siempre bien recibidas por los efectivos de seguridad.

La 'esclavitud' de esas porteadoras choca frente a la modernidad que se quiere mostrar en una zona abierta totalmente al turismo, donde se han construido numerosas urbanizaciones, e incluso hoteles de lujo, a los que no pueden acceder la mayoría de los ciudadanos de ese país. Un desarrollo que, en algunos aspectos, recuerda el ´boom´ turístico de la España de los años cincuenta y sesenta.

El norte de Marruecos está plantando cara turística y económicamente, estando en pleno proceso de desarrollo de su frente portuario. Por un lado el vecino país sigue avanzando, creciendo con sus proyectos de ampliación de su megapuerto Tanger Med que, según previsiones de su Autoridad Portuaria, contará a primeros de 2019 con su segunda gran terminal, que permitirá triplicar prácticamente su capacidad actual de movimiento de contenedores. El tope actual es de tres millones, cifra imposible de ampliar con las actuales instalaciones.

Pero, por otro lado y a una treintena de kilómetros del puerto comercial, las autoridades marroquíes están apostando y ejecutando el gran proyecto de desarrollo del puerto urbano, el denominado 'Tánger-Ville'. Quienes habitamos en el Campo de Gibraltar, especialmente en Algeciras, no podemos evitar sorprendernos al ver el desarrollo de las obras que se ejecutan en todo el frente portuario urbano de la que fue la gran ciudad internacional, Tánger.

Queda todavía trabajo por ejecutar, pero hace un par de semanas me llevé una grata impresión de lo que se está realizando y de lo que va a suponer para esta ciudad que quiere volver a ser tan cosmopolita o más de lo que fue años atrás. Nuevas instalaciones para cruceros, barcos de recreo y pesqueros, nueva terminal de pasajeros, hoteles, centro de congresos, aparcamientos, teleféricos y reordenación de todo el entorno, especialmente acercamiento de la zona marítimo-portuaria a la ciudad y a su medina, a través de sus murallas, preservando su gran patrimonio.

Integración del puerto o del frente portuario con la ciudad... Algo que tanto echamos de menos en la zona y en lo que no avanzaremos, salvo algunos pasitos que se dan de vez en cuando y que tan bien recibidos están por los ciudadanos, hasta que no demos solución a la presencia de miles de vehículos todos los años durante la Operación Paso del Estrecho o hasta que no se le de una solución definitiva a la dársena de recreo de El Saladillo. Reconozco que a este lado del Estrecho los requisitos medioambientales son mucho más estrictos, pero no nos durmamos en los laureles.

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