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El verano, un buen momento para acabar con el sedentarismo infantil

Según la Organización Mundial de la Salud, dos de cada tres niños no realizan ninguna actividad física diariamente

Ser Saludable (28/06/2018): El verano, un buen momento para acabar con el sedentarismo infantil

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Valencia

“Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tienen atados a la pata del televisor para que desde muy temprano acepten como destino la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños". Eduardo Galeano, 2005. La escuela del mundo al revés.

El verano puede significar en muchos casos más azúcar y más sofá para los niños. Las pantallas y la sustitución del juego activo por smartphones han hecho que los más pequeños pasen delante de dispositivos electrónicos un tiempo excesivo que, en muchos casos, se traduce en sedentarismo y como consecuencia del mismo, la aparición temprana de sobrepeso o patologías como la diabetes.

Según la Organización Mundial de la Salud, el sobrepeso infantil crece día tras día. Más de 41 millones de niños está por encima de su peso saludable. Dos de cada tres niños no realizan ninguna actividad física diariamente. Los niños de 5 a 17 años deberían hacer como mínimo 60 minutos diarios de actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa. Y eso no ocurre. La actividad física es un concepto muy amplio. No solamente es un acto vinculado a un gasto energético; es mucho más. Se trata de una experiencia que no vives si no te mueves. Organismos como la Asociación Española de Pediatría equiparan el sedentarismo a la hipertensión, la hipercolesterolemia y el tabaquismo como principales factores de riesgo para la salud.

Un entorno poco favorable

En los últimos 50 años, la actividad física ocupacional se ha reducido en aproximadamente 120 kcal/día. Hay estudios que indican que menos de 60 minutos de tiempo de televisión en adultos se han relacionado con un IMC promedio más bajo. (Marcela González-Gross, Agustín Meléndez, 2013)

Revisiones como Obesity and sedentarism in children and adolescents: what should be bone? dejan entrever que las nuevas tecnologías y las actividades basadas en la electrónica han producido una disminución en los niveles de actividad física y un aumento del sedentarismo en niños y adolescentes. Los posibles mecanismos que explican la asociación entre ver la tele y la obesidad infantil son: el desplazamiento del ejercicio, las preferencias alimenticias no saludables producidas por los anuncios de alimentos, una mayor ingesta de energía por comer de forma automática y el consumo excesivo causado por la distracción (Alba M Santaliestra-Pasías, Juan Pablo Rey-López, Luis A Moreno, 2017).

Un grupo diana: las niñas

Las niñas son un grupo diana para las actividades de promoción de la actividad física. Muchas cuando llegan a secundaria dejan de realizar deporte, por ello tanto padres como educadores e instituciones deberían prestarles más atención y promover más programas de acondicionamiento físico que les permita “no abandonar” la práctica deportiva. “El ejercicio aeróbico aumenta los niveles de energía, la capacidad neuronal. Mejora la salud cardiovascular, la sensibilidad a la insulina”, admite Jorge García, experto en Alto Rendimiento y profesor de la UNIR.

Opciones aeróbicas para padres y niños activos

“Cualquier juego o deporte donde haya desplazamientos como carrera, variantes del pilla pilla, polis y cacos... Saltar a la comba o elásticos, que en mi época es algo que hacían mucho las niñas. Ir en bicicleta... incluso ahora que vamos a la playa, remar o alquilar un patín, nadar... Y evidentemente deportes donde haya gasto energético importante como el fútbol o el baloncesto. En niños, lo mejor es dar variabilidad e ir jugando a cosas nuevas o con variantes durante las diferentes semanas del verano”, admite García.

Por otra parte, “el entrenamiento de la fuerza, es decir, el proporcionar estímulos que permitan generar adaptaciones en el sistema neuromuscular, resulta fundamental para la salud a cualquier edad”, admite Juan Ramón Heredia, experto en entrenamiento de fuerza y director del IICEFS.

