Domingo, 05 de Julio de 2020

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Epidemia

Una grave epidemia dejó cerca de 200 muertos en Fuentes en 1805

Fue causada por unas aguas pantanosas del entorno de esta localidad cercana a la capital

Ilustración sobre la peste.

Ilustración sobre la peste. / Wellcome Library

En el espacio ‘Así dicen los documentos’ que emitimos cada jueves en Hoy por Hoy Cuenca, y que coordina Almudena Serrano, directora del Archivo Histórico Provincial, recuperamos lo ocurrido en el municipio de Fuentes en 1805 con unas enfermedades que se padecieron en este lugar y que causaron la muerte de cerca de 200 personas.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

A principios del siglo XIX, en concreto, al 27 de febrero del año 1805, el cura propio de Fuentes, que se llamaba Santiago Pastor, certificó a petición y encargo de los señores de justicia de aquella villa los resultados en muertos de la enfermedad que atacó al pueblo:

‘Que en el discurso de los dos años pasados de mil ochocientos tres y mil ochocientos y quatro, con las enfermedades que han afligido esta villa, han fallecido en ella ciento ochenta y ocho personas de ambos sexos, como consta de los Libros donde se fixan las Partidas de los que fallecen en esta villa y se custodian en el Archivo de esta Iglesia Parroquial’.

Tenemos el resultado de aquella catástrofe: 188 muertos, que no es una cifra menor para haber sucedido en tan corto espacio de tiempo.

Pero antes de continuar, vamos a contar qué son los libros parroquiales porque contienen información valiosísima, tanto de bautismos, matrimonios, confirmaciones, como de fallecidos. Es documentación muy usada en investigación histórica y en Cuenca, la mayoría de los que han llegado a nuestros días, se conservan en el Archivo Diocesano de nuestra ciudad. Son muy útiles para buscar información genealógica.

En el entorno de Fuentes se encuentra el complejo lagunar del río Moscas. / Fernando Carreras (ecoexperience.es)

Epidemia en Fuentes

Tenemos más datos de los fallecidos en aquel año, según nos cuenta este expediente:

‘Y en el presente año hasta el día de la fecha han muerto ya otras diez y seis personas, y, en los dos últimos años pasados, todas las personas existentes en esta villa, a excepción de doce, han padecido dicha epidemia y enfermedades, de las que se hallan en el día la mayor parte de estos tristes vecinos afligidos y convalecientes, imposibilitados de trabajar y sacar el alimento que necesitan de su trabajo corporal’.

Es decir, que fue tan grave que los que no morían, enfermaban hasta tal punto que no podían trabajar, con el menoscabo que para la economía de un lugar y la propia subsistencia supone esto.

Además, consta también el certificado que hizo Domingo de las Muelas, “fiel de fechos de Fuentes”, en que expresó lo siguiente:

‘Que en el año pasado de mil ochocientos y quatro fallecieron quince personas de ambos sexos, naturales y vecinos de esta dicha villa, en varios pueblos de la comarca y Reynos de Valencia y Andalucía, que motibados de la escasez que se experimentaba salieron a buscar su alimento y subsistencia fuera de la población de su domicilio y naturaleza’.

Laguna en el entorno de Fuentes (Cuenca). / Fernando Carreras (ecoexperience.es)

Vemos que, además de los muertos y enfermos, había que añadir los que se marchaban por no poder subsistir. Todo ello generaba un enorme perjuicio para la agricultura, porque no había quien pudiera cultivar las tierras. Y así lo expresó el concejo de Fuentes, el 27 de febrero del año 1850, en que escribieron al rey lo siguiente:

‘Habiéndose observado por un summo dolor y sentimiento los daños, mortandad y falta de gente que se ha experimentado en estos dos últimos años, reduciendo la población que ascendía a más de ciento y sesenta vecinos al número de su mitad, con la muerte de más de doscientas personas, como resulta de la certificación librada por el cura párroco que se acompaña, de que dimana la falta de sujetos que se empleen en la agricultura, labranza y sementera de las tierras’.

