La isla de Tabarca recupera su historia en el libro ‘Crónicas de Nueva Tabarca’

La edición se encuadra en la colección 'Alacant, ciutat de la memòria', dirigida por Pablo Rosser y Josep Forcadell

Tabarca es la isla poblada más pequeña del mar Mediterráneo y la única habitada de la Comunitat Valenciana. Con asentamientos humanos esporádicos documentados desde la época romana, las peculiaridades de su Historia, arquitectura, gastronomía y demografía han inspirado algunos ensayos, pero pocos tan completos como el escrito por Armando Parodi, que acaba de publicar la Universidad de Alicante, en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad. La publicación está encuadrada en una colección de seis libros editados con la finalidad de restaurar la memoria de nuestra tierra, denominada Alacant, ciutat de la memòria.

Crónicas de Nueva Tabarca, así se denomina el libro, nos acerca de manera exhaustiva, a través de numerosa documentación, a esa pequeña joya situada frente al cabo de Santa Pola. Pese a su pequeño tamaño, alberga un valioso patrimonio arquitectónico civil y defensivo, natural -es reserva marina desde 1986- y una historia de migraciones apasionante. Según cuenta Pablo Rosser, coordinador del ensayo y codirector de la colección, el archipiélago era una reserva de coral rojo explotada con fines comerciales. Eso fue lo que motivó el establecimiento de asentamientos fijos. En la isla de Tabarka, frente a las costas de Túnez, los tunecinos hicieron prisionera a toda una colonia de ciudadanos genoveses establecidos allí, que liberó la corona española. Los genoveses se trasladaron a la entonces deshabitada isla alicantina, que denominaron Nueva Tabarca. En esa ciudad planificada, cumplieron la función de controlar la base de contrabando en la que se había convertido el estratégico archipiélago.

Aún hoy, muchos de los apellidos son de origen italiano, como el del autor del ensayo, Parodi. Tabarca es territorio de contrastes en su pasado, cuyos vestigios aún hoy persisten. Está vinculada histórica y geográficamente a Santa Pola, pero ahora es una pedanía de Alicante. "Marginada históricamente por la administración", la isla ha sufrido una serie de apogeos y crisis de su demografía, vinculados a la disponibilidad de recursos y la economía. Cuando se construyó una almadraba en el istmo, la superpoblación obligó a los habitantes a vivir en pequeñas cuevas. El posterior despoblamiento, cuando se desmanteló la almadraba para la pesca del atún, llevó a los isleños a una situación de pobreza extrema, a la que se refiere un capítulo de esta Crónica como "Las Hurdes alicantinas". Los vaivenes demográficos llegan al siglo XX. En los años 20 la población llegó a superar los 1000 habitantes, aunque en nuestros días los alicantinos censados en Tabarca no llegan a 60.

Ayuntamiento de Alicante

Como es sabido, la isla vive hoy del turismo, una actividad que llegó a amenazar seriamente la riqueza natural de sus aguas. La prohibición estricta de urbanizar el lado salvaje -el más alejado de tierra firme- y su declaración como reserva natural ayudaron a contener su degradación. El racionamiento de la pesca provocó conflictos con los pescadores en su día, explica Rosser, pero gracias a la reconversión de las actividades económicas y el aumento de conciencia medioambiental han logrado un delicado equilibrio, no sin esfuerzo, según comenta el coordinador del libro.

Crónicas de Nueva Tabarca menciona también sus peculiaridades culturales. Toponimia, gastronomía o la historia de la llegada de los avances tecnológicos a este territorio aislado.

Para divulgar el contenido de este interesante ensayo ha hablado el director de la colección Alacant, ciutat de la memòria, Pablo Rosser, en Hoy por Hoy. De estos y otros aspectos habla en esta conversación con Carlos Arcaya y Alejandro Bonmatí:

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