Últimas noticias Hemeroteca

Lunes, 23 de Septiembre de 2019

Otras localidades

Los dilemas morales de la tecnología

¿Qué decisión debería adoptar nuestro coche autónomo ante un amplio conjunto de situaciones en las que hay vidas en juego?

¿Tendrán predilectos las máquinas?

Que una máquina te quiera o no, quizá no parezca tan importante ahora. Incluso si esta máquina es un robotito con cara de bebé o con forma de gatito o de perrito que nos entretiene o nos hace las veces de mascota. Pero si nos detenemos a pensar en las posibles consecuencias que podría tener sus decisiones, es posible que ya no nos dé tan igual lo que piensen de nosotros...

Bueno, bueno, todavía no es para tanto. Por el momento solo ideas que generan debates morales y éticos que deben ayudar a los ingenieros y a los científicos a crear invenciones capaces de tomar decisiones sobre temas sensibles para nuestra actividad cotidiana.

Sócrates, Aristóteles y Pitágoras ya abordaban ampliamente esta problemática en su tiempo. De hecho, de sus reflexiones deriva lo del juramento hipocrático en la medicina. Sin embargo, durante dos mil años, la verdadera guía ética y moral de la ciencia vino de la mano de las imposiciones que las religiones y los gobiernos dictaban a tenor de la ignorancia, el miedo, el fanatismo o los intereses del momento.

No será hasta el renacimiento cuando cambie esta situación para comenzar a ver la ciencia y la tecnología como un bien en sí mismas, contribuyendo al bienestar de la humanidad. Pero esta aceptación comienza a cuestionarse ampliamente en el siglo XVIII, y más todavía tras la Revolución Industrial del siglo XIX, donde se vio que, en muchas ocasiones, la incorporación indiscriminada de avances tecnológicos por sí mismos no solo no eran generadores de beneficio para la sociedad, sino que podían provocar efectos colaterales muy negativos.

Siguiendo esta línea, Foot se planteó a finales de la década de los 70 del siglo pasado el famoso dilema del tranvía. Dilema que ha sido ampliamente estudiado posteriormente por diversos filósofos.

Pues bien, este dilema toma ahora más relevancia que nunca debido a la inminente llegada de los vehículos autónomos. Desde el mismísimo MIT se han planteado esta cuestión con el objetivo de influir en la legislación actual de forma que tomen cartas en el asunto y se comience a legislar en este sentido. Al menos que se creen códigos éticos lo más universales posible.

La idea fundamental de estos estudios es determinar las decisiones que debería adoptar nuestro coche autónomo ante un amplio conjunto de situaciones en las que hay vidas en juego: nos salvaría a nosotros incondicionalmente, lo haría solo en función de quién considere que vale más, de si intervienen niños, niñas, ancianos, personas obesas, deportistas, embarazadas..., se inhibiría de tomar decisiones, dejaría la decisión en mano del conductor, de los pasajeros... Seguro que ahora sí querremos gustarles a nuestros juguetes electrónicos y que, llegado el momento, nos prefieran a nosotros incondicionalmente.

En cualquier caso, la tecnología ya está a la vuelta de la esquina y estas cuestiones todavía están sin resolver. Como puede verse, nada de eso de que la profesión de filósofo o de jurista desaparecerá por culpa de las tecnologías. Definitivamente nunca habían estado tan presentes como ahora.

SER 3.0 #34

Ya sabéis, no os perdáis el programa de esta semana, si es que tenéis interés por saber cómo acaba todo esto:

Francisco Maciá es doctor ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

Noticias relacionadas

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?