Romper mitos en torno al entrenamiento de fuerza

“En torno a este entrenamiento de la fuerza y en concreto al aplicado en niños, podemos encontrar múltiples mitos y creencias que, en base a la evidencia científica actual, deberíamos desterrar. De esta forma, el entrenamiento de la fuerza en estas edades no es más lesivo, ni mucho menos “frena” el crecimiento. De igual manera, tampoco existe ningún argumento científico para pensar que los niños no pueden beneficiarse del entrenamiento de fuerza por no poseer un nivel de maduración biológica que se asocia al sistema endocrino. Muy al contrario, para los jóvenes estos estímulos son muy adecuados y necesarios”, admite Heredia.

La revisión Pediatric resistance training: benefits, concerns, and program design consideration admite que varios estudios proporcionan hallazgos consistentes que respaldan los beneficios del entrenamiento de fuerza en niños. “Se han documentado ampliamente una mejora de las habilidades motrices y la composición corporal en términos de aumento de la masa libre de grasa, reducción de la masa grasa y salud ósea mejorada, especialmente si la práctica deportiva comenzó temprano, cuando los niños eran preadolecentes. Por lo tanto, se puede concluir que el entrenamiento de fuerza es una práctica relativamente segura y saludable para niños y adolescentes”.

Además, organismos como la Asociación Americana de Pediatría han señalado que el entrenamiento de fuerza se está incorporando a los programas de control de peso a los niños con sobrepeso como actividad para aumentar el metabolismo sin gran impacto. “Del mismo modo que en la población geriátrica, el entrenamiento de fuerza en la juventud puede estimular la mineralización ósea y ejercer un efecto positivo sobre la densidad ósea”.

No hay mejor entrenamiento que el juego

El “juego” es el elemento que permite desarrollar todo el potencial a nivel psico-físico en el joven. Es su elemento natural, aquel por el que va a conseguir alcanzar todos los objetivos vinculados con su desarrollo biológico y su salud.

El problema es que ese “juego” hoy se ha reducido por diversas circunstancias, entre las que destacan la enorme mecanización de las tareas cotidianas, el uso y abuso de los medios tecnológicos a todos los niveles, lo que hace que el niño encuentre más sentido en la sociedad actual centrar toda su actividad en relación a esos medios que jugar a la goma, saltar a la comba, a la rayuela, etc. Juegos que eran habituales en los patios y las calles no hace más de 15 o 20 años. Esos juegos dejan de tener “sentido” y ya no motivan a los jóvenes de hoy frente a los videojuegos, las redes sociales, el uso de móvil, etc”, comenta Heredia.

“Un simple ejemplo de ello es observar como, entre las acciones motrices comunes, los niños de corta edad se acercan a un dispositivo de imagen y pulsan la pantalla, abren y cierran algunos dedos o mueven la mano encima para intentar desplazar la imagen. Estas acciones no existían en el repertorio motriz de quienes ahora tenemos poco más de 40 años. No debemos ver algo negativo en este hecho, más que el que su incorporación sustituya y elimine, que reste y no sume. Además, existe la responsabilidad de los padres y tutores, que ante la “comodidad” de dar acceso casi sin restricciones a estos dispositivos apenas se involucran en estimular un cierto compromiso con el ejercicio físico o la práctica deportiva, algo realmente alarmante en nuestra sociedad”, añade el director del IICEFS.

Estos niños, que apenas saltan, trepan, corren “están situándose en un contexto donde probablemente encontremos enfermedades crónicas no transmisibles en edades más tempranas. De hecho, hoy ya podemos encontrar como la Diabetes tipo II tiene una importante prevalencia en jóvenes”, subraya Juan Ramón Heredia.

Frente a esta realidad, donde ha disminuido el nivel de actividad física cotidiana en esta y otras poblaciones, los programas de ejercicio físico, adecuadamente supervisados, cobra más relevancia. “El ejercicio físico en estas edades debería utilizar fundamentalmente el juego como medio, el que permitirá alcanzar una magnitud de carga que sea suficiente y adecuada para garantizar importantes adaptaciones”, comenta Heredia.

Los niños son niños, no atletas… Permitámosles que jueguen, que se diviertan. Solo así seguirán haciendo ejercicio más allá del verano. Los padres son un ejemplo para nuestros niños. Por tanto, menos tumbona, menos sofá… Más moverse y más jugar. La ciencia ha demostrado que el ejercicio es salud. Quien lo probó lo sabe.

*Sara Tabares es entrenador personal en Valencia y Directora de PERFORMA Entrenadores Personales

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