La agricultura desarrollada en el término de Fuentes había sido bastante productiva hasta esos terribles momentos de enfermedad, a tenor de lo que el concejo de Fuentes sigue escribiendo al rey:

‘Que estando en los años anteriores produciendo granos y sembradas todas, y de las gentes con summo anelo, y deseo de estender sus labores a más terrenos de los que comprende su territorio, recogiendo una multitud de granos, como puede verse en las tazmías, en el día se hallan las dos terceras partes iermas y sin esperanza de reducirlas a cultura’.

La inmediata consecuencia de estas tierras yermas que la enfermedad había producido era que no se podían pagar rentas ni tributos, como así siguieron contando al rey desde el ayuntamiento:

‘Y asimismo no se encuentran sujetos que adeuden los tributos y contribuciones con que anualmente se responde a la Real Hacienda por alcabalas, millones, utensilio, sal y aguardiente, cuias cantidades que escesibamente están cargadas a las especies que le están sujetas, se hallan mui pocos vecinos que puedan satisfacerlas, a causa de estar arregladas al número antiguo de vecinos que debían consumirlas y sujetaron a su contribución’.

Y continúan indicando la miseria en la que se encuentran los vecinos que no se han marchado:

‘Los que han quedado indefectiblemente se reducirán al estado miserable de pobreza’.

Y es, en este momento, en que conocemos el motivo de toda aquella desolación, que no fue otro que las aguas estancadas, que estaban corrompidas, es decir, contaminadas, según resolvieron los médicos:

‘Todo lo qual, habiéndose deliberado con el debido examen, cuidado y reflexión en su ayuntamiento, combinieron que las causas más poderosas que han influido en el contagio, mortandad y desolación del pueblo y reducido a sus vecinos a la decadencia de caudales y haciendas, y constituido en el estado lamentable de inopia en que se hallan, según el dictamen de médicos y facultativos que han sido llamados en estos dos últimos años para la curación de los enfermos, tiene su razón, principio y origen en los prados y aguas estancadas en las acequias inmediatas al pueblo, que corrompidas con el calor infestan el aire en tiempos de verano y causan la putrefacción de los humores’.

Lo inmediato era proceder a la limpieza y purificación de aquellas aguas, una vez que tuvieron claro, según los facultativos, que esas aguas estancadas putrefactas eran el motivo de aquella miseria a la que habían llegado en Fuentes, y así se lo propusieron en aquella carta que enviaron al rey:

‘Y considerando los enormes gastos y marabedises que son necesarios para emprender el desague de unos pantanos y aguas tan corrompidas, y reducir las acequias antiguas a su primitivo estado, con lo que se conseguirá la purificación del aire en tiempo de calores, y que las tierras que las ocupan reducidas a cultura produzcan con abundancia los pingues frutos de que son capazes, atendida su buena calidad y el clima que influye en ellas, y conforme los producían antes, quando el pueblo se hallaba en su maior prosperidad’.

Y, por supuesto, le hicieron saber, además, el enorme coste que aquella operación supondría, para la que, evidentemente, los vecinos no tenían capacidad económica para asumirla, y el ayuntamiento, mucho menos.

‘Los vecinos, al presente, se hallan imposibilitados para unos gastos tan escesibos, por la notoria decadencia causada por la esterilidad de los años anteriores y la epidemia de los dos últimos, para poner en movimiento una obra tan interesante a la utilidad del vecindario y beneficio de la salud, y sin la que se va a verificar irremisiblemente su despoblación por las causas que influyen en ella, como va relacionado’.

Vemos cómo las aguas han sido siempre determinantes en la contribución a que un lugar se despoblase o no. En el caso de Fuentes, la importancia del río, que pasaba por medio del pueblo, quedándose las aguas empantanadas. Veamos lo que le siguen contando al rey desde el ayuntamiento, acerca de las obras necesarias y muy caras, como vamos a comprobar:

‘Siendo la más poderosa de todas el río que pasa por medio de la población, cuyas aguas quedan empantanadas en las cavernas que contiene, siendo forzoso el recorrerle a fin de remover su estancamiento, para precaver unos daños tan enormes y de tanta consideración para los progresos de la Agricultura, aumento de la población y conservación de la salud pública’.

La solución económica que proponen, puesto que dinero no tenían, es que el rey les dé licencia para cortar pinos, muchos de los cuales estaban en Fuentes y habían sido conservados por los vecinos, y con el producto de su venta, acometer los gastos. Y así lo expresaron:

‘Todos los vocales de común sentir y parecer acordaron hacer presente a Vuestra Majestad que el remedio para evitar tanto mal se reducía a solicitar una licencia de 18 mil pinos de los muchos que se comprenden en el término de su jurisdicción, los quales se han criado y conserbado a sus espensas, y se hallan sazonados y en disposición de cortarse y muchos de ellos por su demasiada vejez a peligro de perderse con cuya venta y producto podrán desaguarse los pantanos de tamariz, ojo del herrero, Laguna de Nabarro, Prado de las Nogueras, el de Cañada Juncosa, que abrazarán docientos y cinquenta almudes de labor’.

Es un dato muy interesante que en este documento se nos facilita el nombre de las lagunas y pantanos que entonces había. Pero, además de lo anterior, era preciso hacer otras obras. Veamos cuáles:

‘Y, asimismo, ejecutar la azequia madre, que viene desde los Nabazos, estancando sus aguas por los predios inmediatos por una legua de travesía hasta pasar esta población, con lo que se conseguirá su reducción de labranza, produciendo un quantioso número de fanegas de trigo, cuyo rédito de unas tierras enteramente abandonadas por sus dueños de tiempo inmemorial, quales son los dichos prados y pantanos, podrán aplicarse al pago de reales contribuciones, y, asimismo, precaber la penitencia que por el estancamiento de sus aguas se ha orijinado en estos últimos año’.

Es decir, que se debía hacer una acequia, y con ésta se aprovecharía mejor la tierra de labranza, en unas tierras que estaban abandonadas desde hacía muchísimo tiempo, y con esa acequia se evitaría el estancamiento de las aguas, y las terribles consecuencias originadas por ese atasco que se producía.

De modo que, el ayuntamiento concluye su petición al rey del siguiente modo:

‘En cuya atención, a Vuestra Majestad rendidamente suplican que, por un efecto de su Real Piedad y amor de sus vasallos, se digne acceder a la solicitud de dichos ocho a diez mil pinos tan útil y necesaria para la subsistencia de un vecindario que carece de medios y arbitrios, no encuentra otro para obiar tanto mal, como también el que dichos pantanos desaguados se apliquen sus productos al pago de contribuciones. Así lo esperan del Real beneficio y compasivo corazón de Vuestra Majestad por cuya importante vida ruegan al Todopoderoso’.

Finalmente, lo que se resolvió y ordenó fue que, de inmediato, un Capitán de Fragata de la Armada establecido en Cuenca, junto con el Subdelegado de Montes, se constituyeran para marcar y señalar los pinos indicados, con reserva de que algunos pudieran ser útiles a la Armada, y que con el resultado se comparezca en la Subdelegación de Montes para proveer lo que se comunicaba a Su Majestad.

De modo que, una vez más, los pinos de los montes fueron útiles a las necesidades de los vecinos. Unos montes que tantos y buenos productos ofrecieron a los pueblos en sus necesidades, una vez más… En el expediente no sabemos lo que se resolvió porque ahí termina.

Aunque por la evolución que hoy día vemos, el lugar se mantiene, pero sí que sería interesante indagar qué fue de aquellos espacios de agua y si ha habido problemas con ella en algún momento posterior.

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